I. ¿QUÉ ES EL PROYECTO? Y ¿QUÉ LO DEFINE?...

por: Arq Patricia Barroso Arias  

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Para responder a esta interrogante se parte de algunas interpretaciones que se le atribuyen al proyecto, a fin de abstraer algunos elementos relevantes y construir una definición viable de él.

El "proyecto" como una construcción creativa.

En el proyecto se intuye que el fenómeno creativo opera, esto indica que el término creación como lo señala Ferrater, se entiende como: "producción humana de algo, a partir de alguna realidad preexistente" (1). En este caso, se comprende al proyecto como <<creación>> o <<producción>> humana. Asimismo, De Bono explica que la creatividad humana se vale de lo que ya existe y encuentra, para modificarlo en formas impredecibles. Ésta no sólo es originalidad y libertad ilimitada, sino que es algo que tarde o temprano, el pensamiento ordinario tendrá que comprender, aceptar y apreciar. La creatividad puede consistir a la vez en un redescubrimiento de lo que ya existía en forma oculta y en el surgimiento de algo nuevo (2). Por otro lado, con respecto a esta definición, M. Rodríguez agrega que: La creatividad es la capacidad de producir cosas nuevas y valiosas. La palabra cosa se toma en el sentido más amplio que incluye prácticamente todo. Un método, un estilo, una relación, una actitud, una idea pueden ser objeto de la creatividad (3). De manera que, la creatividad está en todo lo que somos y hacemos, está en el conocimiento de nosotros mismos y de nuestro medio concreto.

Por otro lado, la ciencia del siglo XX ha desmitificado la función de la creatividad al demostrar que no es la inspiración de las musas, sino que es el salto del inconsciente a la conciencia lo que causa la vivencia de la iluminación. Sin embargo, algunos investigadores buscan la respuesta en el terreno de la simbología y se considera que el hombre es un ser de símbolos, a través de estos el hombre está en condiciones de poseer, percibir y tener juntas a la vez miles de cosas. En este sentido, se muestra que la creatividad como función cognoscitiva debe distinguirse de la inteligencia, ya que no es una función unitaria o uniforme, sino que se le debe considerar en función de un gran número de factores y afecciones o capacidades mentales primarias. Frente a esto, como lo indica De Bono, vemos que el pensamiento está mezclado con el acto creativo, ya que se involucra a la cognición, la producción y la evaluación. Siendo la producción la más importante en materia de creatividad y la que puede manifestarse en un pensamiento convergente o en uno divergente (4).

Con ello, podemos decir que la inteligencia se define como la capacidad para enfrentarse a una situación nueva improvisando una reacción de adaptación nueva, con rapidez y éxito (5), es la facultad de comprender y conocer, es la aptitud para establecer relaciones entre las percepciones sensoriales o para abstraer y asociar conceptos, e integra conocimiento y habilidad (6). La inteligencia comprende un acto cognoscitivo y evaluativo sobre las cosas o circunstancias, pero para realizar una producción nueva, innovadora y original sobre algo, necesita del acto creativo.

La creatividad entonces, es una autoafirmación del ser, de la manera en como enfrentamos los problemas, las cosas o las situaciones ante la vida. Es fundar, establecer por primera vez una cosa, es darle vida y sentido a una nueva manera de ver o entender un hecho o un acontecimiento. Por lo cual, la inteligencia la entendemos como la aptitud (habilidad, capacidad de entendimiento, de conocimiento y dominio de) que se tiene para enfrentar los acontecimientos y a la creatividad, la entendemos como a la manera (forma, actitud, modo con que se ejecuta, astucia) de enfrentarnos a las cosas.

