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¿En dónde juegan los querubines? por:
Arq. Adrián Baltierra Magaña |
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Jesús:"Dejad en paz a los niños...; porque de los que son como ellos es el reino de los cielos" Mateo 19:14
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I Recuerdo ir subiendo aquella montaña a las afueras de mi ciudad solo para contemplarla en su inmensidad. Caminé aquella vez con mi soledad a cuestas; con el ánimo de un niño de escasos años y con un cuerpo que me pesaba muchos más; subía con la idea de conquistarla; que tontería, no tardé en darme cuenta que no se sube una montaña para vencerla sino para conquistarse a uno mismo... sin embargo lo olvidé, como quien se olvida al paso del tiempo solo para, una vida más tarde, comprenderlo. Que pérdida de tiempo –pienso ahora- estar buscando las respuestas a preguntas interminables; no obstante me sigo viendo en ese momento. La memoria, sin abandonarme, me recuerda que el viento aun sigue evocando la vigencia de ese instante. Me encuentro subiendo por aquella pendiente, solo, como quien emprende el camino de su propio destino, a cada paso que voy dando se reaviva la biografía de mis huesos soy capaz incluso de oír mis articulaciones de uso poco habitual. Durante el trayecto he ido contando cada una de las veces que me he detenido a descansar, por lo menos han sido...ya no recuerdo, quizás tres o cuatro; y calculo que no llevo la mitad del recorrido. Me hago a un lado para observar a la gente pasar, simplemente les observó. Aprovecho ese instante para echar grandes bocanadas de aire y así oxigenar mis pulmones, mi corazón, pocas veces agitado parece que quisiera huir, alejarse a toda costa de mi. Recuerdo porque he estado subiendo, se me ha dicho que mi condición física no es lo suficientemente recomendable para mi salud; hace pocos días mi medico me dijo que si continuaba con el tipo de vida de todo buen empleado –es decir mal comiendo, apresurando mi digestión, durmiendo lo mínimo, stresándome no poco menos de veinticuatro horas- si seguía con estas actividades- mi salud podría recaer y heme aquí en un fin de semana, cambiando el reposo de mi hogar por la aventura insospechada de un paseo dominical. Quien lo hubiese dicho, aquello que realizo de manera cotidiana me esta causando daño; mientras pienso esto y respiro hondamente siento que algo jala mi pantalón con demasiada insistencia, bajo la mirada y observo un ser de ojos grandes, cabello medio despeinado, ropa de aspecto poco pulcro que seguramente a estado observándome con insistencia quien sabe por cuanto tiempo; de un momento a otro empieza a dar vueltas alrededor mío como si con aquella danza tratara de decirme algún secreto. Agachándome para poder comunicarme con ese pequeño ser, noto que empieza a molestarse y después de algún rato llego a comprender su actitud; me encontraba encima de lo que antes había sido una caja ...¡Si, una caja! que mas bien parecía....pues una verdadera caja. Había aplastado no sé que modelo de auto espacial o quizás una carroza en cuyo interior seguramente se llevaría a algún rey de un lejano país. El niño tomó en sus manos aquel trozo de imaginación destrozada, después de algún rato, echó a un lado la caja desencantado de ella y mirando hacia arriba me observó, suplicante, esperando a que resolviera el dilema en que me había metido. No supe
que hacer, busqué entre las bolsas de mi pantalón
con la nostalgia de mis años de niño y encontré
algunas cosas. Al pasar
algunos instantes sin saber a ciencia cierta el significado
de aquellas palabras, se desplomaron mis rodillas. Poco después
llego a mi mente la imagen de una promesa hecha hace ya mucho
tiempo, entre el lapso donde se deja de ser niño para
convertirse en adulto, y que había roto en el momento
mismo en que empecé a crecer. La tarde apenas se levantaba y el camino era todavía largo; cerca de ahí en otro sendero se alcanzaban a oír multitudes de risas, atraído por ese coro decidí desviarme y acercarme para descubrir el paraíso. Llegué a un lugar tocado por la niñez, el espectáculo era grandioso, parecía un jaleo ritual donde los niños realizaban movimientos rítmicos, iban de un lado para el otro sin razón aparente; después de algún rato reconocí el espacio y dentro de él, los juegos de mi infancia; la resbaladilla, el pasamanos y el rehilete, con sus partes de acero; el tren, el gorila, la jirafa, el elefante, el hipopótamo y el león, con el alma de piedra. Me dirigí hipnotizado hacia el columpio mientras mi corazón se agitaba por la emoción del recuerdo, sentado en su asiento creí estar en mi infancia, pero el entusiasmo era demasiado que terminó por desbordarse la imaginación; en aquel momento la realidad pareció ser más fría que el fuego del recuerdo, era el tiempo donde solía estar entre el vaivén de subir a las estrellas y de bajar a la tierra; ahora mis pies tocaban el piso y la cintura apenas cabía. intenté hacerme a la idea de que nada había pasado, pero seguía siendo distinto; dejé en algún lugar de ser niño... A pesar
de ello, algo dentro de mi ser deseaba jugar en aquellos juegos;
estuve solo un par de minutos, y el columpio ya no me llenó,
me quedé con las ganas de ser niño; creo que
en ese instante mi infancia murió por segunda vez.
