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"En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del hombre."
Juan 1; 51
Apertura
Para aquello que aún queda por explorar, existen varias rutas, por las cuales, seguramente se llegará a descubrir parte de la esencia de las cosas. Este es el afán de lo que a continuación se devela dentro de "La morada del ángel"; espacio de la imaginación que bien podría ser el lugar en que el manantial de la vida habita el alma.
Legendario es el hecho de tratar de concebir el espacio, memorial es el modo en que se encapsula entre cuatro muros y una tapa que tratan de controlar su volumen, en alguno de estos paramentos es posible encontrar un hueco que permite la fluidez entre lo interno y lo externo, mas la significación del espacio puro queda oculta, no se percibe en primera instancia por los sentidos cuando ignoran el lenguaje; cabría preguntarse ¿qué contiene, la nada cuya espera aguarda ser escuchada? ¿qué es aquello que para el hombre es misterio en tres dimensiones y para el alma poesía que trasciende y trastoca el infinito?
Preguntas, cuyas respuestas son vivencias de lugares cotidianos, de distancias recorridas, atmósferas donde se deja parte del tiempo vivo, el presente, y se congela en instantes el recuerdo. Aún debe haber algo capaz de escapar a lo habitual que puede ser la vorágine citadina, devoradora de la conciencia y nube del entendimiento. Como la hidra, la ciudad se convierte en ese ser mitológico de varias extremidades, capaz de engrandecer o empequeñecer todo significado, es el espacio de la masividad, donde los símbolos convergen y las imágenes de lo posible llegan a convivir en la costumbre; oasis de lo que se entiende como verdadero.
Bajo los volúmenes que se aproximan a las estrellas, habita el hombre sobre tierra de asfalto; su destino, caminar de un lugar a otro hasta llegar al hogar de reposo; la calle, transformada en corredor de la vida es testigo de la multitud que converge; la ciudad del viento entonces, cobra sentido en nuestros días donde la soledad se mide al estar entre personas.
Frente al hecho que se vive, el alma forma su santuario interior, donde anida para contemplar lo que le es ajeno, diariamente la calle por la que transita conduce al hombre por el laberinto urbano, hasta que, en alguna de sus sendas lo sitúen en la morada del ángel .Delante de ella; traspasara su portal... adentro, solo escuchara el murmullo del silencio. Al salir, se habrá dado cuenta que mucho antes de entrar ya había estado ahí.
Prologo
Solo algunas veces, algo escapa del control universal,
es cuando entre cielo y suelo, el tiempo camina bajo
otras leyes que no son las de la física. Las
estrellas bajan del firmamento en busca del brillo
de la siguiente noche; el alba acaba por dejar el
escondite de los recuerdos, con la esperanza de que
algún día al despertar alguno de ellos
se ha encontrado.
En las próximas horas se refugiara en el azul
del misterio, matizara la atmósfera que cubrirá
la ciudad dejando a su paso una estela de sueños
plateados. Todo llegara a despertar cuando el sol
toque con sus manos la tierra y devueltas las sombras
de su destierro convivan con la volumétrica
que nace de las entrañas de la ciudad.
Aquí donde el caos es común y el destierro
incierto, sus habitantes reviven la nostalgia de su
futuro y esperan la llegada del pasado.
De entre este mundo de sombras que despiertan; los
pasos de alguien suavizan el silencio de las calles;
las estrellas matutinas dirigen su andar por algún
rato, hasta llegar a su destino: el refugio del alma.
El sol terminara de situarse en el firmamento; las
sombras huyen ha refugiarse entre las grietas de algún
muro, esperaran que el reino sea de nuevo suyo, otras
en cambio navegaran sobre la faz de la tierra ocultas
por la luz hacia donde su estrella las llame.
I
El hombre común despierta de su letargo cotidiano, se da cuenta que hoy ha dejado de ser el día de ayer, se ha despertado de una manera diferente, ya no es el mismo; ha recordado una frase que decía: "cada día se es mas sabio que el día anterior..."
Sin terminar aún de despertar y con los ojos empañados por el sueño anterior; focaliza con dificultad los rayos de la mañana, que lo saludan; su ventana los ha dejado entrar sin avisarle, se da cuenta que amaneció. Posa la vista en la ventana para ver a lo lejos, las nubes que huyen sin dejar de fabricar sus formas innombrables; dentro de sus ojos parece no vislumbrar otra cosa mas que la tranquilidad; esa blanca tranquilidad, que se aleja de sus pupilas.
