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El presente ensayo pretende indagar el campo en el cual se desarrolla el
proyecto arquitectónico, entendiéndolo como intermediario entre
una idea y su materialización, como una tarea dual situada entre la
imaginación y la construcción del entorno habitable del hombre.
La mayoría de las historias de la Arquitectura que conocemos
están planteadas desde un punto de vista: la describen como un sistema
básicamente estable, fijo y constante; es decir, se limitan a la
descripción más o menos ordenada de un corpus.
Coincidimos con Marina Waisman en preguntarnos: "¿No ha cambiado, acaso, hasta
tal extremo el objeto Arquitectura como para que le sea imposible reconocerse
en su figura pasada, en la que aún no habían dado comienzo las
transformaciones que lo llevarían al estado actual?"
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Así, cualquier intención de definir a la Arquitectura es
partir de un supuesto equivocado: el de que "Arquitectura", "obra de
Arquitectura", "edificio", son susceptibles de recibir una definición
válida a través del tiempo. Esta concepción y modo
histórico de hacer Arquitectura se han acumulado e integrado en un saber
durante más de dos mil años, configurando paradigmas
históricos y esquemas modélicos.
La base para establecer el concepto de Arquitectura reside en la capacidad de
comprenderla como "sucesivas instituciones culturales", definidas respecto de
una realidad social e histórica en un espacio-tiempo perfectamente
identificado.
Cuatro
enfoques complementarios
Nos aproximaremos a varias concepciones de Arquitectura, siguiendo los pasos
del arquitecto César Naselli
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, quien enfoca la disciplina desde cuatro posiciones integradas.
Arquitectura
como saber
Es la noción académica, epistemológica y
científica. Abarca el conjunto de fundamentos, hipótesis,
teorías y pensamientos elaborados sobre la realidad física que
construye el hombre, así como el saber sobre las prácticas que
implica utilizar aquellos conocimientos para hacerlos realizables y conseguir
las mejores condiciones de habitabilidad. Implica conocer las materias que
conforman la Arquitectura y con las que trabaja el arquitecto.
Arquitectura
como conjunto de prácticas
Son las actividades fundadas en el saber descrito que tienden a concretar los
objetos arquitectónicos. Es el campo donde se comprende el proceso
general de Diseño, formado por un conjunto de actividades articuladas:
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Proceso de ideación: Implica una pulsión del
diseñador consigo mismo y con el contexto de
producción del que surgen las ideas generadoras del
diseño y las formas básicas del objeto
arquitectónico. Involucra la conversión de lo
abstracto a expresiones simbólicas o analógicas, ya
sean conceptos o imágenes.
-
Proceso de formalización: Consiste en la traducción
de imágenes y conceptos a formas de apariencias y
significados arquitectónicos. Formas que se expresan
con lenguaje de diseño arquitectónico (recintos,
envolventes, pisos, techos, muros, columnas, etc.).
-
Proceso de proyecto: Es territorio del oficio
profesional el traducir esas ideas y formas a un
lenguaje gráfico y técnico que permita construirlas
en la realidad. Abarca los procedimientos técnicos,
legales e institucionales, sociales, laborales y/o
económicos para que puedan concretarse en su contexto
de construcción. Comprende el conocimiento de
técnicas e instrumentos de resolución de la
proyectación y de su gestión.
-
Proceso de materialización: Es el más condicionado
por el contexto técnico y económico de producción de
los objetos arquitectónicos, y que puede alterar las
otras actividades de la producción.
Arquitectura
como producto de prácticas
Esta noción entiende a la Arquitectura como el grupo de objetos
físicos construidos en el espacio-tiempo. Es la idea habitual y
colectiva de "Arquitectura" que la vincula con los edificios y construcciones.
Por su concreción espacio-temporal, la arquitectura es un hecho
histórico integrado en la historia humana que expresa los valores
excelsos de una cultura.
Es el conjunto de modificaciones del entorno natural producidas por la
práctica de un instinto ancestral humano: construir y habitar vinculados
a la existencia.
Arquitectura como profesión
Esta idea se comprende como el ejercicio de las prácticas que concretan
el conjunto de objetos arquitectónicos, ejercidas con un sentido de
servicio y una finalidad ético-social. Éste ejercicio se
desarrolla dentro de un marco de referencia definido por una ideología y
una serie de principios que caracterizan la configuración y naturaleza
de los objetos que se diseñan. Son las alternativas que ofrece el
ejercicio profesional y las asimila a una práctica u oficio jerarquizado
y especializado.