Esto nos muestra que, para enfrentarnos a los hechos o problemas en nuestra disciplina no sólo necesitamos de la inteligencia que involucra ese dominio y habilidad cognoscitiva de la materia formal que manejamos, sino que necesitamos también de un acto creativo, bajo el cuál se reformule, se innove y se propongan nuevas organizaciones arquitectónicas. Por consiguiente, si separamos a la inteligencia de la creatividad nos quedamos con una capacidad aislada que entiende, pero no propone; lo que nos lleva a buscar su incidencia en conjunto para explicarlos en la actividad proyectual.

Con lo anterior, se deduce que es en este acto creativo donde el diseñador potencializa su imaginación, es precisamente en éste acto donde se manifiesta la nueva dimensión que adquiere un "proyecto", como producto de un acto conciente y reflexivo que aborda a la materialidad proyectual. Aquí, se da paso a la organización de contenidos formales que se incorporan gradualmente, bajo propósitos, intenciones, significaciones e imágenes.

En esto, se indica que el ensanchar la esfera de la creatividad a un hacer conciente y significativo implica incidir en el desarrollo de la actividad proyectual, como lo señala Ricard: "La creatividad persigue un constante desmarque con esa realidad, lo hecho, lo que ya existe, se halla encerrado en sí mismo y sólo contiene y refleja su propia imagen. Todo lo que <<es>>, ha sido en función de un momento coyuntural y transitorio, y otro momento, habrá de segregar, forzosamente, otro resultado" (7). El proyecto arquitectónico, en sí se define como producto de la actividad del diseñar, dicha actividad se da bajo un acto creativo que existe en un salto que va del discurso reflexivo/deductivo, sazonado de múltiples sugerencias, a una imagen plasmada y perceptible. "La creatividad es factible porque el hombre además de su racionalidad, posee también esa afectividad que le permite captar aquello que escapa a su razón" (8). En este caso, Ricard insinúa que el acto creativo viene acompañado de un sentido metodológico necesario para conocer, recopilar, ordenar y comparar el contenido formal.

Por ello, el sentido racional se necesita para el "hacer creativo", como un conjunto de pasos basados en esquemas que nos permiten contemplar cierto recorrido intencional. "El método es como una operación matemática que posee sus reglas y que sólo puede conducir a unos determinados resultados: la solución se halla incluida en el propio planteamiento" (9). Los métodos son así, caminos prefijados por la praxis o la razón lógica que nos enseñan un itinerario en cuyo transcurso habremos de toparnos con la "inspiración", en este caso se encaja a un "proceso de diseño" que nos sirve como guía para proyectar. Sin embargo, la solución formal no es sólo consecuencia de la aplicación de una base metodológica, ni del acto creativo "puro", sino que es producto de su conjunto. La solución formal que se busca en el proyecto es resultado de un planteamiento acertado que vincula al método utilizado con la organización compositiva de los contenidos arquitectónicos en una acción creativa.

Aquí, se presume una condición interesante, que el discurso creativo necesita del "entendimiento" para efectuarse. Según Kant, el acto creativo es "esa facultad de las reglas" que permite ordenar los recursos de la sensibilidad. -"El hombre precisa de todas sus capacidades reflexivas, tanto para cosecha de la información pertinente que orientará y delimitará el campo de acción, como para valorar las ideas que vagan surgiendo en el devaneo creativo"- (10). Entonces, este destello "proyectual" no puede surgir en el vacío, sino que requiere de la preexistencia de un terreno fertilizado por el "conocimiento"… "la visión intuitiva ha de ser fustigada y mantenida en volandas por el saber. La intuición necesita del apoyo logístico de la razón, de una puesta en condiciones del espacio mental, para predisponer a la cometida creativa. Así, el hacer creativo se ejerce a dos niveles; el de la inspiración y el de la reflexión" (11). En sí, es vincular un sentir intuitivo con una razón.

Finalmente, entender al "proyecto" como una "construcción creativa" implica lo que señala Kant, "una íntima y sutil sinergia entre sensibilidad y entendimiento" (12). Es aquí, donde se empalma el hacer proyectual con el acto creativo, dicho acto lo entendemos como un mecanismo que interviene en la acción proyectiva, en la cual se organiza concientemente a "los materiales de diseño" con los que trabajamos.