Volvió la vista hacia un reloj que se encontraba en su buró, solo han pasado un par de minutos, los que anduvo buscando toda su vida. Revisa de un vistazo su pequeño cuarto; recorre rincón tras rincón su estancia...; observó su secreto cada vez que abría y cerraba los ojos; así logro descubrir el baúl donde guardaba sus recuerdos, el ropero de donde sacaba su abrigo; fue capaz de sorprender a la araña que se colgaba de su columpio de seda y en el piso a la hormiga que madrugaba; pensó tal vez: "como todos los días a la misma hora..."
El reflejo de aquel instante hizo ver en aquel hombre, que ese día no era igual a los anteriores.
Salto de la cama en busca de unas sandalias que no encontró; postro su pie en el piso, sintió su textura, su color, pudo quemarse al tocar los rayos reflejados por el sol, pero no sucedió; siguió entonces su trayecto rumbo al baño .
Frente al espejo abrió los ojos y miro de frente el reflejo de su alma, triste, no vió más por que no había más que ver. Dio vuelta una a una las llaves del lavabo; juntó las palmas bajo el chorro de agua, esperó que estuvieran llenas, que escurrieran para así mojar su cara; acercándolas, vio el reflejo de su vida pasada y se las hechó encima; el agua recorrió su rostro absorbiendo la historia; agarró la toalla que colgaba de una argolla, para secarse y descubrir en el espejo, el reflejo de un ángel.
Casi al instante volvió la mirada hacia atrás; sin mirar a nadie, revisó azulejo por azulejo el baño y caviló para sus adentros: "debió de haber sido el reflejo del sol que se cuela cristalinamente por la ventana". Ahí descubrió, dentro de la textura del vidrio, pequeños arcoiris que inundaron el espacio de una luz que no parecía venir de allá arriba; era posible percibir el arrojo de la sombra de entre los mosaicos, como si dialogaran la mañana y contemplaran el atardecer.
Asombrado por el descubrimiento regreso al espejo para terminar de lavarse. Con la duda en la mente, por lo que creyó haber visto, salió del baño para cerrarlo.
Aproximándose al ropero sintió que el piso le quemaba con su color naranja, mas en un movimiento de destreza posó cada uno de los pies en uno de los mosaicos blancos que se intercalaban en la estancia; casi sin perder el equilibrio trato de abrir el ropero pero percibió como el soplo de alguien le pasaba por detrás; en esos momentos se movió con tal rapidez que logro dominar el espacio, sin tocar ni un mosaico naranja. Empezó a moverse dentro de su propio eje tratando de vislumbrar aquella presencia, mas a cada vuelta solo encontraba su sombra.
Se acercó a la ventana para comprobar que seguía cerrada, tras ella sólo alcanzaba percibir la vorágine de la inmensidad en azul y el muro que marcaba su limite. Quitando el cerrojo de esa puerta liberó su vista para perderla en el exterior sobre el oleaje del viento, se sintió libre por un instante; ya no regresaría siendo el mismo. El hombre desplomó sus párpados para soñar; durante el viaje, se zambulló en su soledad tratando de encontrar quien sabe que respuesta a cuanto pregunta recordaba, sólo silencio escucho de su vientre; reconoció un sonido... el del viento.
Luz a luz su cuerpo vio llenarse de sol, sus párpados quedaron bañados de dorado brillo y aquel hombre observó la grandeza desde su interior, dejó a un lado su laberinto personal para darse al aire. Soñó sus recuerdos, percibió el color de las flores, toco el aroma de su fragancia (vivió su vida de nuevo); paseo entre los árboles de la plaza, descuadró patios con el juego de la infancia, la altura nunca como en aquel entonces importó, subió por escaleras de mil y una formas habidas y otras tantas sin descubrir, sintió curiosidad por todo el mundo, su misterio era descubrir el comportamiento de los materiales, cuando estos eran sacados de su estado habitual.
Pero su teoría era siempre contradecida por las tundas que dejaban un par de golpes en su hipótesis derecha e izquierda.
De alguna manera sentía la libertad de marcar su territorio, empezó rayando las paredes, colgó alguno que otro póster, hasta que ya no cabía nada mas, sus muros para entonces callaron.
