Arquitectura   y   Humanidades

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Recomendaciones para la presentación de artículos y/o ensayos.

¿En dónde juegan los querubines?

por: Arq. Adrián Baltierra Magaña
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Jesús:"Dejad en paz a los niños...; porque de los que son como ellos es el reino de los cielos"

Mateo 19:14

 

I

Recuerdo ir subiendo aquella montaña a las afueras de mi ciudad solo para contemplarla en su inmensidad. Caminé aquella vez con mi soledad a cuestas; con el ánimo de un niño de escasos años y con un cuerpo que me pesaba muchos más; subía con la idea de conquistarla; que tontería, no tardé en darme cuenta que no se sube una montaña para vencerla sino para conquistarse a uno mismo... sin embargo lo olvidé, como quien se olvida al paso del tiempo solo para, una vida más tarde, comprenderlo. Que pérdida de tiempo –pienso ahora- estar buscando las respuestas a preguntas interminables; no obstante me sigo viendo en ese momento. La memoria, sin abandonarme, me recuerda que el viento aun sigue evocando la vigencia de ese instante.

Me encuentro subiendo por aquella pendiente, solo, como quien emprende el camino de su propio destino, a cada paso que voy dando se reaviva la biografía de mis huesos soy capaz incluso de oír mis articulaciones de uso poco habitual.

Durante el trayecto he ido contando cada una de las veces que me he detenido a descansar, por lo menos han sido...ya no recuerdo, quizás tres o cuatro; y calculo que no llevo la mitad del recorrido.

Me hago a un lado para observar a la gente pasar, simplemente les observó. Aprovecho ese instante para echar grandes bocanadas de aire y así oxigenar mis pulmones, mi corazón, pocas veces agitado parece que quisiera huir, alejarse a toda costa de mi. Recuerdo porque he estado subiendo, se me ha dicho que mi condición física no es lo suficientemente recomendable para mi salud; hace pocos días mi medico me dijo que si continuaba con el tipo de vida de todo buen empleado –es decir mal comiendo, apresurando mi digestión, durmiendo lo mínimo, stresándome no poco menos de veinticuatro horas- si seguía con estas actividades- mi salud podría recaer y heme aquí en un fin de semana, cambiando el reposo de mi hogar por la aventura insospechada de un paseo dominical.

Quien lo hubiese dicho, aquello que realizo de manera cotidiana me esta causando daño; mientras pienso esto y respiro hondamente siento que algo jala mi pantalón con demasiada insistencia, bajo la mirada y observo un ser de ojos grandes, cabello medio despeinado, ropa de aspecto poco pulcro que seguramente a estado observándome con insistencia quien sabe por cuanto tiempo; de un momento a otro empieza a dar vueltas alrededor mío como si con aquella danza tratara de decirme algún secreto. Agachándome para poder comunicarme con ese pequeño ser, noto que empieza a molestarse y después de algún rato llego a comprender su actitud; me encontraba encima de lo que antes había sido una caja ...¡Si, una caja! que mas bien parecía....pues una verdadera caja.

Había aplastado no sé que modelo de auto espacial o quizás una carroza en cuyo interior seguramente se llevaría a algún rey de un lejano país. El niño tomó en sus manos aquel trozo de imaginación destrozada, después de algún rato, echó a un lado la caja desencantado de ella y mirando hacia arriba me observó, suplicante, esperando a que resolviera el dilema en que me había metido.

No supe que hacer, busqué entre las bolsas de mi pantalón con la nostalgia de mis años de niño y encontré algunas cosas.
Me agaché para mostrarle con lo que contaba, el niño recorrió con su vista cada una de mis pertenencias y dijo:
_¡Seguro que las monedas son para adquirir aquello que es mas fácil comprar!-
Y continuó.
_¡las credenciales para acordarte quien eres!; ¡las llaves para abrir las puertas de tu corazón!; oh sí, el llavero ¡para no perder las llaves, verdad!; ¡tu pluma seguro que es para hacer bonitos dibujos!-
De repente su sonrisa se había entristecido y dijo al ver el frasco de pastillas que cargaba:
-¡Estas enfermo... pobre! –y acabó- ¿a caso te duele el alma?.
Tras terminar de decir estas palabras fue a refugiarse a los brazos de su madre que hacía rato lo miraba.