Y como una construcción imaginaria.

Por otro lado, sobre la estructura del funcionamiento intelectual, Lambert menciona que hay cinco operaciones diferentes en el proceso mental: conocimiento, memoria, producción convergente, producción divergente y evaluación. La capacidad creadora se considera una producción divergente, ésta es la función opuesta a la convergente, el pensamiento divergente se atreve, se arriesga y explora cosas nuevas y el convergente las organiza y las hace concientes, en un sentido reflexivo (13).

Luego, se presume que en el acto creativo interviene la imaginación que viene del latín imago, imagen, visión, de imitari, imitar. Esta se define como "la capacidad de construir imágenes mentales a partir de, y en relación mediata con las percepciones, si se trata de la imaginación reproductora, o simplemente capacidad de crear libremente imágenes relacionadas con la sensibilidad, si se trata de la imaginación creadora. A esta última se la llama también "fantasía"" (14). En la historia de la filosofía a la imaginación se le relaciona con el conocimiento. Platón no la distingue de la sensación o conocimiento por imágenes y le da el nombre de eikasia, suposición, primer grado de conocimiento sensible. Aristóteles, la denomina phantasía, la distingue tanto de la sensación como del pensamiento discursivo y la considera capaz de error. Hobbes la define como una "sensación degradada" y la divide en simple y compuesta. Descartes la constituye comparada con la intelección en una facultad cognoscitiva de segundo orden, vinculada a lo sensible, lo cual genera a su respecto una postura de desconfianza tradicional en el racionalismo, que aumenta cuando se la identifica como imaginación productora. En Hume desaparece esta desconfianza y hace de la imaginación la fuente misma de las ideas simples y complejas. Kant, que la define como capacidad de intuir sin objeto presente, distingue entre imaginación reproductora y creadora o productiva y asigna a esta última su propia función trascendental en el conocimiento sensible: la de procurar la síntesis o conjunción entre lo sensible y los conceptos; Kant asocia a la imaginación productiva con la estética. En la filosofía contemporánea, Sartre critica la desconfianza tradicional respecto de la imaginación y se inspira en la fenomenología de Husserl, quien la considera algo intermedio entre la percepción y el pensamiento. "Lo "imaginario" es el mundo de la imaginación, constituido por objetos creados por la "conciencia imaginante" que tiene no sólo la capacidad de representar un objeto ausente como presente, sino también la de poder crear objetos irreales, un mundo irreal o un "antimundo", cuyo sentido es ser la negación del mundo real, con ello expresa la conciencia su libertad respecto de lo real" (15).

En sí, en la construcción imaginaria la creatividad surge al poner en práctica la ingeniería del pensamiento, que es la aplicación de los conocimientos con los que funciona fisiológicamente y psicológicamente una persona cuando realiza algo, cualquier cosa. También, esta construcción imaginaria abarca los procedimientos que podemos utilizar para desarrollar nuestro potencial creativo, para esto hay que partir de modificar nuestra percepción de las realidades y situaciones, saber relacionar causas y efectos tanto en el tiempo como en el espacio (16); implicando en ello, una abstracción de la realidad, una desestructuración de la misma y una reestructuración en nuevos términos. Todo lo que aprendemos se halla codificado en las neuronas, según Ricard y se va configurando un vasto "banco de datos"… "la intuición nos anticipa cosas que mucho después llegaremos a deducir. Es como un mensaje de un <<más allá>> hecho de nuestro pasado y de nuestro futuro, que pre-vé lo que luego podremos ver" (17).

