Arquitectura   y   Humanidades

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Recomendaciones para la presentación de artículos y/o ensayos.

Fantasías gráficas

por: Arq. Carlos Marcelo Herrera
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Contenido:
 

  • El dibujo arquitectónico
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    "… una superficie plana y neutra... que recibe cualquier cosa que tú quieras, algo que se alza sólo fuera de la imaginación y de la destreza humana... Un hombre creativo con un instrumento receptivo que le inspira a producir lo que va a surgir"

    Alvar Aalto

     
    El dibujo arquitectónico

    Que los arquitectos tengan cierta habilidad y capacidad para construir, diseñar y dibujar, son en líneas generales algunas de las condiciones que socialmente se les exigen que posean. La acción del dibujar está latente en las otras dos tareas debido a que, entre la obra de arquitectura diseñada y construida, y el o los dibujos que la representan existe una compleja trama de relaciones, motivadas por el papel sustitutivo que el dibujo cumple frente a la producción.
    Esa representación gráfica es una forma de expresión del pensamiento, ya que a través de su realización un sujeto piensa y se expresa; en este sentido, dibujar, trazar es enunciar, actuar, hacer un objeto visible a los sentidos y al espíritu. Louis Kahn afirma que para expresarnos arquitectónicamente debemos "partir de lo no mensurable, se debe proceder a través de los medios mensurables en el proceso compositivo. El proyectar, el hacer, es un acto mensurable." Cita 1.  Norberg-Schulz, Ch. Digerud, J. Louis Kahn. Idea e Imagen. Pág. Así, al relatar la anécdota con relación al planteamiento de un joven discípulo, deja bien clara la complejidad inherente al diseño arquitectónico:
    "Maestro, sueño espacios llenos de maravilla. Espacios que se forman y se desarrollan fluidamente, sin principio, sin fin, constituidos por un material blanco y oro, sin junturas. Cuando trazo en el papel la primera línea para capturar el sueño, el sueño se desvanece".
    Las ideas, entidades de la razón y del espíritu, que resultan ser algo bastante borroso, apenas intuido, y bastante inasibles, sin forma consciente en el momento de su aparición; pero que, en el instante en que se traducen las imágenes mentales a imágenes gráficas, ya se las ha representado y se ha comenzado el camino de transformar la idea en un objeto concreto.

    Durante esa elaboración cambia la forma y la materia de las ideas iniciales, pero la esencia permanece, de modo que, el objeto final, material y funcional, sigue siendo la idea y su símbolo. Y, a medida que la idea pasa por diversos estadios para abandonar la abstracción, consolidarse y adquirir consistencia, va asimilando otras ideas contenidas en los nuevos factores contextuales, que aparecen a medida que el proceso continúa.
    Estas ideas a veces complementan la idea original y la enriquecen, a veces la ahogan, desvían o sustituyen, consciente o inconscientemente según el proceso particular que se trate. Pero ¿en qué consiste un dibujo de arquitectura?.
    Mientras un dibujo artístico, de tema arquitectónico tiene una finalidad estrictamente gráfica; un dibujo arquitectónico, tiene un referente arquitectónico y por lo tanto extragráfico. Entonces, un dibujo arquitectónico es: una producción realizada en el marco del medio gráfico; es una imagen, una serie de rasgos gráficos que componen una figura reconocible de carácter ideográfico;Cita 2.   Ideográfico: escritura en que las ideas se representan. es una superficie plana, sin relieve; su contenido ha de ser primordial y eminentemente arquitectónico; ha de tener una finalidad también arquitectónica y debe estar realizado con una técnica que permita alcanzar ese propósito. Además, existe un rasgo que caracteriza al dibujo de arquitectura y que consiste en una disposición mental, una intención que hace que el dibujo trascienda los aspectos meramente reales.

    No es suficiente el tema arquitectónico para que ese mismo adjetivo defina cual es la representación gráfica de aquél, es necesaria también una "forma mentis", una intención arquitectónica, manifestada primero por la elección de lo que se ha querido representar o poner en evidencia, el tema, después por el método de representación, y finalmente por la técnica de ejecución y a veces además, por ciertas convenciones para conferir al dibujo ese carácter arquitectónico. Esa mentalidad arquitectónica contamina, jerarquiza, categoríza tanto la elección del tema como los sistemas de representación y las técnicas gráficas.
    Las limitaciones de la representación gráfica Si entendemos que el dibujo arquitectónico es un medio sumamente valioso en el proceso de diseño, también hemos de reconocer que tiene una capacidad limitada para transmitir algunas características del mundo que nos rodea. Al respecto, Bruno Zevi sostiene que "donde quiera que exista una completa experiencia espacial para la vida, ninguna representación es suficiente;" Cita 3. Alberti. De re aedificatoria, En Sainz, J. El dibujo de arquitectura. así en el campo de la arquitectura, ni el más exhaustivo conjunto de planos, vistas, fotografías, animaciones de computación, películas y maquetas podrán reemplazar nunca a la experiencia real y personal de los valores arquitectónicos de un espacio concreto.
    Es importante considerar que entre los objetivos de la representación gráfica no se encuentra el de sustituir a la experiencia directa, sino de un modo absolutamente convencional y parcial para apropiarse del objeto que se quiere experimentar de un modo imperfecto, usando los diversos sistemas de representación. Estos sistemas presentan limitaciones importantes, siendo la central aquella que se enfrenta con la idea de modificación temporal y espacial, elemento característico de la experiencia arquitectónica; a la que se suma, la dificultad de representar en las dos dimensiones del papel, las diversas dimensiones del espacio arquitectónico.