Al pasar algunos instantes sin saber a ciencia cierta el significado de aquellas palabras, se desplomaron mis rodillas.
La madre del niño se acercó rápidamente para levantarme, así pude apoyarme en una piedra que se encontraba a un costado. Aquella mujer al ver mi estado me dijo:
-No se preocupe, ya sanará-
Y se alejo con su pequeño de la mano.

Poco después llego a mi mente la imagen de una promesa hecha hace ya mucho tiempo, entre el lapso donde se deja de ser niño para convertirse en adulto, y que había roto en el momento mismo en que empecé a crecer.
Aquel niño me mostró en sus grandes ojos de esperanza cuanto me había estado tomando en serio al empezar a vivir en el mundo de los grandes, apartir de esa decisión mi sombra quedó sin aliento y desde entonces a estado acompañándome.
Ese día me dí cuenta de todo lo abandonado en el camino, por haber dejado de ser niño desperdicie instantes que ya no volverían. Dejé la sonrisa guardada en el cajón de las aventuras para que no me estorbara en mi nueva empresa que era, ser adulto. Preocupado por tratar de conocerme a mi mismo olvide ser quien era, mas tarde cuando tomé esa decisión me enfrasqué en mi interior para precipitarme a la deriva en el mar de la vida y durante los años que siguieron no conseguí nada.
Me levanté de la piedra en la cual me apoyaba y seguí ascendiendo, mientras más lo hacía más me adentraba en la búsqueda por tratar de encontrar, en los escollos de la memoria, lo que había perdido en la niñez y comprendía que ahora sólo por medio de la batalla en aquel ya lejano territorio de la infancia podría conquistar.

La tarde apenas se levantaba y el camino era todavía largo; cerca de ahí en otro sendero se alcanzaban a oír multitudes de risas, atraído por ese coro decidí desviarme y acercarme para descubrir el paraíso. Llegué a un lugar tocado por la niñez, el espectáculo era grandioso, parecía un jaleo ritual donde los niños realizaban movimientos rítmicos, iban de un lado para el otro sin razón aparente; después de algún rato reconocí el espacio y dentro de él, los juegos de mi infancia; la resbaladilla, el pasamanos y el rehilete, con sus partes de acero; el tren, el gorila, la jirafa, el elefante, el hipopótamo y el león, con el alma de piedra.

Me dirigí hipnotizado hacia el columpio mientras mi corazón se agitaba por la emoción del recuerdo, sentado en su asiento creí estar en mi infancia, pero el entusiasmo era demasiado que terminó por desbordarse la imaginación; en aquel momento la realidad pareció ser más fría que el fuego del recuerdo, era el tiempo donde solía estar entre el vaivén de subir a las estrellas y de bajar a la tierra; ahora mis pies tocaban el piso y la cintura apenas cabía. intenté hacerme a la idea de que nada había pasado, pero seguía siendo distinto; dejé en algún lugar de ser niño...

A pesar de ello, algo dentro de mi ser deseaba jugar en aquellos juegos; estuve solo un par de minutos, y el columpio ya no me llenó, me quedé con las ganas de ser niño; creo que en ese instante mi infancia murió por segunda vez.
Regresé al camino del cual me había separado, con el alma en la mano y preguntándome que extraño designio pudo haber decidido el alejamiento de mi sendero.