Comprenderemos que no siempre la profesión fue entendida con esas
características y, haciendo una breve revisión de las tareas
desempeñadas por los arquitectos durante la historia de la humanidad,
resulta interesante descubrir bajo qué condiciones desarrollamos nuestra
tarea principal (la de proyectistas), y entonces caer en la cuenta que nuestro
campo de actuación profesional es cada vez más reducido y
específico dentro de una sociedad dinámica. Un acercamiento para
tipificar las tareas del arquitecto, comienza en el "architecttore", descrito
por León Battista Alberti como aquel que "sabrá con regla y
razón, cierta y maravillosa, imaginar con la mente y el espíritu
y llevar a cabo en la práctica todas aquellas cosas que mediante el
movimiento de pesos, unión y ensamble de cuerpos pueden, con gran
dignidad, muy bien acomodarse al uso humano."
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Esta figura del arquitecto en el ámbito social renacentista responde a
una reelaboración de las relaciones proyectuales. La profesión se
convierte en una
ars liberalis
diferente a la
ars maecanica:
separa el trabajo manual del intelectual adquiriendo así
autonomía propia.
Podemos diferenciar dos modos de abordar el proyecto: como documento e historia
de la formación de una imagen arquitectónica, o bien, como la
organización de esa imagen según una serie de anotaciones
(bocetos, anotaciones, gráficos, con los que se exploran y seleccionan
los datos del problema) dirigidas a la comunicación del proyecto para su
correcta ejecución.
Debido a una marcada separación entre el proceso de diseño y el
proceso de producción de un objeto, la previsión de todos los
elementos debe ser cada vez más precisa, completa y coherente,
anticipando racionalmente los resultados. En otras palabras, no debe albergar
dudas en sus resultados; no obstante parece ser que "la duda se presenta como
el territorio más adecuado para desarrollar el proyecto de
arquitectura". Según Fernández Alba, el origen del término
Arquitectura así lo expresa:
arch
es "comienzo, dirección, iniciativa", y
tekton
es "invención, configuración"; deberíamos entenderla como
"itinerario de invenciones, conjunto de iniciativas figuradas, actividades
creativas, arte de construir con solidez científica y con elegancia no
caprichosa."
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Así, entenderemos que al arquitecto le es inherente la capacidad de
anticipar formas y ámbitos espaciales, para después construirlos
en la realidad adaptándolos a la vida del ser humano. Y puesto que la
Arquitectura es constructiva por naturaleza, el trabajo del arquitecto se
presenta como una dualidad entre imaginar y construir el ámbito de la
morada del hombre.
Dentro de esta labor, el arquitecto se comporta según dos formas de
proceder complementarias: por un lado, se sitúa como filósofo
tratando de reflejar estructuras lógicas (las proporciones mentales del
espacio), empleando leyes de composición, de estética y del saber
técnico en su intención de desarrollar una concepción
espacial; por otro lado, regresa a su etimología más precisa, la
de ser conocedor de la práctica en el arte de construir, y no
sólo de las leyes que configuran la formalización
heurística del proyecto.
El hecho de construir el lugar como ambiente imaginario es factible; pero
adaptarlo a la realidad implica ciertos limites. No obstante, este aparente
absurdo, "construir la realidad desde lo imaginario", resulta ser la mejor
síntesis del proyecto de arquitectura.
Un joven arquitecto le plantea un problema a Louis Kahn: "Sueño espacios
llenos de maravilla, espacios que se forman y se desarrollan fluidamente, sin
principio, sin fin, constituidos por un material blanco y oro, sin junturas.
Cuando trazo en el papel la primera línea para capturar el sueño,
el sueño se desvanece."
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Nos acercamos así a la complejidad de una cuestión que involucra
a las dimensiones inconmensurables y a las mensurables.
Y como todo pensamiento es difícilmente separable de su modo de
expresión y de sus formulaciones, es inevitable hacer la misma conjetura
en el ámbito del diseño. Al aproximarnos al término
"diseño", vemos que existen tres interpretaciones posibles de la palabra
inglesa
design
, a saber: "dibujo" como actividad gráfica; "proyecto" como dibujo que
ilustra una idea; e "idea" en su sentido concreto.