    Este cuestionamiento de los medios con los que se cuenta, nos conduce a la comprensión de la existencia de un mundo de significados. Más allá de las posibilidades que esos mismos medios tienen; tales significados suelen estar, a su vez, relacionados con la obra de arquitectura, y constituyen, de alguna manera, una suerte de autonomía del dibujo arquitectónico. Por medio de este mecanismo, el dibujo de arquitectura transporta contenidos propios, - ni sustitutivos ni estrictamente formales -, sobre la obra representada, convirtiéndose en un dibujo parlante, que habla de la arquitectura, contando sobre ella historias, simbolizándola, narrándola, transportando, en fin, información sobre sus contenidos o sus significados; información que puede ser funcional, estilística, iconográfica, psicológica, histórica o de muchos otros tipos, pero que no es formal, aún cuando coexista con ella.
    Entre realidad y utopía los usos del dibujo de arquitectura son múltiples y variados, van desde la realización del proyecto ejecutivo hasta la elaboración gráfica de complejos conceptos arquitectónicos.
    El dibujo posee un alto contenido instrumental que acompaña a su capacidad expresiva, a tal punto que se encuentra al servicio de la arquitectura, del mismo modo que la escritura está al servicio del pensamiento y la imaginación. En determinadas épocas las dificultades para construir llevaron a los arquitectos a utilizar el medio gráfico como única vía de manifestación de sus concepciones


    En determinadas épocas las dificultades para construir llevaron a los arquitectos a utilizar el medio gráfico como única vía de manifestación de sus concepciones arquitectónicas. En muchos casos la incapacidad para hacer realidad sus edificios y las infinitas posibilidades de la representación gráfica, llevaron a los autores a dibujar arquitectura que no tenía ninguna intención de ser construida, simplemente reflejaban en ella las fantasías que invadían la mente de su creador. Podemos citar como ejemplos a Piranesi, Etienne-Louis Boullé, Franco Purini, Antonio San't Elia, Buckminster Fuller, Chernikov, Le Corbusier, Zaha Hadid, Bernard Tschumi, Rem Koohlhaas, Mathias Ungers, Aldo Rossi, etc.

    Se pueden invocar dos motivos fundamentales que explican tal situación: el primero de orden coyuntural y ajeno a su voluntad, la crisis edilicia de algunas décadas; el segundo, por una expresa decisión personal, de que previa al construir, debe estar la búsqueda del orden y la claridad conceptual que lo sostenga y fundamente.
    Estas ideas y proyectos se sitúan siempre en un limite entre realidad y utopía, aunque más próximos a ésta última en la mayoría de los casos. El dibujo resulta ser entonces un excelente instrumento con que expresar el pensamiento arquitectónico, sin embargo, la enorme seducción que el mismo ejerce conlleva el gran riesgo de transformarlo en un fin en sí mismo, condicionando y subordinando a todo el proceso de diseño.

    Puede ocurrir también que el dibujo no haga referencia a ninguna realidad, bien sea porque el edificio no llegó a construirse o porque la propia representación no pretendía ser llevada al punto de lo real. El croquis, esquicio o boceto. La facultad de expresarse rápidamente correcta e instintivamente en términos gráficos no resulta tener nada de excepcional, no es una gracia divina de la que se puede gozar en mayor o menor grado dependiendo del azar o de las intervenciones externas a nuestra voluntad; es una capacidad que se adquiere con paciencia y voluntad a través de un ejercicio honesto, constante, prolongado en el tiempo y sobre todo con la observación rigurosamente fiel del mundo visible que nos rodea. Si la enseñanza de los dibujos de presentación ha estado tradicionalmente instituida, parece que los educadores de arquitectura han dado por sentado los croquis; como si enfocar la enseñanza del boceto de un modo directo fuera a hacerle perder su integridad, su magia creadora; se supone que al croquizar se aprenderá por intuición, como fruto de las semillas que otras enseñanzas dejaron.         
    La importancia de un tipo de dibujo conocido como croquis, esquicio o boceto; se centra en su valoración como recurso en el proceso de diseño, como instrumento de diálogo y monólogo del arquitecto consigo mismo, diálogo en el mundo pedagógico, con los otros componentes de estudio o con el cliente.
    El término "esquicio" alude a la idea de esquema, es decir la representación de una figura sin entrar en detalles, indicando sus relaciones y funcionamiento; proviene del italiano schizzo, schizzare, y significa en primer lugar "brotar" y la "mancha que produce un líquido al salpicar", las manchas resultantes también aluden a schizzi, es decir imagen de ojos saltones; también significa "salir corriendo, salir en tropel enérgicamente"; después toma el sentido de "dibujos provisionales". Así, se entiende por schizzo o esquicio a la primera operación, la de hacer brotar en "grandes trazos" los rasgos más significativos del proyecto para la resolución del programa y de las decisiones tomadas.