Rumbo a mi destino, decidí emprender otro viaje aún más incierto; ahondar en el recuerdo en busca de quien había sido cuando pequeño. Mi pensamiento creció dividido, separado por una elección que tomé en el ayer, decidí comprender el mundo cada día más complejo e inaprensible por medio de la inteligencia racional y abandonar el rumbo de la imaginación, viví sin respirar.
Buscaría al niño que mi corazón extrañaba...pero ¿por dónde empezaría? Si ya antes había librado cien batallas intentando de recordar y una a una, cien veces, hube fracasado. Mis recuerdos no eran lo suficientemente claros para ser captados en su inmensidad.

Caminé bajo el sol agobiante del firmamento; las gotas de sudor se encargaban de humedecer mi frente, intente tomar un pañuelo de la mochila, bajé la mirada para parpadear y ya no logré moverme, una bocanada de viento estaba paralizando los movimientos de mis articulaciones, como si en aquel instante todo se hubiera perpetuado; mi cuerpo empezó a temblar en su interior, sentía como en la tierra del corazón se empezaba ha gestar una semilla de luz que poco a poco avanzaba, me cubría , y fuí testigo de como en unos segundos, una imagen se liberaba y surgía de las profundidades del alma y...imaginé.



II

¿De donde había venido? Me preguntaba de pequeño; sabía poco, no reconocía a un formas definidas. Mi memoria poco desarrollada no me permitía captar las imágenes de mi entorno. En la cuna me dedico de tiempo completo a mirar "algo" que cuelga y que tiene una gran variedad de colores y que hace ruido cuando lo toco. Desde aquí mis ojos descubrirán el entorno y mis manos me dirán que cada cosa tiene su propia forma; el tiempo pasara y seré capaz de tomar con más facilidad mis juguetes, ahora cuando veo algo, se que puedo tomarlo con la mano, desde que llegué aquí he estado aprendiendo multitud de cosas y la cuna ya no me vasta; el mundo exterior parece estar tan lleno de interés que no puedo dejar de sentir ganas de explorarlo, he comenzado a ser independiente.

Emprender cosas por mi mismo parece ser un reto, para alguien que ya se para en la cuna, pero no así para mis padres cuya vigilancia se ha vuelto más estricta.
Cuando me bajan al suelo, gateo de un lado para el otro, mi ímpetu parece no tener límite para investigar el mundo que está debajo de mis extremidades, cuando no son los enchufes, son los vasos o los platos, todo menos mis juguetes. Cuando a mis padres se les ocurre ver adonde ando y no me encuentran en el piso, es indicativo de que ando subiéndome al tocador, a la alacena, a la mesa o a una de las sillas; he descubierto que estoy capacitado para esto, por lo que en ello dedico todas mis fuerzas, repito cada una de mis nuevas habilidades hasta que termino de conquistarlas o que Mamá venga y me retire de mi empresa, lo que suceda primero. Si esto último pasa, me sienta en el sillón de la sala, me da algunas indicaciones, da la media vuelta y se va para continuar con sus labores; cree que he aprendido la lección. Mido más o menos la altura a la que me encuentro y no tardo en bajar; hay tantas cosas por descubrir que no me doy abasto. A lo lejos sobre la mesa de trabajo de mi padre veo multitud de cosas innombrables que atraen mi mirada y me dirijo hacia allá. Medio me paro para agarrar el costado de la mesa, ahí identifico dos o tres objetos de mi interés; estiro la mano hasta donde puedo, esto lo hago una y otra vez hasta que al estar a punto de alcanzarlos mi madre experta saboteadora, ha decidido abortar mi misión, propinándome una dosis de disciplina firme en donde duele.