Rumbo a
mi destino, decidí emprender otro viaje aún
más incierto; ahondar en el recuerdo en busca de quien
había sido cuando pequeño. Mi pensamiento creció
dividido, separado por una elección que tomé
en el ayer, decidí comprender el mundo cada día
más complejo e inaprensible por medio de la inteligencia
racional y abandonar el rumbo de la imaginación, viví
sin respirar. Caminé bajo el sol agobiante del firmamento; las gotas de sudor se encargaban de humedecer mi frente, intente tomar un pañuelo de la mochila, bajé la mirada para parpadear y ya no logré moverme, una bocanada de viento estaba paralizando los movimientos de mis articulaciones, como si en aquel instante todo se hubiera perpetuado; mi cuerpo empezó a temblar en su interior, sentía como en la tierra del corazón se empezaba ha gestar una semilla de luz que poco a poco avanzaba, me cubría , y fuí testigo de como en unos segundos, una imagen se liberaba y surgía de las profundidades del alma y...imaginé. |
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II ¿De donde había venido? Me preguntaba de pequeño; sabía poco, no reconocía a un formas definidas. Mi memoria poco desarrollada no me permitía captar las imágenes de mi entorno. En la cuna me dedico de tiempo completo a mirar "algo" que cuelga y que tiene una gran variedad de colores y que hace ruido cuando lo toco. Desde aquí mis ojos descubrirán el entorno y mis manos me dirán que cada cosa tiene su propia forma; el tiempo pasara y seré capaz de tomar con más facilidad mis juguetes, ahora cuando veo algo, se que puedo tomarlo con la mano, desde que llegué aquí he estado aprendiendo multitud de cosas y la cuna ya no me vasta; el mundo exterior parece estar tan lleno de interés que no puedo dejar de sentir ganas de explorarlo, he comenzado a ser independiente. Emprender
cosas por mi mismo parece ser un reto, para alguien que ya
se para en la cuna, pero no así para mis padres cuya
vigilancia se ha vuelto más estricta. Poco importaban
ya que mi curiosidad no había quedado saciada, al poco
rato, ya olvidado el dolor, estaba de vuelta tocando todo
lo que me encontraba en el camino, mi curiosidad no era por
algo en particular, estaba interesado por cualquier cosa que
no conocían mis manos. Lo que me rodea me sigue aún pareciendo un espectáculo apasionante, todo lo que descubro y que compruebo que puedo hacer por mi mismo, quiero hacerlo vehementemente. Ahora ya estoy capacitado para que mis piernas se mantengan lo suficientemente rectas para que con ayuda de Mamá, pueda adquirir otra perspectiva del mundo, apartir de aquí comenzaré a establecer otra relación con lo que me rodea, busco cualquier momento para ponerme de pie, sólo es cuestión de tiempo para poder caminar solo, o en su defecto apoyarme en cualquier objeto, paso a paso me voy sujetando de las sillas, de las patas de la mesa y armarios, así voy conociendo las habitaciones; en cuanto choco con algo me voy dando cuenta de las distancias entre los objetos y yo. Antes podía pasar las horas en un mismo juego y encontrarlo placentero por tiempo indefinido: ya sé andar, por lo que apenas juego con mis juguetes, me divierte el hecho de ir de un lugar a otro sin ayuda de nadie; las cosas que antes me atraían y con las cuales me entretenía, ya no me interesan, disfruto intensamente de esta nueva habilidad. Durante
mis viajes de exploración investigaré que las
botellas se rompen, que la sopa que Mamá sirve se derrama,
que no se deben tocar los enchufes por que Mamá se
pone algo histérica, que el puré de papa es
un poco pastoso, etc. Corro detrás
de todo lo que llama mi atención, siempre estaba buscando
algo. Desde que he comenzado a arrastrarme, a andar y hablar,
la cantidad de impresiones que he percibido en esta edad son
mayores que ninguna otra, es así como iré, pieza
por pieza, construyendo la complejidad del mundo que me rodea
y conformando también mi mundo interior. De niño
lo sabía todo y no sabía nada; cuestionaba a