Por otro lado, Jorge Sainz nos aclara que la concepción de
diseño, del italiano Zuccari, consiste en la conjunción de dos
componentes: "el diseño interno, es decir, la idea que el artista tiene
en su mente y que trata de comunicar al mundo; y el diseño externo, el
dibujo o representación gráfica, que es la forma concreta en la
que se reflejan las ideas anteriores".
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Así el término
diseño abarca, de manera amplia y diversa, desde la tarea intelectual
del arquitecto hasta la propia realización gráfica de la
delineación.
Identificamos dos conceptos complementarios y estrechamente vinculados, los
conceptos de "idea" e "imagen". Por un lado, el término "idea" significa
"representación de una cosa en la mente", es sinónimo de
"concepción". "Idear" significa "imaginar, formar en la mente la idea de
una cosa, pensar, proyectar, inventar". Por otro lado, "imagen" es
"representación de una cosa", sinónimo de "idea,
descripción, semejanza, símbolo o figura".
La diferencia fundamental entre idea e imagen reside en el lugar en donde se
presentan: la "idea" se da en la mente, mientras que la "imagen" se presenta
fuera de ella.
En este marco intuimos que la elaboración del proyecto de arquitectura
implica el desarrollo de un proceso creativo, que requiere de invención
y de imaginación. Asimismo se entiende que el término
proyectar
significa: "arrojar hacia adelante, lanzar,", y también: "concebir,
discurrir, elaborar, dar forma, idear, trazar."
Coincidiendo con César Naselli, decimos que "el proceso es el desarrollo
de los estadios de un fenómeno dinámico que tiene en su
transcurso una transformación, mutación, variación del
mismo o la aparición de otros fenómenos coexistentes".
Ese conjunto de acontecimientos, requiere de un método, un camino en el
que se ordenen las actividades y economicen los esfuerzos invertidos, con la
finalidad de organizar, delimitar y definir la forma y dimensiones de la
totalidad espacial.
Esa anticipación virtual en que consiste el proyecto
arquitectónico se concreta en una serie de dibujos, gráficos,
anotaciones, y conlleva una dificultad que reside en decidir y representar,
mediante una abstracción gráfica, las propiedades de un espacio
del que no se conocen su forma ni sus dimensiones. Podemos decir que los
sistemas de representación empleados en esta labor están
vinculados a la estructura del espacio euclidiano (tridimensional), y a su
representación geométrica mediante proyecciones y secciones.
Estos sistemas presentan limitaciones importantes, siendo la central la que se
enfrenta con la idea de modificación temporal y espacial, elemento
característico de la experiencia arquitectónica, sumada a las
múltiples dimensiones del espacio arquitectónico.
Ante esta situación, afirmaremos junto con Gregotti que "el medio de
representación no resulta jamás ni indiferente ni objetivo;
más aún, jamás es medio pues indica y forma parte de la
intención proyectual"
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, puesto que se trata del diálogo proyectual entablado con la
materia arquitectónica y con la propia
representación como materia. Agrega Gregotti que "el ejercicio del
diseño, (el uso) del instrumento para representar el objeto, constituye
la única relación corpórea que el arquitecto mantiene con
la materia física que debe formar, es su última manualidad y
él (nosotros) debe(mos) defenderla encarnizadamente".
Cabe cuestionarnos de qué manera podemos combinar coherente y
contextualmente pensamiento, espacio arquitectónico y realidad; si
podemos atribuirlo a las dificultades y limitaciones de los medios
gráficos, o bien, es resultado de la incapacidad de los arquitectos de
lograr la integración entre aquellos aspectos de la disciplina.
Las principales inspiraciones humanas han sido las de aprender, vivir,
trabajar, encontrar, interrogar y expresar. Según Louis Kahn "el
objetivo de la vida es expresar" y, puesto que el hombre vive para expresar, el
arte se convierte en el único lenguaje humano, como el momento en que
"la voluntad de ser, de expresar", se convierten en voluntad de hacer. Mientras
que para Heidegger, "el hombre es el lenguaje y es el que dice", hemos de
coincidir que la Arquitectura, en su papel de lenguaje de piedra, "habla y
revela".
Mientras que en un poema las palabras se reúnen de un modo ordenado para
rimar y cuadrar en un número de sílabas, y gracias a su montaje
hacer mucho más, los espacios construidos se inician con la
composición sencilla de elementos físicos, que por su manera de
vincularse comienzan a dar cuerpo a las dimensiones mágicas.