El espacio continuo día tras día sufriendo metamorfosis, algunas veces era laboratorio, otras taller de pintura, cuarto de estudios, salón de baile, dormitorio, templo de meditación, sala de conciertos, auditorio, comedor, sala de estar, oficina, hospital, biblioteca, galería, centro de computo, vestidor, cárcel, fortaleza, estudio fotográfico, juzgado, escondite, etcétera.
Revivió los espacios donde dejó su infancia, los parques, las nubes, la lluvia, los árboles , la ciudad, la luna, el sol...
Regreso, con los ojos abiertos, volviendo como si siempre hubiese estado lejos de él.
Termino de vestirse, comió algo rápido y salió a la calle con el rumbo que su sombra le dictaba.
La Estela del Viento
Basta imaginar para sobrepasar la realidad en la cual estamos inmersos, para recibir los dones de las imágenes que se nos presentan, no como son, sino como el espíritu las reclama.
Entendemos el ejercicio de imaginar como la capacidad de formar imágenes a partir de lo que vivimos, nada más alejado de la esencia del acto imaginativo.
El hombre "debe ser definido por el conjunto de las tendencias que lo impulsan a sobrepasar la condición humana"; trascender constituye, no sólo el hecho de ser alguien más, conlleva el aliento que impulsa toda actividad humana y por consiguiente su obra; hacer referencia a valores que están mas allá de la percepción de los sentidos.
El fluir de la imaginación nace del aliento del espíritu que busca la excepción. Mas la imaginación tiene anclas amarradas a la memoria de los "sueños primitivos" ,de aquellas imágenes guardadas en la profundidad oscura del recuerdo. El pasado ancestral, concebido como memoria presente, tiene raíces profundas que se arraigan al alma, capaces de restablecer el encantamiento sobre los conceptos gastados que viven sin contenido "original".
El origen imaginativo establece fuerzas que motivan al espíritu, unas "cobran vuelo ante la novedad; se recrean con lo pintoresco, con lo vario, con el acontecimiento inesperado" son movidas por la materia, por la constitución del elemento captado a través de los sentidos, hablamos de la "imaginación formal".
Las otras se encuentran sumergidas en el ser, "quieren encontrar en el ser a la vez lo primitivo y lo eterno", buscan lo invisible; bajo la materia debe existir el germen, lo oculto a simple vista por eso van mas allá de la forma y se dirigen a su sustancia interior, así se conforma la "imaginación material".
Encontramos como componentes de la imaginación el pensamiento y el objeto, relación necesaria para establecer el acto imaginativo, pero es preciso observar mas allá del simple hecho comparativo entre elementos de diferente naturaleza pero complementarios.
Las imágenes que formulamos (producto del binomio imaginario), pueden ser concebidas con muy distinto germen, así, debido al tipo de relaciones que se dan, puede haber imágenes donde pesa mas el valor del objeto que el del trasfondo o a la inversa donde el contenido del pensamiento tiene un mayor peso que el valor del objeto; de esta manera se generan los "complejos de la cultura"; resultado de esto son, por ejemplo las imágenes del espectáculo, que vislumbran un mundo idealizado, imágenes que van directo a hipnotizar los sentidos, a cautivar por el objeto, pero las hay aun mas oscuras y son aquellas que nublan el pensamiento con su contenido.
Las imágenes que nos interesará vislumbrar son aquellas que buscan trascender; donde la materia, llena de intimidad el ser y la forma con su capacidad expresiva realizara simbiosis; para que, como dice Bachelard sobre la obra concebida que finalmente es lo que se logra crear "tenga la variedad del verbo, la vida cambiante de la luz."
Siendo el objeto resultado de la imaginación humana, constituye un elemento analizable, mas la valoración que pueda hacerse de él queda fuera del margen de quien lo genera. Así el objeto queda a la deriva a merced de la interpretación de quien lo aprecie.
Dentro de todo este proceso el creador y por consiguiente el arquitecto, participa como el catalizador de las inquietudes, no solo del espíritu humano sino de los valores que considera como inamovibles, con ello, se hace la lectura del objeto en que se refleja el sentir de una época.
Así, solo disponemos de la materia, del objeto "para conocer al hombre", por lo tanto la lectura del hombre será por medio de la lectura de lo que edifique.
Trascender, implica un acto creativo, donde la forma es a la medida de la materia, no se concibe por el azar sino por obra de un espíritu que tiende a ser la diferencia. De tal modo que la fuerza capaz de generar imágenes cuyo resultado se manifiesta como "obra poética", debe de ir al fondo de sí, a la profundidad donde habita la esencia de las cosas.