mi madre sobre cualquier asunto que me parecía importante,
le preguntaba: Hace pocas
semanas que voy a la escuela y he aprendido muchas cosas que
revivo ahora en mis fantasías: complemento así
mi mundo de experiencias. Mi habitación es lo bastante
pequeña para agrandar el universo de mi imaginación,
es un gran espacio lleno de automóviles que circulan
por extensas vialidades rodeadas por grandes edificios; no
era importante que la habitación fuese grande o pequeña
si el objetivo era soñar, si podía ofrecerme
la posibilidad de vivir todas mis fantasías; al paso
de los días iré sabiendo distinguir que en la
realidad hay menos posibilidades para soñar. Mucho tiempo
después, de grande, comprendería que la incredulidad
de los adultos se basaba en que en algún lugar habían
olvidado ser niños, sus prejuicios les hacían
cerrarse a las cosas que no les gustaban. En aquel momento
yo no los comprendía, mis ojos eran la mejor manera
para ver, para comprender lo que me rodeaba. No recuerdo
haberme aburrido de pequeño, generalmente un reducido
estímulo bastaba para poner todo mi empeño en
algo nuevo... |
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III Regreso de mis pensamientos con un mar en mis ojos y sigo caminando... ha pasado el tiempo desde que me detuvo aquel viento y pienso que he llegado del pasado para reconciliarme con el presente, con la memoria. Andando
entre aquel bosque; me detuve sobre un montículo de
tierra, cerca de ahí dos niños; uno de ellos
caminaba cargando una pequeña caja donde guardaba el
regimiento de sus canicas; de seguro que día a día
las colocaba en el campo de batalla; las "agüitas"
contra el agrupamiento de las "tigre". Pensé
que aquel niño en esa pequeña caja guardaba
su infancia; a lo lejos me era posible distinguir los miembros
de un batallón normal: las "agüitas"
siempre combatientes y dispuestas a luchar en cualquier tipo
de terreno, los miembros titanes de la fuerza de las canicas,
las "bombochas", la agilidad de las "tigre"
para todo terreno, las "camaleón" con su
diversidad de colores les permitían camuflajearse entre
el pasto, las "negritas" como comandos especiales
para atacar y destruir al regimiento enemigo, el general mayor
llamado "tirito" utilizado para resolver situaciones
apremiantes, por otro lado se encontraban las fuerzas mermadas
en batalla, canicas partidas a la mitad, descarapeladas...etc. Caminando a su lado el otro niño le hablaba y le decía algunas cosas, para ese entonces parecía que le había ofrecido algo, saco de su bolsa un estuche con canicas de colección, lo destapó y una a una empezaron a brillar bajo los haces del sol, había de todos los tamaños posibles, esperaban, seguramente empezar a rodar y adquirir memoria del mundo; en principio el niño quedó asombrado; seguramente se las daría a cambio de su caja. Finalmente no aceptó; me costaba trabajo, comprender porque no había hecho el trato, pensé que bien valdría cambiar lo viejo por lo nuevo; sin embargo en ese momento aquel niño no accedió al intercambio; tenía la oportunidad de poseer aquel batallón de canicas que era porvenir, lo tenía a su alcance y no lo aceptó. Seguro que sus canicas muchas veces habían sido ignoradas, daría por hecho que eran suyas, por eso en muchas ocasiones las olvidó. En aquella decisión el niño comprendería que lo valioso no era lo que se podía alcanzar sino lo que tenía y con ello su historia, la memoria y el recuerdó. Después de observar aquella escena decidí continuar mi camino y pensaba cada vez con mas insistencia como había dejado de ser niño; mientras algo surcaba en mi corazón y me decía: -"Ve aquello que es lo bello, lo justo y lo verdadero..."- Y recordé. |
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IV Recordé
que cuando pequeño en mi mundo interior lograba compaginar
la libertad de soñar y la exigencia de pensar bien;
el mundo lo entendía como síntesis, pensaba
y soñaba lo que veía, todo a la vez, el misterio