Esto nos sugiere diversas cuestiones: ¿puede entenderse lo imaginario como una construcción mental racional y creativa a la vez? y ¿cómo se involucra el proyecto en esa construcción imaginaria?... Como lo muestran las nociones anteriores, podemos deducir que es con esta capacidad de construir imágenes mentales y evocar ideas como concebimos el proyecto, con una imaginación creativa y productiva que nos lleva a sintetizar los conceptos e ideas que tenemos sobre la forma arquitectónica. Es en este mundo de lo imaginario, donde se construye lo proyectual; asimismo, es donde representamos mentalmente objetos ausentes que todavía no existen para hacerlos visibles. En el proyecto la concepción y la plasmación nos ayudan a determinar cómo será el objeto, sin perder su libertad o autonomía en el proceso de producción de los objetos. Esta fase proyectual se engloba en lo imaginario para marcar una autonomía explicativa y metodológica.

Por ello, identificaremos a lo imaginario como una visión onírica, inexistente físicamente o tangiblemente, como una abstracción y forma inarticulada. Lo imaginario es mirar introspectivamente hacia una experiencia formal que hay en la mente. Aquí, se rememora lo que en el momento no se puede captar vivencialmente y se "resucita la memoria de las visiones articuladas que llenan la mente creativa durante un lapso de conciencia" (18). Y con esta referencia se entiende al proyecto como una construcción imaginaria que se define:

a) Por un lado, en un acervo de conocimientos memorizados en el archivo mental que son captados anteriormente por experiencias perceptivas. Según Ricard, "todo lo que podemos imaginar en nuestro espacio mental proviene, siempre de ese material externo que hemos captado, o simplemente visionado, y que en alguna manera sabremos combinar, amalgamar, trastocar o refundir, hasta formularlo, en una nueva coherencia configurativa" (19). Esto indica que hay un proceso de "percepción recuerdo" en el acto proyectual, imaginamos propuestas que fingen soluciones y simulan la materia arquitectónica, para experimentar con lo que sabemos y hemos visto o captado.

Entonces, si entendemos estas estructuras formales a partir de la experiencia y abstraemos e identificamos a los contenidos sustantivos de la forma en una especie de lectura, vamos creando mentalmente un acervo de imágenes que nos ayuda a formular o pensar "proyectualmente". Y con ayuda de este acervo nuestra memoria reproduce, recuerda y aporta datos; por ello, interviene en la elaboración del proyecto como "formulación imaginaria" o pensada de una cosa. Podemos partir entonces, de patrones perceptivos o "recuerdos percibidos" para configurar a la forma; de tal manera, que el acto proyectual se siente en el centro de la "memoria".

b) Y por otro lado, en una información que se plasma y se vuelve externa al propio espacio mental, que se cosecha en una interpretación conceptual en función de la materia que se persigue. En la construcción imaginaria, las ideas buscan encajar en las exigencias de lo que se quiere del objeto y bajo esta acción se ordenan los datos en una manera particular, así se enhebran conceptos dispersos como un vasto "caldo de ideas" que se fraguan en ejes conceptuales. Aquí, se advierten las ideas generatrices de lo que será el objeto y se generan conceptos básicos que forman el "código genético" hasta llegar a una concreción de la imagen formal.

En este discurso conceptual, las ideas generadas bajo un acto creativo son enjuiciadas por la razón, donde, "cada propuesta de solución figurada es calibrada en relación al objeto perseguido"… aquí, hay un magma lleno de conatos de ideas, de esbozos de conceptos, de figuraciones parciales que inician y se consolidan en la imagen… en sí, "el concepto generado está captado y la solución proyectual definitiva hallará en la idea generatriz las respuestas y las pautas necesarias para completarse" (20). Por lo que, al elegir ciertas ideas generatrices o intenciones proyectuales se decide ya un camino que guía la solución, al igual que los genes, estas ideas contienen los caracteres de la forma y tras una gestación proyectual se consolidan en algo visible, en una imagen como forma visual. De esta manera, nos percatamos de la forma que sólo imaginábamos.

