Arquitectura   y   Humanidades

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Acerca de la Estructura Aparente

por: M. y Arq. Ulises Márquez Cruz    correo electrónico
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Acerca de la Estructura Aparente 1

La arquitectura, fenómeno prodigioso que ha acompañado al hombre desde el origen de la civilización, ha tomado siempre los mas variados caminos. La edificación del espacio habitable se presenta en un abanico de opciones resultado de la influencia de factores como el clima o la topografía, ajenos al control humano, o los mitos y tradiciones de cada cultura, exclusivos de la consciencia de ser sociedad. Así pues, la responsabilidad en la elección de una propuesta formal al momento de diseñar, incluso el más pequeño utensilio de uso común, se ve forzosamente revestida de una carga moral.

El profesional del diseño no debe aceptar o proponer una tendencia en su proyecto sin antes haber analizado y meditado el contenido total del mensaje que reflejará su obra, ya que el compromiso no se limita únicamente a dar solución a una necesidad de proporcionar el espacio adecuado para las actividades humanas, si no que va más allá, al terreno del significado. ¿Qué es lo que el arquitecto desea que su obra diga respecto a su cultura, su contexto, su momento histórico e incluso de sí mismo? Entonces, existiendo opciones tan diversas, como diversos son los modos de imaginar el espacio, ¿qué mueve a los arquitectos a elegir la estructura aparente como lenguaje formal en su obra? La respuesta no es sencilla, el hecho de preferir cierta tendencia, incluso de manera inconsciente, responde a una serie de circunstancias, preceptos culturales y afinidades personales que resultaría difícil enumerar.

Posiblemente la aparición de edificios que claramente acusan la preferencia por técnicas ferrovítreas como medio para expresar la interpretación del objeto arquitectónico no sea un fenómeno tan vanguardista como podría aparecer. Lo que mueve a los autores de estas obras es quizás una búsqueda iniciada mucho tiempo atrás y que, a lo largo de la historia, ha encontrado distintas maneras de edificar el espacio con ideales hermanados en sus principios más elementales. Si formalmente una catedral gótica nos parece totalmente desligada de los edificios de grandes paños acristalados de la arquitectura actual, es posible que sólo estemos viendo la superficie. Las similitudes se presentan en los niveles más profundos del trasfondo. Así pues, posiblemente lo que el arquitecto contemporáneo busca en los ligeros edificios de acero y cristal, no este tan alejado de las respuestas que encontraron en sus catedrales los constructores góticos. Si volvemos la vista al pasado, tratando de entender los fenómenos culturales que han forjado a la historia y a la arquitectura como indiscutible reflejo del modo de pensar un momento determinado de la historia, al regresar la mirada al horizonte del porvenir, tendremos una consciencia más clara del momento actual, su coherencia y la interpretación del presente y el futuro del quehacer arquitectónico.

La búsqueda de respuestas, nos lleva a considerar a la arquitectura gótica como posible fuente de inspiración en la búsqueda de la ligereza formal, el uso de la luz y el aprovechamiento de la expresividad y dinamismo inherentes a la estructura que sustenta físicamente al edifico. El carácter formal del gótico es evidente y la clara delimitación de sus partes por medio de columnas esbeltas y nervadas provocan una marcada sensación de verticalidad, de elevación hacia lo supremo, hacia lo místico. El sistema de contrafuertes y arbotantes que absorbe las fuerzas por encima de las naves laterales, provoca una percepción incierta del espacio en el exterior. El constructor gótico se vale de la estructura. Al exponerla, el artista gótico logra un objetivo más simbólico y sublime: el manejo de la luz. El volumen gótico es concebido por la luz. La sustitución progresiva del muro por vidrieras que permiten el paso de los rayos solares, inundando de color y luminosidad el espacio interior, es posible gracias al uso de la estructura en su modo más puro y simple apegado a las leyes básicas de la naturaleza.

Debido a que el tiempo es movimiento, y el movimiento provoca que la visión del objeto sea cada vez desde distintos ángulos, la idea de que la forma del espacio resulte de exponer la estructura que soporta al edificio es desechada por un largo período. No será sino hasta el siglo XIX que se vuelva la vista al gótico en la búsqueda de sustento para acometer la tarea de encontrar respuesta a las demandas que exigía recrear el sitio que contendría a la naciente sociedad industrial. La aparición de los nuevos materiales excita la imaginación y las tendencias en la arquitectura buscan conferir un marco artístico a un logro técnico. Al igual que en el gótico, en el art noveau las innovaciones tecnológicas se traducen en el vigor que produce la novedad. El hierro se convierte en la masa maleable que facilita al arquitecto modernista expresar el movimiento vegetal. Las formas se inspiran en la ligereza de las plantas y el uso profuso de la luz como búsqueda estética encuentra un aliado en la estructura metálica y el cristal. La transparencia constituye el elemento esencial. El esqueleto portante se vuelve evidente, ocultarlo resulta obsoleto y la imagen del edificio se ve transformada.

