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"
una superficie plana
y neutra... que recibe cualquier cosa que tú quieras,
algo que se alza sólo fuera de la imaginación
y de la destreza humana... Un hombre creativo con un instrumento
receptivo que le inspira a producir lo que va a surgir"
Alvar Aalto
El dibujo arquitectónico
Que los arquitectos tengan cierta habilidad y capacidad
para construir, diseñar y dibujar, son en líneas
generales algunas de las condiciones que socialmente se
les exigen que posean. La acción del dibujar está
latente en las otras dos tareas debido a que, entre la
obra de arquitectura diseñada y construida, y el
o los dibujos que la representan existe una compleja trama
de relaciones, motivadas por el papel sustitutivo que
el dibujo cumple frente a la producción.
Esa representación gráfica es una forma
de expresión del pensamiento, ya que a través
de su realización un sujeto piensa y se expresa;
en este sentido, dibujar, trazar es enunciar, actuar,
hacer un objeto visible a los sentidos y al espíritu.
Louis Kahn afirma que para expresarnos arquitectónicamente
debemos "partir de lo no mensurable, se debe proceder
a través de los medios mensurables en el proceso
compositivo. El proyectar, el hacer, es un acto mensurable."
Así, al relatar la anécdota
con relación al planteamiento de un joven discípulo,
deja bien clara la complejidad inherente al diseño
arquitectónico:
"Maestro, sueño espacios llenos de maravilla.
Espacios que se forman y se desarrollan fluidamente, sin
principio, sin fin, constituidos por un material blanco
y oro, sin junturas. Cuando trazo en el papel la primera
línea para capturar el sueño, el sueño
se desvanece".
Las ideas, entidades de la razón y del espíritu,
que resultan ser algo bastante borroso, apenas intuido,
y bastante inasibles, sin forma consciente en el momento
de su aparición; pero que, en el instante en que
se traducen las imágenes mentales a imágenes
gráficas, ya se las ha representado y se ha comenzado
el camino de transformar la idea en un objeto concreto.
Durante esa elaboración cambia la forma y la
materia de las ideas iniciales, pero la esencia permanece,
de modo que, el objeto final, material y funcional,
sigue siendo la idea y su símbolo. Y, a medida
que la idea pasa por diversos estadios para abandonar
la abstracción, consolidarse y adquirir consistencia,
va asimilando otras ideas contenidas en los nuevos
factores contextuales, que aparecen a medida que el
proceso continúa.
Estas ideas a veces complementan la idea original
y la enriquecen, a veces la ahogan, desvían
o sustituyen, consciente o inconscientemente según
el proceso particular que se trate. Pero ¿en
qué consiste un dibujo de arquitectura?.
Mientras un dibujo artístico, de tema arquitectónico
tiene una finalidad estrictamente gráfica;
un dibujo arquitectónico, tiene un referente
arquitectónico y por lo tanto extragráfico.
Entonces, un dibujo arquitectónico es: una
producción realizada en el marco del medio
gráfico; es una imagen, una serie de rasgos
gráficos que componen una figura reconocible
de carácter ideográfico;
es una superficie plana, sin relieve; su contenido
ha de ser primordial y eminentemente arquitectónico;
ha de tener una finalidad también arquitectónica
y debe estar realizado con una técnica que
permita alcanzar ese propósito. Además,
existe un rasgo que caracteriza al dibujo de arquitectura
y que consiste en una disposición mental, una
intención que hace que el dibujo trascienda
los aspectos meramente reales.
No es suficiente el tema arquitectónico para
que ese mismo adjetivo defina cual es la representación
gráfica de aquél, es necesaria también
una "forma mentis", una intención
arquitectónica, manifestada primero por la
elección de lo que se ha querido representar
o poner en evidencia, el tema, después por
el método de representación, y finalmente
por la técnica de ejecución y a veces
además, por ciertas convenciones para conferir
al dibujo ese carácter arquitectónico.
Esa mentalidad arquitectónica contamina, jerarquiza,
categoríza tanto la elección del tema
como los sistemas de representación y las técnicas
gráficas.
Las limitaciones de la representación gráfica
Si entendemos que el dibujo arquitectónico
es un medio sumamente valioso en el proceso de diseño,
también hemos de reconocer que tiene una capacidad
limitada para transmitir algunas características
del mundo que nos rodea. Al respecto, Bruno Zevi sostiene
que "donde quiera que exista una completa experiencia
espacial para la vida, ninguna representación
es suficiente;"
así en el campo de la
arquitectura, ni el más exhaustivo conjunto
de planos, vistas, fotografías, animaciones
de computación, películas y maquetas
podrán reemplazar nunca a la experiencia real
y personal de los valores arquitectónicos de
un espacio concreto.