El desarrollo de lo proyectual en sí, "consiste en hacer concreto el concepto abstracto imaginado, trazando un retrato cada vez más riguroso y exacto de lo aún inexistente, haciendo emerger detalles inexplorados, ocultos en sí difuminados de esa visión global intuida que es la idea" (21). La finalidad, de la actividad proyectual es hacer visibles en imágenes perceptibles esos conceptos ideados, como una aproximación a la realidad física del objeto. Por eso, el proyecto es la construcción primigenia de la arquitectura y se entiende como un evento (espacio-temporal imaginario). Asimismo, el proyecto es también un medio de expresión de las "ideas" (*) como entes abstractos que dan contenido y significación a las cosas. De esta manera, "la materia tangible en que se fragua una idea, no es más que una sustancia impenetrable en la que ésta se "proyecta" y "expresa" (22). Esto implica, que el concepto ideado se estructura en conjunto con un material factible de representarse lingüísticamente en un proceso de mutua fertilización.

En síntesis, podemos decir que es en el proyecto donde se genera una visualización mental de la materia que se expresa; por ello se implica "una espacialidad imaginaria" donde se transita de la idea a la imagen y se previene su estructuración material y representativa. El proyecto así, se define como una construcción imaginaria donde se fragua la materia de diseño; éste actúa como una pantalla mental en la que se van proyectando visiones mutantes de imágenes que describen cualidades formales.

En el proyecto se genera la "imagen pensada" del objeto como un relato gráfico que describe la conformación material de algo que todavía no existe, así la forma informa y permite que el contenido se manifieste. Con todo ello, se ve como necesaria una <<pre-visión imaginaria>> que permita pronosticar como actúan los contenidos en la forma y que nos lleve a definir cómo se configuran en función de una causalidad contextual, social y cultural.

Concretando, señalamos que en este hacer proyectual se implica a un acto creativo, a un proceso racional que lo guía (refiriéndose a su base metodológica) y a un momento imaginario que lo origina (con la formulación de ideas generatrices e imágenes mentales que se van plasmando, para anticipar lo que será el objeto); el proyecto arquitectónico queda unido así, a una dimensión imaginaria que prevé su unicidad formal.

El "proyecto" como germen de la "materia arquitectónica".

Sin embargo, esto no nos define al proyecto en sí, ya que falta indagar en ¿qué es lo que se ordena en él?, ¿que es ese "algo" con lo que el diseñador trabaja?...¿cuál es la materia que imaginamos?... como lo señala Gregotti, "mi idea de proyecto se basa en la noción de materia" (23); especificando que no se trata del acero, del vidrio y materias plásticas, sino que su idea de "materia" es más amplia; para Gregotti, "el carácter específico de la acción arquitectónica consistirá en la conexión de los materiales existentes según relaciones comunicativas capaces de dotar de sentido a la forma del ambiente físico"… y continúa… "desde el punto de vista de la arquitectura, el proyecto es el modo como se organizan y fijan, en sentido arquitectónico, los elementos de cierto problema. Estos han sido elegidos, elaborados, dotados de intención a través del proceso de la composición, hasta establecer entre ellos nuevas relaciones en las cuales el sentido general (estructural) pertenece, al fin, a la cosa arquitectónica que hemos construido por medio del proyecto" (24). Es en esta organización de la "materia arquitectónica", donde de hecho el acto creativo inicia, como lo insinúa Ricard,"el acto creativo se inicia ya en esta fase. Gran parte de lo que se requiere como punto de partida consiste en ordenar, de una determinada y coherente manera, ciertos conceptos, formas, dispositivos, materiales y colores" (25).