Otra vez el tiempo haría madurar los frutos del pensamiento humano, y lo que en su momento resultó novedoso y actual, dará paso a nuevos planteamientos teóricos que se reflejaran en concepciones distintas. El movimiento moderno buscará dar respuesta a las inquietudes de su momento y la idea de "modernidad" provoca reacciones que cortan de tajo con la tradición. El concepto de franqueza racionalista desecha el uso del ornamento como recurso válido y el edificio se amolda a formas puristas en las que la estructura se vuelve el elemento contenedor del espacio. Personalidades como Pier Luigi Nervi confían en obtener formas armónicas al modelar las estructuras según las fuerzas del espacio, aprovechando la expresividad inherente a la estructura. Nervi mira al proyecto con la firme convicción de que "la obediencia a las leyes de la estática es de por sí garantía de éxito estético". Los enunciados del movimiento moderno ponen de manifiesto la búsqueda de una pureza espacial en la que la obra arquitectónica se deshace de todo artificio formal. El resultado muestra al edificio en su expresión más básica, de él sólo quedará lo estrictamente necesario, y esto es, evidentemente, el sustento mismo, la estructura, la forma básica contenedora del espacio habitable.

Los movimientos culturales y los ideales de cada momento histórico no son casuales, si no resultado de un proceso histórico en el que infinidad de factores influyen al conformar el pensamiento que mueve a la humanidad hacia adelante. Con esta idea, los arquitectos regresan la vista atrás para ver hacia adelante. Nuevas interpretaciones de conceptos como comunicación, velocidad, distancia, etc. han transformado la visión de "lo moderno". Como a cada momento histórico corresponde su propia modernidad, el momento actual recurre a sus propios iconos para reflejar su idea de "lo moderno". La tecnología se alía una vez más a la arquitectura en el afán de presentar su propio momento como innovador y los cambios se suceden a la velocidad que los conceptos son reinterpretados. Así, la tecnología es asociada al concepto de "lo moderno" y, como lo fueron en su momento el gótico, el art noveau o el racionalismo, la arquitectura contemporánea toma el lugar que le corresponde como portavoz del mensaje cultural de su época.

Particularmente, una de las imágenes que más aluden actualmente al concepto de modernidad, son los edificios que, como propuesta de vanguardia, se presentan transparentes, vítreos y ligeros, como queriendo emular la volatilidad del tiempo. El reflejo de la tecnología en avanzados materiales, la incursión de la computadora como regulador del hábitat, además de estructuras ligeras, tensionadas con finos cables de acero, se convierten en recursos representativos de esta nueva interpretación de conceptos. Algunos arquitectos contemporáneos apuestan a que esta imagen sea reflejo de su momento y se valen de ella para expresar su idea de espacio en términos de conceptos actuales.

Es aquí donde conviene detenernos un instante y reflexionar sobre nuestro lugar y momento en la historia. Es interesante observar de qué manera estos conceptos han repercutido en el México de hoy. Rascacielos, aeropuertos, vías rápidas para el tráfico de autos, metro y demás imágenes que reflejan la imagen de "lo moderno" asociado con el progreso, se mimetizan con los conceptos tradicionales de la cultura mexicana. En su intento de interpretar y sintetizar estos fenómenos, jóvenes arquitectos trabajan con modelos que permitan reflejar la modernidad mexicana. Valiéndose de estructuras metálicas tensionadas, atrevidas ventanas y su propia visión de "lo moderno", proponen el espacio contemporáneo que requiere el modo de vida actual. Si bien es cierto que esta tendencia recibe fuerte influencia del acontecer internacional, también es cierto que las distancias se han acortado y lo que sucede ahora, se conoce al instante en cualquier extremo del planeta, lo que permite una interacción casi inmediata entre las diversas culturas. En este sentido, la modernidad no tiene país, y la tecnología puede ser apropiable a cualquier cultura. El arquitecto mexicano, como cualquier otro, intenta concebir una idea de su ser, de su identidad nacional y, entendiendo su propio momento de manera total, puede y debe optar por interpretar los conceptos que rigen las tendencias actuales, con una mentalidad abierta, pero consciente de la repercusión que tiene su obra en el contexto que la rodea.

Lleno de contrastes, nuestro tiempo es el reflejo de las elecciones hechas por nuestros predecesores y, de la misma manera, nos corresponde trazar el camino que seguirán las generaciones futuras.

 

M. y Arq. Ulises Márquez Cruz    correo electrónico