Es importante considerar que entre los objetivos de
la representación gráfica no se encuentra
el de sustituir a la experiencia directa, sino de
un modo absolutamente convencional y parcial para
apropiarse del objeto que se quiere experimentar de
un modo imperfecto, usando los diversos sistemas de
representación. Estos sistemas presentan limitaciones
importantes, siendo la central aquella que se enfrenta
con la idea de modificación temporal y espacial,
elemento característico de la experiencia arquitectónica;
a la que se suma, la dificultad de representar en
las dos dimensiones del papel, las diversas dimensiones
del espacio arquitectónico.
Este cuestionamiento de los medios con los que se
cuenta, nos conduce a la comprensión de la
existencia de un mundo de significados. Más
allá de las posibilidades que esos mismos medios
tienen; tales significados suelen estar, a su vez,
relacionados con la obra de arquitectura, y constituyen,
de alguna manera, una suerte de autonomía del
dibujo arquitectónico. Por medio de este mecanismo,
el dibujo de arquitectura transporta contenidos propios,
- ni sustitutivos ni estrictamente formales -, sobre
la obra representada, convirtiéndose en un
dibujo parlante, que habla de la arquitectura, contando
sobre ella historias, simbolizándola, narrándola,
transportando, en fin, información sobre sus
contenidos o sus significados; información
que puede ser funcional, estilística, iconográfica,
psicológica, histórica o de muchos otros
tipos, pero que no es formal, aún cuando coexista
con ella.
Entre realidad y utopía los usos del dibujo
de arquitectura son múltiples y variados, van
desde la realización del proyecto ejecutivo
hasta la elaboración gráfica de complejos
conceptos arquitectónicos.
El dibujo posee un alto contenido instrumental que
acompaña a su capacidad expresiva, a tal punto
que se encuentra al servicio de la arquitectura, del
mismo modo que la escritura está al servicio
del pensamiento y la imaginación. En determinadas
épocas las dificultades para construir llevaron
a los arquitectos a utilizar el medio gráfico
como única vía de manifestación
de sus concepciones
En determinadas épocas las dificultades para
construir llevaron a los arquitectos a utilizar el
medio gráfico como única vía
de manifestación de sus concepciones arquitectónicas.
En muchos casos la incapacidad para hacer realidad
sus edificios y las infinitas posibilidades de la
representación gráfica, llevaron a los
autores a dibujar arquitectura que no tenía
ninguna intención de ser construida, simplemente
reflejaban en ella las fantasías que invadían
la mente de su creador. Podemos citar como ejemplos
a Piranesi, Etienne-Louis Boullé, Franco Purini,
Antonio San't Elia, Buckminster Fuller, Chernikov,
Le Corbusier, Zaha Hadid, Bernard Tschumi, Rem Koohlhaas,
Mathias Ungers, Aldo Rossi, etc.
Se pueden invocar dos motivos fundamentales que explican
tal situación: el primero de orden coyuntural
y ajeno a su voluntad, la crisis edilicia de algunas
décadas; el segundo, por una expresa decisión
personal, de que previa al construir, debe estar la
búsqueda del orden y la claridad conceptual
que lo sostenga y fundamente.
Estas ideas y proyectos se sitúan siempre en
un limite entre realidad y utopía, aunque más
próximos a ésta última en la
mayoría de los casos. El dibujo resulta ser
entonces un excelente instrumento con que expresar
el pensamiento arquitectónico, sin embargo,
la enorme seducción que el mismo ejerce conlleva
el gran riesgo de transformarlo en un fin en sí
mismo, condicionando y subordinando a todo el proceso
de diseño.
Puede ocurrir también que el dibujo no haga
referencia a ninguna realidad, bien sea porque el
edificio no llegó a construirse o porque la
propia representación no pretendía ser
llevada al punto de lo real. El croquis, esquicio
o boceto. La facultad de expresarse rápidamente
correcta e instintivamente en términos gráficos
no resulta tener nada de excepcional, no es una gracia
divina de la que se puede gozar en mayor o menor grado
dependiendo del azar o de las intervenciones externas
a nuestra voluntad; es una capacidad que se adquiere
con paciencia y voluntad a través de un ejercicio
honesto, constante, prolongado en el tiempo y sobre
todo con la observación rigurosamente fiel
del mundo visible que nos rodea. Si la enseñanza
de los dibujos de presentación ha estado tradicionalmente
instituida, parece que los educadores de arquitectura
han dado por sentado los croquis; como si enfocar
la enseñanza del boceto de un modo directo
fuera a hacerle perder su integridad, su magia creadora;
se supone que al croquizar se aprenderá por
intuición, como fruto de las semillas que otras
enseñanzas dejaron.
La importancia de un tipo de dibujo conocido como
croquis, esquicio o boceto; se centra en su valoración
como recurso en el proceso de diseño, como
instrumento de diálogo y monólogo del
arquitecto consigo mismo, diálogo en el mundo
pedagógico, con los otros componentes de estudio
o con el cliente.