Poco importaban ya que mi curiosidad no había quedado saciada, al poco rato, ya olvidado el dolor, estaba de vuelta tocando todo lo que me encontraba en el camino, mi curiosidad no era por algo en particular, estaba interesado por cualquier cosa que no conocían mis manos.
Mi cuna a dejado de ser el lugar donde permanezco más tiempo, ahora que gateo, sólo deseo inspeccionar el mundo exterior; ya en el piso me dirijo a jugar con algunos de mis juguetes preferidos, sino es una tabla de madera es alguna taza medio rota, cuando algún objeto me es prohibido no me es difícil renunciar a él, ya que frente a mis ojos se abre un mundo de objetos interesantes y apetecibles.
Me encanta mostrarle a mi madre todo lo que descubro, desde que gateo veo el mundo de manera diferente a cuando solamente podía hacerlo tumbado boca arriba. Tras haber tocado decenas de veces la mesa, haberla visto desde arriba, desde abajo y de lado, y así con cada uno de los objetos, descubro que todas esas cosas pertenecen al mismo espacio: el comedor; de esta manera voy identificando y reconociendo cada uno de los espacios donde vivo.

Lo que me rodea me sigue aún pareciendo un espectáculo apasionante, todo lo que descubro y que compruebo que puedo hacer por mi mismo, quiero hacerlo vehementemente. Ahora ya estoy capacitado para que mis piernas se mantengan lo suficientemente rectas para que con ayuda de Mamá, pueda adquirir otra perspectiva del mundo, apartir de aquí comenzaré a establecer otra relación con lo que me rodea, busco cualquier momento para ponerme de pie, sólo es cuestión de tiempo para poder caminar solo, o en su defecto apoyarme en cualquier objeto, paso a paso me voy sujetando de las sillas, de las patas de la mesa y armarios, así voy conociendo las habitaciones; en cuanto choco con algo me voy dando cuenta de las distancias entre los objetos y yo. Antes podía pasar las horas en un mismo juego y encontrarlo placentero por tiempo indefinido: ya sé andar, por lo que apenas juego con mis juguetes, me divierte el hecho de ir de un lugar a otro sin ayuda de nadie; las cosas que antes me atraían y con las cuales me entretenía, ya no me interesan, disfruto intensamente de esta nueva habilidad.

Durante mis viajes de exploración investigaré que las botellas se rompen, que la sopa que Mamá sirve se derrama, que no se deben tocar los enchufes por que Mamá se pone algo histérica, que el puré de papa es un poco pastoso, etc.
A mi madre le cuesta trabajo mantenerme quieto en un solo lugar, pero basta con que me enseñe su bolsa, para que pueda quedarme interesado en ella, no necesitaba la complicación de un juguete para entretenerme; el bolso de mi madre es totalmente nuevo a mis manos por lo que podría divertirme mucho tiempo con él; su bolsa me ofrece infinitas posibilidades.
Por juego, más que por conocimiento voy, descubriendo el mundo, porque puedo realizar unas cosas y porque otras no, me resulta poco claro.
Cuánto confiaba en mi mismo para emprender la vida.

Corro detrás de todo lo que llama mi atención, siempre estaba buscando algo. Desde que he comenzado a arrastrarme, a andar y hablar, la cantidad de impresiones que he percibido en esta edad son mayores que ninguna otra, es así como iré, pieza por pieza, construyendo la complejidad del mundo que me rodea y conformando también mi mundo interior.
De esta manera logro desarrollarme corporal y espiritualmente, mi mente se ha llenado de múltiples imágenes y conceptos así soy capaz de relacionar la pelota que tengo para jugar con una sandia, y luego ésta compararla con la luna; imagino y pienso cuantas veces me habría encontrado en la noche mirando al cielo con los brazos extendidos, esperando a que esa pelota plateada bajara para atraparla entre mis brazos; seguramente fueron las mismas veces que mi madre me observó desde algún rincón en la casa...

De niño lo sabía todo y no sabía nada; cuestionaba a mi madre sobre cualquier asunto que me parecía importante, le preguntaba:
-¿Qué es la luna? y ¿que es el sol?.
Mi madre me miraba con esos ojos de mujer que lo saben todo y después de acariciarme la cabeza, comenzaba la explicación sobre aquellos cuestionamientos. Si no eran los astros era otras mil cosas, la idea parecía ser preguntar.
Después de vigilar el mundo y aprender su realidad me ponía ha fantasear con mis juguetes; jugaba a ser grande. Juego con todo tipo de objetos como son cucharas, cacerolas, sartenes...; me gustaba construir autopistas con libros para que por ahí pasaran mis autos y a su alrededor edificios con tablas de madera...