    El Término croquis es posterior y viene de croquer, croquizar, término de pintura que significa "tomar rápidamente del natural". Esa costumbre de la observación permitirá también imprimir al dibujo esas cualidades de justa proporción. Estos atributos aparecerán en los bocetos del arquitecto si este ha madurado honesta y sabiamente su preparación en el diseño, permitiéndole expresarse gráficamente de la manera más eficaz y evidente para poder así visualizar rápidamente a través del dibujo: características volumétricas, atributos de claroscuro, luminosidad, y todo cuanto contribuya en su mente a convertir en válida y completa la idea arquitectónica.
    Esbozar una idea quiere decir lo contrario a tenerla o concluirla, para poder capturar la rapidez de un pensamiento brillante se requiere la mayor celeridad en las reacciones. De este modo el croquis se convierte en la primera idea, que significa la "guía y modelo" para cualquier desarrollo posterior; reúne las características de rapidez de ejecución, economía de recursos aspecto sintético. La existencia del croquis, reside esencialmente en las intenciones de fijar, comparar, confrontar y combinar imágenes mentales en el brevísimo momento en que uno explora la realidad para posibilitar que la mano tenga tras de sí la rápida y a veces simultánea asociación con las ideas en mente, anotando de esas ideas aquello necesario para representarlas, aunque sea de manera embrional.

    Mientras más lento sea el método de representación, más rápido perderá su rasgo y originalidad la idea; paradójicamente, si se entrena la mano hasta conseguir elevados niveles de habilidad, el croquis perderá su principio fundamental de espontaneidad, convirtiéndose en una mera fórmula.
    Así entendemos al dibujo de arquitectura, como un verdadero procedimiento creativo de búsqueda e indagación de ideas arquitectónicas que, a medida que se conciben, se dibujan, y se definen, se plasman en un punto determinado de su proceso de desarrollo. En este sentido necesitamos explicitar que, durante el desarrollo del proceso de diseño arquitectónico, los sistemas gráficos dejan de ser sistemas de representación, ya que la labor no consiste en representar, en dibujar algo presente; si no que adquieren el carácter de sistemas de prefiguración, que posibilitan pre-figurar, anticipar, imaginar una propuesta espacial que por el momento sólo existe en el plano gráfico. Es el dibujo, para la labor de los arquitectos, un instrumento útil para generar imágenes arquitectónicas.
    Las imágenes no las crea el dibujo, que las provoca, las encontramos por medio de él, las fija; son las cartas necesarias para el juego.

    Además de ser un instrumento de producción, el dibujo se presenta como un auténtico medio de expresión, inducción y generación de concepciones arquitectónicas en el sentido más amplio del término; como el medio que más opciones ofrece para el análisis de temas vinculados con la Arquitectura.
    Entonces, hemos de asignar al dibujo arquitectónico la categoría de problema mental, para realizar con la mano, con el pie o con la boca, en otras palabras, en la búsqueda de la manifestación, consolidación y definición de imágenes y conceptos arquitectónicos, sin, por ello, confundir inteligencia con habilidad.
    Coincidimos con Paolo Portoghesi en que el dibujo de arquitectura es "antes que un conjunto de líneas trazadas sobre un pedazo de papel, un conjunto de operaciones establecidas por la mente humana." De todos modos, además de este aspecto mental, no debemos perder de vista la importancia de la manualidad del dibujo de arquitectura.
    Asumiremos, junto con Gregotti, la posición de entender y proteger el uso del instrumento, la práctica del diseño, la actividad gráfica y su carácter manual como el único vínculo corpóreo con que el arquitecto prefigura el objeto, materia física que debe formar.


    Notas

    1. Norberg-Schulz, Ch. Digerud, J. Louis Kahn. Idea e Imagen. Pág. 63.

    2. Ideográfico: escritura en que las ideas se representan por medio de figuras o símbolos.

    3. Alberti. De re aedificatoria, En Sainz, J. El dibujo de arquitectura. Pag. 46. 3.- Portoghesi, L'angelo della storia, 1982. En Sainz, J: Op. Cit. Pag. 46.

     

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