Ese orden que señalan Gregotti y Ricard, sólo es posible en pleno conocimiento de cada uno de los contenidos que intervendrán en la conformación de la imagen del objeto. Así, logramos penetrar en la interioridad de cada "material de diseño" y podemos vislumbrar las razones de su expresión. En este caso, el proyecto nos muestra la materia que lo compone y se encarga de la prefiguración del hecho arquitectónico en una constante relación entre idea e imagen proyectada. Aquí, en esta vinculación idea-imagen se precisa la intencionalidad de las características expresivas para cada contenido manifestado; asimismo, se configuran hipótesis formales de una espacialidad que se piensa habitable. Es como lo acentúa Gregotti, desde el punto de vista de la arquitectura, "el proyecto es el modo de organizar y fijar arquitectónicamente los elementos de un problema" (26), estos elementos se cargan de intenciones en el proceso de composición, hasta establecer "lo arquitectónico".

De esta manera, el "proyecto" se definirá como ese germen (axioma básico, núcleo, embrión, contenido en la semilla, origen, principio de una cosa) que contiene a la materia arquitectónica y que al leerlo nos permite comprender cómo está constituido, esto a partir de la comprensión de sus más íntimos elementos (o "genes" entendidos como la unidad de acción, mutación y recombinación del material, como unidad responsable de los caracteres formales del proyecto). En este sentido, el proyecto se muestra como producto del diseño arquitectónico, ya que reúne, "crea e imagina" la manera en cómo se tratará dicha materia proyectual; es en sí, la larva conceptual que se plasmará. Esto nos lleva a pensar que lo arquitectónico no sólo se manifiesta en el objeto, sino en el proyecto que actúa como el genoma del objeto (como ese conjunto de cromosomas o genes que se hallan en un núcleo o germen, para transmitir los caracteres del proyecto a la obra) y como caracterización de un modo de habitar. Asimismo, el proyecto se da en una concepción ideal e imaginaria donde se formula una estructura-germen con "genes" dispuestos para generar un orden determinado; estos son en cierto sentido las unidades con las que el "proyecto" se vuelve arquitectónico; es decir, que en éstos se encuentra la materialidad arquitectónica. Estas unidades se organizan en determinada secuencia para producir la imagen y establecer una "proyección formal" de la obra en sí.

Esta partida de ideas-genes, como cromosomas o elementos que existen en el interior del núcleo del proyecto, desempeñan un papel muy importante en la transmisión y producción de la imagen, ya que aportan la materialidad arquitectónica que se da bajo un repertorio lingüístico; en sí, cada intención proyectual contiene el por qué de las texturas, de los elementos geométricos, de la disposición de volúmenes, etc… con esto, podemos deducir que el objeto no es más que un ente artificial, es una segunda naturaleza de la materia arquitectónica; el objeto es promovido por la naturaleza que se delega antes en el proyecto. Es en éste último donde se tiene la misión de fraguar la concepción de ese "ente artificial". El objeto resulta ser una "prótesis" de nuestra vida cotidiana, un objeto tangible que se vuelve la extensión de un modo de habitar, como recurso instrumental que se usa. En la obra arquitectónica, la intención de caracterizar un uso, de caracterizar una conformación espacial y de organizar sus propiedades y contenidos formales; se encuentran antes en la actividad proyectual, que se considera como una visión "a priori" de lo que éste será.