Hace pocas semanas que voy a la escuela y he aprendido muchas cosas que revivo ahora en mis fantasías: complemento así mi mundo de experiencias. Mi habitación es lo bastante pequeña para agrandar el universo de mi imaginación, es un gran espacio lleno de automóviles que circulan por extensas vialidades rodeadas por grandes edificios; no era importante que la habitación fuese grande o pequeña si el objetivo era soñar, si podía ofrecerme la posibilidad de vivir todas mis fantasías; al paso de los días iré sabiendo distinguir que en la realidad hay menos posibilidades para soñar.
A esta edad el comportamiento de mis padres siempre fue ejemplar, su credibilidad no estaba a prueba, sin embargo no comprendía el por que no debía hacer algunas cosas y otras las realizaba sin ningún problema.

Mucho tiempo después, de grande, comprendería que la incredulidad de los adultos se basaba en que en algún lugar habían olvidado ser niños, sus prejuicios les hacían cerrarse a las cosas que no les gustaban. En aquel momento yo no los comprendía, mis ojos eran la mejor manera para ver, para comprender lo que me rodeaba.
En mis viajes de exploración, voy descubriendo cosas, soy muy observador, debido a mis muchas ocupaciones no puedo darme cuenta que si ando demasiado aprisa, me puedo tropezar, situación que normalmente sucede, pero el mal rato dura poco solo hasta que se olvida. Cuando repetidas ocasiones me caía, el miedo se apoderaba de mi cuerpo y se me dificultaba pararme y seguir caminando, mi interior vivía momentos de una lucha intensa contra ese temor, dentro de algún rato me encargaba de vencerle y me volvía a poner de pie.
Ahora de grande comprendo que no hay vida sin miedo...

No recuerdo haberme aburrido de pequeño, generalmente un reducido estímulo bastaba para poner todo mi empeño en algo nuevo...
Poco a poco crecía y la realidad me iba envolviendo; la fantasía estaba quedando relegada a un segundo plano; iré viendo que las cosas son diferentes a las que mi imaginación crea; mi capacidad intelectual continuará gradualmente desarrollándose; veré que el mundo exterior me ofrece aspectos distintos, descubriré a otros niños, a otras personas, simplemente iré ampliando mi mundo...



III

Regreso de mis pensamientos con un mar en mis ojos y sigo caminando... ha pasado el tiempo desde que me detuvo aquel viento y pienso que he llegado del pasado para reconciliarme con el presente, con la memoria.

Andando entre aquel bosque; me detuve sobre un montículo de tierra, cerca de ahí dos niños; uno de ellos caminaba cargando una pequeña caja donde guardaba el regimiento de sus canicas; de seguro que día a día las colocaba en el campo de batalla; las "agüitas" contra el agrupamiento de las "tigre". Pensé que aquel niño en esa pequeña caja guardaba su infancia; a lo lejos me era posible distinguir los miembros de un batallón normal: las "agüitas" siempre combatientes y dispuestas a luchar en cualquier tipo de terreno, los miembros titanes de la fuerza de las canicas, las "bombochas", la agilidad de las "tigre" para todo terreno, las "camaleón" con su diversidad de colores les permitían camuflajearse entre el pasto, las "negritas" como comandos especiales para atacar y destruir al regimiento enemigo, el general mayor llamado "tirito" utilizado para resolver situaciones apremiantes, por otro lado se encontraban las fuerzas mermadas en batalla, canicas partidas a la mitad, descarapeladas...etc.
Toda una batalla épica se lograba formar alrededor de las cuentas de vidrio...