Encontrar la esencia, que se nos revela desconocida y oculta; bastaría "ser fieles aun sentimiento humano primitivo, a una realidad orgánica primera, a un temperamento onírico fundamental."
La imaginación como menciona Bachelard, "no es la facultad de formar imágenes de la realidad; es la facultad de formar imágenes que sobrepasen la realidad, que cantan la realidad." Tenemos entonces que la conjunción de pensamiento y objeto puede estar formulada bajo una ética que no olvide instituir al hombre dentro de su visión, sin dejar de encauzarlo a ir mas allá de la "condición humana". La arquitectura fruto del acto imaginativo conlleva estas aspiraciones, como valoraciones que están en manos del arquitecto, en el momento que se esbozan las primeras aproximaciones espaciales. Pareciera en primera instancia que la retórica esta dirigida a generar un mundo particular ideal- ajeno al fenómeno arquitectónico, es todo lo contrario, se sitúa en un principio fundamental de la profesión, que es la habitabilidad; esta conjunción de condicionantes arquitectónicas que dan como síntesis el habitar. Es aquí donde el pensamiento llena de significados las formas, moldea los materiales de contenido simbólico, para constituir una obra arquitectónica que aparte de resolver las necesidades materiales, se dirija a las necesidades del espíritu, que navegan en la profundidad del ser y que solo son captadas por el alma.
La imaginación es "herramienta" más que "inventiva", es la estela que debe seguir todo acto creativo, desde el mas pretencioso hasta el más humilde, es el contenido que engloba el hacer humano, como el viento invisible ante la vista, pero perceptible ante el tacto, es el aliento que mueve las fuerzas internas del objeto, que se expresan; entonces la forma habla, pronuncia su palabra simbólica, no se abstiene de permanecer enmudecida.
"La imaginación inventa algo más que cosas y dramas, inventa la vida nueva, inventa el espíritu nuevo; abre ojos que tienen nuevos tipos de visión. Vera si tiene "visiones". Tendrá visiones si se educa en las ensoñaciones antes de educarse en las experiencias, sí las experiencias vienen después como prueba de esas ensoñaciones."
Apoyados en esta premisa soñemos el espacio que deseemos construir, no dejemos vagar el acto imaginativo: materia-forma, pensamiento-objeto, se complementan, para planear la construcción imaginativa del espacio.
II
Se internó en esa aldea de asfalto y de formas cúbicas; decidió ir a dar una vuelta al centro de sus recuerdos.
Camino las tres cuadras, hasta el límite de su territorio, después de ahí sabía que sería devorado por la ciudad, por el inconsciente de la masa.
Subió en el primer colectivo que paso; se adentro al sin-espacio; ocupó el asiento más próximo y clavó sus ojos en la transparencia de la ventana y se dispuso a observar.
Durante su viaje vio pasar la historia de su ciudad; casas de siglos anteriores que reflejaban en las fachadas su tiempo de agonía, otras en cambio recién construidas solo mostraban la modestia de tener techo donde cubrirse de las estrellas, alguna carecía de dignidad y la mayoría de identidad; las había de un nivel, dos , tres, hasta de cuatro, las otras se perdían al cielo.
Para distraerse posó la mirada enfrente, donde la luz roja obligaba al colectivo a detenerse; entonces fue posible identificar la textura de los muros coloniales, los colores de las fachadas y los barrotes de las ventanas. Todo ocurría tras la luz en verde; las cuatro llantas se ponian en marcha hasta alcanzar una velocidad que todo uniformaba de indefinición, la masa de las formas urbanas pasaba aun segundo termino ante la rapidez a la que se viajaba; bajo un estado intempestivo se descubría a la gente un paso adelante sin haber dado tiempo de terminar el primero; las siluetas estaban solo por segundos en la mente, no era posible definir la diferencia entre ellas o ellos.
Poco a poco trajo a la mente las travesías que a diario emprendía para llegar al trabajo; a cada señal, el colectivo paraba para recoger cinco veces más personas de las que bajaban, veía como la cortesía se despedía antes de subir al transporte. De un momento a otro el espacio se volvía mas compacto; las miradas se entrecruzaban perdiéndose en el horizonte de quien estuviera enfrente.