Parafraseando a Rilke en "Cartas a un joven poeta": "Intenta decir, como si
fueras el primer hombre, lo que ves, lo que vives, lo que amas y pierdes.
Allí donde se presentan en gran número tradiciones seguras, el
poeta (arquitecto) no puede realizar obra personal sino en plena madurez de su
fuerza. Utiliza para expresarte las cosas que te rodean, las imágenes de
tus sueños, los objetos de tus recuerdos".
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Pero el arquitecto no se vale de las palabras para imaginar sus obras, sino del
proyecto conformado por planos o dibujos. En su tarea se vale de tres medios
para manifestar y transmitir sus ideas: el lenguaje natural, el lenguaje
gráfico y el lenguaje arquitectónico.
Si definimos los grados de especificidad (de menor a mayor) de cada uno de
estos lenguajes a partir de su vinculación con la arquitectura como
totalidad, la disposición establecida sería la siguiente: el
más acostumbrado es el lenguaje natural; el lenguaje gráfico se
asimila como medio para construir una obra específica, adquiriendo
además un valor en sí mismo; así, el lenguaje
arquitectónico el más preciso de todos.
Es así que podemos coincidir en que el ámbito en que se
sitúa el dibujo de arquitectura posee una posición intermedia
entre el lenguaje natural y el lenguaje arquitectónico.
Pero además de su condición de medio de comunicación, "la
representación gráfica forma parte de los sistemas de signos que
el hombre ha construido para retener, comprender y comunicar las observaciones
que le son necesarias. Como lenguaje destinado a la vista, disfruta de las
propiedades de ubicuidad de la percepción visual. Como sistema
monosémico, constituye la parte racional del mundo de las
imágenes".
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El lenguaje gráfico es monosémico, puesto que se conoce el
significado de cada signo con anterioridad a la observación del conjunto
de los signos. Entonces, si un sistema es polisémico, la
significación es posterior a la observación y se deduce del
conjunto de los signos. La significación es entonces personalizada y
discutible.
El dibujo tiene una capacidad limitada para transmitirnos algunas
características del mundo que nos rodea. Es evidente que ninguna
representación puede sustituir al conocimiento directo de la realidad.
En el campo de la arquitectura, ni el más exhaustivo conjunto de planos,
vistas, fotografías, películas y maquetas, podrá
reemplazar nunca a la experimentación real y personal de los valores
arquitectónicos de un edificio concreto. Al respecto coincidimos con
Bruno Zevi quien sostiene que "(...) donde quiera que exista una completa
experiencia espacial para la vida, ninguna representación es suficiente
(...)".
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Lo importante es señalar que entre los objetivos o pretensiones de la
representación gráfica no se encuentra el de sustituir a la
experiencia directa sino, en todo caso y de una manera absolutamente
convencional y parcial, al objeto que se quiere experimentar de un modo
imperfecto y a través de los diversos sistemas de proyección.
De todos modos podemos destacar las características que diferencian los
sistemas de representación y que los convierten en medios de pensamiento
y herramientas afiladas para el proceso de proyecto. Por un lado, el Dibujo
Organizativo, caracterizado por tener las mejores condiciones para organizar
los elementos que definen la materialidad del espacio arquitectónico,
incluye a las Proyecciones diédricas; en segundo lugar, el Dibujo
Objetual está más vinculado a las características
físicas de la realidad, es decir, que Objetualiza y está
constituido por las Proyecciones paralelas. Por último, el Dibujo
Perceptual tiene en cuenta la captación del espacio desde la
posición de un ser que percibe a través del sentido de la vista:
corresponde a las Proyecciones cónicas.
Comprendiendo el proyecto de arquitectura
como un suceder de acontecimientos coherentes a través de
los cuales debemos organizar una realidad objetiva, éste
debe de asumir el rol de "mediador entre fantasía y realidad"
para hacer factible la "construcción de aquel lugar que ha
de edificar el ser". Desde esta posición estamos obligados
a provocar una forma de revisar los límites e implicaciones
de nuestra actividad profesional, es decir, deberemos adoptar actitudes
que nos sitúen en condición de imaginar espacios más
saludables, una arquitectura que supere la condición de la
materia y dignifique el espacio habitable del ser humano.
Junto con Gregotti, decimos que "jamás podremos revolucionar
la sociedad mediante la arquitectura, pero podemos revolucionar
la propia arquitectura y de ello precisamente es de lo que se trata".
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Carlos Marcelo Herrera

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