Caminando a su lado el otro niño le hablaba y le decía algunas cosas, para ese entonces parecía que le había ofrecido algo, saco de su bolsa un estuche con canicas de colección, lo destapó y una a una empezaron a brillar bajo los haces del sol, había de todos los tamaños posibles, esperaban, seguramente empezar a rodar y adquirir memoria del mundo; en principio el niño quedó asombrado; seguramente se las daría a cambio de su caja. Finalmente no aceptó; me costaba trabajo, comprender porque no había hecho el trato, pensé que bien valdría cambiar lo viejo por lo nuevo; sin embargo en ese momento aquel niño no accedió al intercambio; tenía la oportunidad de poseer aquel batallón de canicas que era porvenir, lo tenía a su alcance y no lo aceptó. Seguro que sus canicas muchas veces habían sido ignoradas, daría por hecho que eran suyas, por eso en muchas ocasiones las olvidó. En aquella decisión el niño comprendería que lo valioso no era lo que se podía alcanzar sino lo que tenía y con ello su historia, la memoria y el recuerdó.

Después de observar aquella escena decidí continuar mi camino y pensaba cada vez con mas insistencia como había dejado de ser niño; mientras algo surcaba en mi corazón y me decía:

-"Ve aquello que es lo bello, lo justo y lo verdadero..."-

Y recordé.



IV

Recordé que cuando pequeño en mi mundo interior lograba compaginar la libertad de soñar y la exigencia de pensar bien; el mundo lo entendía como síntesis, pensaba y soñaba lo que veía, todo a la vez, el misterio se develaba, no era más que el tesoro del mundo; totalidad de pensamiento e imagen, complemento donde el pensamiento se entrega por la imagen, y la imagen logra equilibrio con el pensamiento.
Toda mi concentración se centraba y se focalizaba en cualquier instante, exigía a mi imaginación que no se mantuviera fija en la superficie de las imágenes que observaba; pensaba y soñaba alternativamente así concebía arrancar inevitablemente la rutina, abandonaba "los aspectos exteriores para ver otra cosa, ver más allá, ver dentro"  Gaston Bachelard. Citado por Georges Jean en el libro, Bachelard, la infancia y la pedagogía. México, edit. FCE, 1989, 197pp. liberarme de la pasividad que hipnotizaba mis ojos.

Mi curiosidad fue activa interlocutora con los objetos y con los espacios de los objetos, imaginando una vida llena de nueva vida, reinventaba la vida y veía el porvenir. Era capaz de superar una razón activa, abierta a lo que se me presentaba y de conservar todas las posibilidades de maravillarme. Sin embargo, crecí y el mundo en el que me encontraba sumergido estaba matizado por una enorme cantidad y diversidad de actividades que me atraían fuera de mi casa, mi interés, en ciertos momentos, me obligó a recibir mucho de manera pasiva, a no interesarme más que superficialmente por todo o rechazarlo todo, a separar la razón de la imaginación y la imaginación de la razón.

Había un significado nuevo, comprendo por que regreso constantemente al rincón de mi niñez en busca: "del viejo que hay en el niño y del niño que hay en el viejo"  Ibid.. Consciente estoy que no seré niño, pero sé que puedo recuperar el estado de mi niño, siempre quise conservar el poder del ensueño que tiene la infancia, de una infancia que en esencia va más allá, implica la síntesis en el pensamiento, donde se es capaz de estudiar y soñar a la vez. El saber por aprender y los sueños para imaginar convergían cuando pequeño arrancando de raíz la rutina, el envejecimiento, así la infancia se perpetuaría no como pasado sino en el instante mismo.