El término "esquicio" alude a la
idea de esquema, es decir la representación
de una figura sin entrar en detalles, indicando sus
relaciones y funcionamiento; proviene del italiano
schizzo, schizzare, y significa en primer lugar "brotar"
y la "mancha que produce un líquido al
salpicar", las manchas resultantes también
aluden a schizzi, es decir imagen de ojos saltones;
también significa "salir corriendo, salir
en tropel enérgicamente"; después
toma el sentido de "dibujos provisionales".
Así, se entiende por schizzo o esquicio a la
primera operación, la de hacer brotar en "grandes
trazos" los rasgos más significativos
del proyecto para la resolución del programa
y de las decisiones tomadas.
El Término croquis es posterior y viene de
croquer, croquizar, término de pintura que
significa "tomar rápidamente del natural".
Esa costumbre de la observación permitirá
también imprimir al dibujo esas cualidades
de justa proporción. Estos atributos aparecerán
en los bocetos del arquitecto si este ha madurado
honesta y sabiamente su preparación en el diseño,
permitiéndole expresarse gráficamente
de la manera más eficaz y evidente para poder
así visualizar rápidamente a través
del dibujo: características volumétricas,
atributos de claroscuro, luminosidad, y todo cuanto
contribuya en su mente a convertir en válida
y completa la idea arquitectónica.
Esbozar una idea quiere decir lo contrario a tenerla
o concluirla, para poder capturar la rapidez de un
pensamiento brillante se requiere la mayor celeridad
en las reacciones. De este modo el croquis se convierte
en la primera idea, que significa la "guía
y modelo" para cualquier desarrollo posterior;
reúne las características de rapidez
de ejecución, economía de recursos aspecto
sintético. La existencia del croquis, reside
esencialmente en las intenciones de fijar, comparar,
confrontar y combinar imágenes mentales en
el brevísimo momento en que uno explora la
realidad para posibilitar que la mano tenga tras de
sí la rápida y a veces simultánea
asociación con las ideas en mente, anotando
de esas ideas aquello necesario para representarlas,
aunque sea de manera embrional.
Mientras más lento sea el método de
representación, más rápido perderá
su rasgo y originalidad la idea; paradójicamente,
si se entrena la mano hasta conseguir elevados niveles
de habilidad, el croquis perderá su principio
fundamental de espontaneidad, convirtiéndose
en una mera fórmula.
Así entendemos al dibujo de arquitectura, como
un verdadero procedimiento creativo de búsqueda
e indagación de ideas arquitectónicas
que, a medida que se conciben, se dibujan, y se definen,
se plasman en un punto determinado de su proceso de
desarrollo. En este sentido necesitamos explicitar
que, durante el desarrollo del proceso de diseño
arquitectónico, los sistemas gráficos
dejan de ser sistemas de representación, ya
que la labor no consiste en representar, en dibujar
algo presente; si no que adquieren el carácter
de sistemas de prefiguración, que posibilitan
pre-figurar, anticipar, imaginar una propuesta espacial
que por el momento sólo existe en el plano
gráfico. Es el dibujo, para la labor de los
arquitectos, un instrumento útil para generar
imágenes arquitectónicas.
Las imágenes no las crea el dibujo, que las
provoca, las encontramos por medio de él, las
fija; son las cartas necesarias para el juego.
Además de ser un instrumento de producción,
el dibujo se presenta como un auténtico medio
de expresión, inducción y generación
de concepciones arquitectónicas en el sentido
más amplio del término; como el medio
que más opciones ofrece para el análisis
de temas vinculados con la Arquitectura.
Entonces, hemos de asignar al dibujo arquitectónico
la categoría de problema mental, para realizar
con la mano, con el pie o con la boca, en otras palabras,
en la búsqueda de la manifestación,
consolidación y definición de imágenes
y conceptos arquitectónicos, sin, por ello,
confundir inteligencia con habilidad.
Coincidimos con Paolo Portoghesi en que el dibujo
de arquitectura es "antes que un conjunto de
líneas trazadas sobre un pedazo de papel, un
conjunto de operaciones establecidas por la mente
humana." De todos modos, además de este
aspecto mental, no debemos perder de vista la importancia
de la manualidad del dibujo de arquitectura.
Asumiremos, junto con Gregotti, la posición
de entender y proteger el uso del instrumento, la
práctica del diseño, la actividad gráfica
y su carácter manual como el único vínculo
corpóreo con que el arquitecto prefigura el
objeto, materia física que debe formar.
Notas
- Norberg-Schulz, Ch. Digerud, J. Louis Kahn. Idea
e Imagen. Pág. 63.
- Ideográfico: escritura en que las ideas
se representan por medio de figuras o símbolos.
- Alberti. De re aedificatoria, En Sainz, J. El
dibujo de arquitectura. Pag. 46. 3.- Portoghesi,
L'angelo della storia, 1982. En Sainz, J: Op.
Cit. Pag. 46.
Arq. Carlos Marcelo Herrera 
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