Arq. Patricia Barroso Arias  

Notas

1. Ferrater Mora, José, "DICCIONARIO DE FILOSOFÍA", Vol. I, II, III y IV, Madrid, Ed. Alianza, 1979.
2. Bono Edward, De, "EL PENSAMIENTO CREATIVO", El poder del pensamiento lateral para la creación de nuevas ideas, México, Ed. Paidós.
3. Rodríguez Estrada Mauro, "MANUAL DE CREATIVIDAD", Ed. Trillas, México, 1990.
4. Bono Edward, De, "EL PENSAMIENTO CREATIVO", El poder del pensamiento lateral para la creación de nuevas ideas, Ed. Paidós, México.
5. Howard C. Warren. "DICCIONARIO DE PSICOLOGÍA" México, Edit. Fonde de Cultura Económica. 1964.
6. "DICCIONARIO DE LA LENGUA ESPAÑOLA", Ed. ECISA, México, 1990.
7. Ricard André, "DISEÑO ¿POR QUÉ?", Colección Punto y línea, Barcelona, Ed. G. Gili, 1982. Pp.111.
8. Ricard André, Op. Cit. Pp.112.
9. Ibid.
10. Kant Immanuel, en "CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA", citado por Ricard André, "DISEÑO ¿POR QUÉ?, Colección Punto y línea, Barcelona, Ed. G. Gili, 1982. Pp.113.
11. Ricard André, Op Cit. Pp.114.
12. Kant Immanuel, en "CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA", citado por Ricard André, "DISEÑO ¿POR QUÉ?, Colección Punto y línea, Barcelona, Ed. G. Gili, 1982. Pp.114.
13. Lambert Brittoin W., "DESARROLLO DE LA CAPACIDAD CREADORA", Ed. Kapelusz, Arg., 1972.
14. Cortés Morató Jordi, Martínez Riu Antoni, "DICCIONARIO DE FILOSOFÍA", Barcelona, Editorial Herder S.A., 1991.
15. Ibid.
16. ozemail@com.au/~caveman/creative/ "CREATIVIDAD, LA INGENIERÍA DEL PENSAMIENTO"
17. Ricard André, Op Cit. Pp.115.
18. Ehrenzweig, A. "PSICOANÁLISIS DE LA PERCEPCIÓN ARTÍSTICA", Barcelona, Ed. G. Gili, 1976. Pp.28.
19. Ricard André, Op Cit. Pp.135.
20. Ricard André, Op Cit. Pp.143.
21. Ricard André, Op Cit. Pp.145.

(*) Nota : IDEA. Según Platón la idea es la esencia inteligible de las cosas cuya existencia conocemos por medio de la dialéctica, es un propósito o intención que expresa un modo de pensar, una intención y creencia. La idea procede del griego que equivale etimológicamente a visión, referido al aspecto o figura que ofrece una cosa al verla; en este sentido, las múltiples significaciones de idea da lugar a varios modos de considerarlas: a) Se entiende a la idea cuando se equipara con un concepto; b) Se entiende a la idea psicológicamente cuando se equipara con una cierta entidad mental; c) Se entiende la idea metafísicamente cuando se equipara con cierta realidad; en este caso, Platón usó el término idea para designar la forma de una realidad, su imagen o perfil; por lo que, es frecuente en Platón ver que la visión de una cosa, si se indaga en su verdad, sea equivalente a la visión de la forma de la cosa bajo el aspecto de la idea, aquí las ideas se ven como causas, como la realidad objetiva designada por el concepto o las ideas como las cosas tales. Por otro lado, se ve a la idea según la representación simple de la cosa en la mente, la idea como representación mental de una cosa, por ello se puede conocer racionalmente lo que las cosas son (aspecto metafísico y ontológico). En esta línea, Berkeley y Hume; indican que la idea es la palabra que mejor sirve para indicar la función de representar cualquier cosa que sea el objeto del entendimiento, Idea = noción. Por otro lado, para Hegel, la idea es la unidad del concepto y de la realidad del concepto; y para Bergson, la idea es como la evaluación o abstracción de lo dado. Posteriormente el estudio y constitución de las ideas fue el objeto de análisis de una disciplina especial que surge a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX: La ideología y se utiliza el término "idea" cuando se hacen de las ideas, pensamientos que tienen o han tenido los hombres en diversas esferas.

22. Ricard André, Op Cit. Pp.146.
23. Gregotti Vitorio, Et al. "TEORÍA DE LA PROYECTACIÓN ARQUITECTÓNICA", Barcelona, Ed. G. Gili, 1971. Pp. 209.
24. Gregotti, Op, Cit. Pp. 210.
25. Ricard André, Op Cit. Pp.122.
26. Gregotti Vittorio, "EL TERRITORIO DE LA ARQUITECTURA", Barcelona, Esp. Ed. G. Gili, 1972. Pp.15.



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