La atmósfera empezaba a condensarse y el murmullo parecía establecer el sonido de esa masa en movimiento que intentaba trasladarse.
Al sentir el dominio de su espacio observó a cada una de las personas a su lado como tratando de descifrar el significado de su rostro..., en su recorrido titubeó tras haber reconocido una silueta que se escondia entre aquellos cuerpos, siguió la mirada en busca de alguien mas peculiar, pero naufrago tratndo de encontrar la isla donde reposar la vista.
En aquellos ojos cansados de la cotidianidad, ajenos entre la multitud, decidió volver a vivir el tiempo a través del ventanal...
Solo alcanzaba a distinguir un monumento de gran envergadura, de algún edificio caracterizado por la altura o el reflejo de una ensordecedora imagen. Comprendió que entre forma y forma el lugar no tiene cabida; continuamente hay que desplazarse de un sitio a otro, no es importante el dónde, por lo menos para quien su fin es sólo llegar. La ciudad dentro de la cual se sumergia pensó- estába caracterizada mas por no lugares, cuyo sentido del correr del tiempo pareciera trastocar el sentido de pertenencia y el espíritu de la tierra que le ha dado territorio.
Perderse reflexionó- es el justo estado en que se encuentra el hombre tras solo reconocer en sus monumentos, las referencias de ubicación sobre el lugar que será el destino final de la aventura...; de improviso el autobús detuvo su movimiento, sacando a todos de la meditación; regresando del ensueño fue testigo del espectáculo de palabras, coros de sonidos y variedad de señas de descontento; tras una pausa la tensión volvía a ser calma.
Ya en sí mismo trato de hacer un esfuerzo por recuperar las imágenes que le habían sido robadas de la memoria; el esfuerzo fue inútil ya que solo recobro el final de una frase que le decía: "...las cosas están ahí sin estar, lo fugaz niega su expresividad..."
Reconoció su destino, se levanto del asiento, tratando de alcanzar la salida; entre empujones y miradas que rompen la tranquilidad, logra aproximarse a la puerta. Sube la mano sobre su costado izquierdo alcanzando el timbre que detendrá la marcha del autobús. Solo pasan segundos entre que observa el lugar que ocupaba y el darse cuenta que esta bajando apresuradamente.
A lo lejos pudo observar como se perdía parte de su vida, pero tenía la esperanza de que alguien hubiese escuchado sus pensamientos.
La tarde acaecía y decide continuar; sigue con su alma el camino, jurando no dejar un poco de ella cada vez que viaje a la velocidad del viento.
El Brillo del Vacío
Como Imaginar el espacio que nos mueve, que llega sin escalas al alma, que deja entrever el fondo de la materia donde el misterio se muestra como palabra no dictada; permanece confinado, oculto hasta que alguien descubra la atmósfera sobre la cual, esté escrito el signo de la eternidad.
Embullirnos es un concepto, que se evita por su significación que tiende a ir mas allá del mundo material. Necesita del ensueño para descubrir su inmensidad.
La confinación, por medio de los elementos que delimitan el espacio satisfaciendo las necesidades utilitarias del hombre, constituyen una definición simplista para explicar lo que nos aporta de manera sensible la espacialidad.
Continuamente nos vemos envueltos por el espacio, transcurrimos en su materia, sin darnos cuenta somos ajenos a su significado. Capaces de ordenarlo, el arquitecto, define su naturaleza interna y así, nuestra relación con lo coexistente; pero aun allá el ser humano dota al espacio de raíces existenciales, que establecen su necesidad por adquirir relaciones vitales en el ambiente que le rodea aportando sentido y orden a un mundo de acontecimientos y acciones constantes.
El espacio de alguna manera se mantiene inmutable; al paso del tiempo, su esencia perdura, trasciende las transformaciones del hombre. Así, por ejemplo, un espacio conventual, hoy en día es capaz de cautivar el alma del visitante que camina entre sus muros, el espacio transmite atmósferas que nos remiten al origen de como el espacio fue concebido.
El espacio no es por lo tanto solo contenedor sino contenido que trasciende el tiempo para encantar o desencantar el alma. "El espacio captado por la imaginación no puede seguir siendo el espacio indiferente entregado a la medida y a la reflexión del geometría."
La espacialidad tiene otra significación; vive, cobra sentido, ya no es ajena; la palabra hecha piedra canta, su atmósfera permite que el universo baje a llenar de imágenes que solo pueden conmover al ser. El hombre aquí sueña..., el vació esta lleno.