La razón en un mundo conquistado por la razón, necesita de una conquista complementaria para mantener un equilibrio dinámico, para rechazar el conformismo, la repetición, las rutinas y la inercia. "El equilibrio entre una razón que se supera continuamente y una imaginación en movimiento.."  Ibid. sabía de antemano que me serían difícil de conquistar ya que esta situación no me llevaría al equilibrio sino a una infinita puesta en duda.
Pero quizás, sólo así mi niñez permanecería, recorrería los territorios de la imaginación donde el porvenir se abra ante un equilibrio dinámico y dialéctico entre la razón y la imaginación. Como imaginar sin alimentarse del pasado y de la infancia para "recuperar al niño que hay en el hombre"  Ibid.; como no utilizar la inteligencia y la razón si son la portadoras del porvenir. Recordar la infancia no para infantilizar la razón sino para re-imaginar el pasado y rescatar la esencia de la infancia olvidada.

La vida frente a mí había pasado por mil encrucijadas; tratando de recuperar la ingenuidad primera, pero para ello, hoy sabía que era necesario perderla; la libertad con la cual viví me permitía la posibilidad de hacerlo todo, pero no hubo nada que hacer;"se es libre de pensar, pero no hay nada en que pensar"  Ibid..
Bajo este signo marqué mi destino en el momento que crecí, mi pensamiento convertido en rutina; la experiencia en una serie repetida de experiencias. Dejé de arriesgar la razón en el juego de la vida. Entendí mal, la lucha no era con los demás, ni contra mí; era ante todo lo que se oculta y obstruye al pensamiento, a causa de esto llegué a repetirme, la inteligencia y la imaginación no fueron instrumentos de creación; dejé de pensar.

La infancia que me seguía no la adquirí realmente, pues no la adopté como parte de la vida misma, dejé todo lo que realmente era ser pequeño; mi espíritu entonces quedó sin movimiento, lo que sabía me era útil pero inmovilizaba mi vida.
A pesar de ello de mi espíritu me traía aquí, hasta esta reflexión movilizando el estatismo en el cual me encontraba animando el deseo y la visión aun en contra de mí.

Sabia que si deseaba recuperar mi infancia sobrepasaría la imaginación y la razón, bastaba con concentrarme, fijarme y no divagar entre tanta dispersión por el "espectáculo del mundo"; debería ser capaz con el tiempo de la lentitud, de la paciencia, del deslumbramiento, recuperar la nostalgia de esa vocación, la conquista de los espacios protegidos, de los espacios de la infancia. Para ello no soñaría despierto, debía ensoñar y racionalizar la infancia, hundir el espíritu y el ser "...en su complejidad contradictoria y dinámica"  Georges Jean, Bachelard, la infancia y la pedagogía. México, edit. FCE, 1989, 197pp..



V

Sobre aquel camino que llevaba a cuestas en mis pies desde el amanecer; regresé comprendiendo que los astros no se apagan; que nunca había dejado de ser pequeño. En algún rincón del alma es castigado, pero ahí se encuentra esperando a que juguemos con él para complementar lo que somos.

Ya no estaría solo; antes de terminar la noche profundicé aún más en el abismo de mi recuerdo, llegué al parque donde se encontraban los juegos de mi infancia; cuando jugaba para conquistar el juego, y ahí en ese lugar donde parecía que todos los querubines habían bajado a correr y a reír, ahí se encontraba mi juego preferido; una resbaladilla medio pintada y oxidada; donde lo esencial tenía valor; y donde al subir por el barandal llegaba a la tierra de la estrellas; allá arriba el misterio reinaba en el fondo del corazón por el destino que me disponía a cumplir, y al bajar con el aire sobre mi cara nada importaba, porque en la tierra se encontraba un ángel que me esperaba con los brazos abiertos.

Ahí en esa tierra de fantasía y en ese juego dejé mi niñez, para sólo al final del camino entender que nunca el recuerdo está demasiado lejos. Ahora sé que en aquel día, en mi corazón quedaron respondidas dos preguntas:

La primera que decía: ¿en donde juegan los querubines? y la razón respondía:-en los juegos de la infancia- y la segunda:¿en donde juega el hombre? y la imaginación respondía:-en el alma de un niño.

Adrián Baltierra Magaña.   correo electrónico