se develaba, no era más que el tesoro del mundo; totalidad
de pensamiento e imagen, complemento donde el pensamiento
se entrega por la imagen, y la imagen logra equilibrio con
el pensamiento. Mi curiosidad fue activa interlocutora con los objetos y con los espacios de los objetos, imaginando una vida llena de nueva vida, reinventaba la vida y veía el porvenir. Era capaz de superar una razón activa, abierta a lo que se me presentaba y de conservar todas las posibilidades de maravillarme. Sin embargo, crecí y el mundo en el que me encontraba sumergido estaba matizado por una enorme cantidad y diversidad de actividades que me atraían fuera de mi casa, mi interés, en ciertos momentos, me obligó a recibir mucho de manera pasiva, a no interesarme más que superficialmente por todo o rechazarlo todo, a separar la razón de la imaginación y la imaginación de la razón. Había
un significado nuevo, comprendo por que regreso constantemente
al rincón de mi niñez en busca: "del
viejo que hay en el niño y del niño que hay
en el viejo" La razón
en un mundo conquistado por la razón, necesita de una
conquista complementaria para mantener un equilibrio dinámico,
para rechazar el conformismo, la repetición, las rutinas
y la inercia. "El equilibrio entre una razón
que se supera continuamente y una imaginación en movimiento.." La vida
frente a mí había pasado por mil encrucijadas;
tratando de recuperar la ingenuidad primera, pero para ello,
hoy sabía que era necesario perderla; la libertad con
la cual viví me permitía la posibilidad de hacerlo
todo, pero no hubo nada que hacer;"se es libre de
pensar, pero no hay nada en que pensar" La infancia
que me seguía no la adquirí realmente, pues
no la adopté como parte de la vida misma, dejé
todo lo que realmente era ser pequeño; mi espíritu
entonces quedó sin movimiento, lo que sabía
me era útil pero inmovilizaba mi vida. Sabia que
si deseaba recuperar mi infancia sobrepasaría la imaginación
y la razón, bastaba con concentrarme, fijarme y no
divagar entre tanta dispersión por el "espectáculo
del mundo"; debería ser capaz con el tiempo
de la lentitud, de la paciencia, del deslumbramiento, recuperar
la nostalgia de esa vocación, la conquista de los espacios
protegidos, de los espacios de la infancia. Para ello no soñaría
despierto, debía ensoñar y racionalizar la infancia,
hundir el espíritu y el ser "...en su complejidad
contradictoria y dinámica" |
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V Sobre aquel camino que llevaba a cuestas en mis pies desde el amanecer; regresé comprendiendo que los astros no se apagan; que nunca había dejado de ser pequeño. En algún rincón del alma es castigado, pero ahí se encuentra esperando a que juguemos con él para complementar lo que somos. Ya no estaría solo; antes de terminar la noche profundicé aún más en el abismo de mi recuerdo, llegué al parque donde se encontraban los juegos de mi infancia; cuando jugaba para conquistar el juego, y ahí en ese lugar donde parecía que todos los querubines habían bajado a correr y a reír, ahí se encontraba mi juego preferido; una resbaladilla medio pintada y oxidada; donde lo esencial tenía valor; y donde al subir por el barandal llegaba a la tierra de la estrellas; allá arriba el misterio reinaba en el fondo del corazón por el destino que me disponía a cumplir, y al bajar con el aire sobre mi cara nada importaba, porque en la tierra se encontraba un ángel que me esperaba con los brazos abiertos. Ahí en esa tierra de fantasía y en ese juego dejé mi niñez, para sólo al final del camino entender que nunca el recuerdo está demasiado lejos. Ahora sé que en aquel día, en mi corazón quedaron respondidas dos preguntas: La primera que decía: ¿en donde juegan los querubines? y la razón respondía:-en los juegos de la infancia- y la segunda:¿en donde juega el hombre? y la imaginación respondía:-en el alma de un niño. |
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