La actitud necesaria para traspasar el estado conciente necesita de un acto de fe para sublimar la realidad y entregarnos a la "...admiración que rebasa la pasividad de las actitudes contemplativas."
El espacio necesita estar dotado de un lenguaje que nos haga acceder a su "ganancia psíquica", por lo que debe ser sugerente a imágenes que si bien tienen arraigo en el "origen" y en la realidad se abren al porvenir. El lenguaje arquitectónico establece como elementos lingüísticos lo real y lo irreal que dinamizan la actividad del habitar. Lo real materializa lo construible mientras lo irreal lo dota de contenido.
Bajo el margen de estas dos pautas de diseño el espacio concebido promueve el aliento de la de la imaginación que "viene a seducir o a inquietar siempre a despertar- al ser dormido en su automatismo" . Renacer o morir en el espacio, en el silencio donde se recobra la memoria de lo que muchas veces se ha soñado en la soledad, donde "..crece una vegetación oscura.." , que solo puede revelar la guarida de los guardianes pétreos que murmuran lo indecible y es posible que ahí "...en la noche de la materia florezcan flores negras."
El espacio se llena con la búsqueda que alimenta el espíritu del hombre, pretende comunicar y contagiar la sensación de serenidad, exige para captar su grandeza la entrega sin reserva del alma, solo así en este acto adquiere el carácter de poético, luego entonces "la imagen surge de la conciencia como un producto directo del corazón, del alma, del ser del hombre captado en su actualidad" Da inicio, entonces el acto imaginativo, el acto de la creación en la profundidad de lo arraigado que tiene el ser.
Develado está el lugar donde se debe buscar para encontrar la conformación de él contenido del espacio, la búsqueda es constante ya que "es preciso, pues, que el saber vaya acompañado por un olvido igual de saber mismo. El no-saber no es una ignorancia sino un difícil acto de superación del conocimiento."
El espacio se genera no en el momento de la certeza del problema arquitectónico; se gesta mucho antes en ese ejercicio de libertad llamado: uno mismo.
Así, antes de habitar, está el morar, sobre la convicción del ser donde amanecerán las imágenes que harán brillar el espacio, sólo con esto el hombre caminará por donde el tiempo no existe, la luz seducirá el reflejo de la imaginación, el infinito cobrara sentido y el rincón será magia pura; aquí la poesía será tangible, hecha piedra , la luminosidad nos envolverá y seguramente descubriremos la trascendencia.
Sabemos ahora, que en el ser germina el acto creativo, donde "sólo se logra persuadir sugiriendo ensoñaciones fundamentales, dándole a los pensamientos su camino de sueños."
Traspasando el razonamiento de la impresión, de la comprensión del fenómeno creativo, situándonos en el proceso creativo a través del mundo de los sueños, donde componente material y sustancia espiritual convergen en la espera antes de salir a la luz.
Solo quien imagine un espacio poético podrá construir un espacio poético, con esto se busca adherirse a lo invisible, a escoger de las impresiones generales, solo aquellas capaces de mostrar el misterio "que nos permita tomarle gusto a nuestro sentido intimo.
El arquitecto tendrá la constancia de poseer más que imágenes materiales. Desterrará la razón del acto imaginativo "para perseguir esas imágenes, que viven en nuestros sueños, esas imágenes cargadas de una materia onírica rica y densa que es un alimento inagotable para la imaginación material."
El espacio sugiere, invita a soñar en el instante; sin darnos cuenta, el alma queda enriquecida por lo invisible mucho antes de que tomemos conciencia de ello. Despertamos cuando el espacio nos llama, somos atentos a escuchar su palabra. No solo Comunica simples imágenes, éstas son solo el medio para lo verdaderamente trascendente; capaz de derribar o levantar a las almas; su misión, después de peregrinar por los laberintos del corazón es emitir sentimientos más que sensaciones; ante todo, es cobijo para quien su destino es habitar.
III
Tras dejar el abismo de lo cotidiano; prosiguió su paso a media velocidad, el empedrado evitaba recorrer la calle de manera lineal por lo que la piedra dirigía su andar. Entre senda y senda, detenía la vista en la peculiaridad de los rincones que encontraba; empezó a tener la sensación de haber entrado a otro lugar, todo tendió a pintarse de una atmósfera distinta, efímera para el citadino. Desde ese momento la nostalgia empezó a recorrer su piel, no le quedó más que entregarse al disfrute de las cosas que observaba, de los colores que percibía, de los árboles que texturizaban el suelo con el favor del sol; la singularidad del sitio se conformaba a partir de la diversidad que le impregnaba la armonía de la tarde.
Mientras se acerca a su destino, empieza a escuchar algo mas que el murmullo del viento; la perspectiva que observaba se abría para dar paso a la plaza; de inmediato detuvo su caminar para orientarse, le vino a la mente la imagen de una colonia de abejas que van de un lugar a otro siempre en movimiento; así era el espectáculo ante sus ojos; no obstante el tumulto, sentía estar arropado entre las almas de los demás, quizá por el hecho de buscar lo que la ciudad no les ofrecía.
Se encontraba enfrente de ese oasis que emergía de la ciudad por el cual había decidido trasladarse desde su habitat en busca del aire que le diera respiro y cobijo a su exilio.
Decidió no esperar más y se sumergió entre la masa, para perderse en ella.
Camino entre ese sistema de personas, guiado por el sentido común; hombro a hombro circulaban ausentes entre sí, pero con la conciencia de estar.
Por más que intentaba posar la mirada en algún lugar, la perdía entre la multitud; no obstante sabia que era parte de ella , se sentía dueño de la porción de espacio que ocupaba, no era un extraño por que se hacia participe de él. Ya era parte de la atemporalidad del presente, concibió en el pensamiento todo lo que observaba como trascendente, la fuente, el kiosco, el palacio, los jardines, la iglesia, la plaza, los puestos..., el sitio estaba rodeado por un halo que lo remitía al origen y sabía que no podía perderse ni permanecer ajeno sino todo lo contrario, era parte del mismo fin, ser en sí mismo.
También, reconoció que la concepción del tiempo que aniquila la contemplación lo estaría esperando al salir; no le importó decidió aferrarse a esa tierra que le había dado asilo.
Con la voz de su alma como guía, caminó en la multitud, tratando de poner en claro los pensamientos de su vida. En su andar surcó un destello de algo que le pareció importante anotar; sacó de su bolsillo una libreta donde guardaba su memoria y el lápiz con que trazaba su historia.
Deseaba apresar algunas de las ideas que le habían sido anunciadas en la epifanía del instante, tenía la intención de retenerlos en una hoja de papel.
Pero aún antes de tratar siquiera de empezar a escribir letra alguna su hombro golpeó con el de alguien más; sin darse cuenta dejo caer sus cosas al suelo; sus reflejos le hicieron levantar la mirada en busca de quien le había golpeado; sintió como los rayos del sol se reflejaban en su rostro, no podía ver más allá de una silueta.
Tras algunos segundos, recordó que su libreta y su lápiz debían aún seguir en el suelo; sin vacilar se agachó a recogerlos. Inclinado, aquel hombre, cuya sombra sólo era visible le entregó su lápiz y sin cruzar palabra alguna se retiro. Pensó en agradecerle el gesto de atención, pero primero tenia que encontrar su libreta; tras algunos instantes, la observo en una de las esquinas de la fuente; aproximándose con cierta dificultad, extendió uno de sus brazos tratando de alcanzarla; pero algo llama su atención, a un lado de donde había caído su lápiz , un objeto brillaba al tacto con el sol; tomo su libreta y se aproximó a observar lo que era.
Alzó con su mano lo que parecía ser la estela de algo o de alguien y le vino a la mente una imagen; la de un ángel. Siguió un rastro de plumas plateadas para dirigir la mirada hacia donde momentos atrás había tropezado.
Levantándose de entre la gente y con rapidez más que con sutileza trató de pasar entre esta; cada paso se le dificultaba. Gritó, pero fue inútil, poco a poco el contorno de aquella sombra fue perdiéndose en la multitud; sólo pudo observar a la distancia el vuelo de las palomas a su paso..., después nada; pensó para sus adentros que quizá ese instante..., pudo haberlo aprovechado para emprender el vuelo.
Después de ahí, nada hubo que lo consolara; camino entre aquellas calles de tradición, tratando de explicar lo que le había ocurrido durante todo el día; solo silencio escuchaba en su alma; sin darse cuenta llego a un parque cuyos árboles enmarcaban una pequeña capilla, estuvo sentado en ese lugar hasta ver ocultarse el sol; no resolvió su dilema en cambio oyó latir el corazón de las campanas y el canto del viento.
Sin mas por hacer decidió regresar a su hogar.
De noche-decía-todo parece ser igual, sin rostro, sin cuerpo; sólo sombras que esperan ser encontradas por la mañana; el mundo se cubre de un manto estelar que permite observar el orden del universo-concluyó su meditación-solo la noche respira y su soledad se hace oír.
El Instante de lo Eterno
Bajo la eternidad se encuentra el mundo del hombre, transcurren por atmósferas distintas, paralelas entre si siempre en la búsqueda de poder comulgar en algún punto de la línea por la cual viajan.
Transcurre la normalidad del devenir en el tiempo, por fenómenos del azar, el hombre y el infinito logran coincidir en un punto específico. Este eje puntual que se establece en el tiempo, es el instante. Aquí el espacio brilla en el ser, cautivado por lo que se le revela; ahí, el ser cobra verdaderamente conciencia de Ser.
Transcurrimos en los espacios, a veces nos damos cuenta de ello, otras pasan desapercibidos, el hecho es que todo el tiempo estamos habitando los lugares; las sensaciones de lo que observamos se expresan para mostrarnos los ecos del alma de quien construye y de quien reside en el contenido significativo del espacio.
El espacio tiene un lenguaje, no claro, por que su medio es el sensible, el ser humano percibe el contenido de los símbolos que le expresan el alma de quien mora. El hombre camina descubriendo a cada instante el secreto, el misterio, la alegría, la tranquilidad, la paz, etc., mediante el único medio con el que cuenta para ello la intuición. Manifestación del espíritu que nace del alma del hombre, por medio de ella se puede penetrar en una serie de significados ocultos, que si bien pueden o no llegar a ser entendidos, si suelen ser intuidos. Con ello la intuición seria, entonces, ventana del alma, por la cual el hombre mira para acercarse al conocimiento que le rodea; de esta manera es posible captar lo que está más allá de la materia tangible de las cosas, su trasfondo. Es situar el contenido de la obra arquitectónica no como expresión de sensaciones, que pueden resultar como recetas para cautivar momentáneamente, sin mas contenido que el de ensordecer los sentidos; más bien el fin seria construir el espacio en base a conceptos que expresen impresiones nacidas del valor humano.
Todo espacio tiene un lenguaje no revelado, pero confinado por los elementos materiales que lo conforman, capaz de conmover o cautivar, enaltecer o entristecer el alma; tomar conciencia de que el espacio esta lleno de significados, condiciona al arquitecto a pensar en las características sensibles con que desea dotar a la espacialidad y en la expresión material con la cual plantea hacerlo.
Si el espacio se logra formar en base a valores que cobijen el alma seguramente, el habitante al cual servimos como arquitectos, podrá intuir "como las impresiones brotan de las expresiones elaboradas y formadas."
Y es que el hacer arquitectónico en lo particular conjuga a nivel de la intuición creativa tres aspectos: el primero es la intuición espiritual del hombre que desea transmitirla, en nuestro caso el arquitecto; el segundo, esta referido al medio material con el cual se construye la obra, ya que es la materia tangible que se utiliza para la expresión del pensamiento; hasta aquí el fenómeno creativo se da manera simultanea; por ultimo, el ciclo se complementa mediante la intuición de quien admira el espacio, ya que para captar su contenido es necesario en primera instancia, no observar o mirar; es primordial admirar.
Es necesario hacer una observación "...la intuición es conocimiento libre de conceptos, por más simple que sea la percepción de lo real; por eso el arte es conocimiento, es forma, no pertenece al sentimiento y a la materia psíquica".
Por lo que, el contenido sensible del espacio es dejado al libre albedrío de quien lo habita; no es posible fijar sus impresiones, por que estas solo dependerán de el mismo; ante esta evidente afirmación, cabria reflexionar y establecer una postura propia que dirija la mirada a dar cobijo al hombre, sólo de esta manera el relativismo dejara de guiarnos en la certeza de la nada.
La intuición constituye conocimiento, por lo tanto produce verdad, que sólo puede ser captada espacialmente por la continuidad del tiempo: el instante.
En la atmósfera del presente"el instante constituye una ventana al otro lado del tiempo: la eternidad";capaz de transcurrir a otro ritmo, captamos la vida íntima de las cosas, reclamamos para lo efímero el resplandor de la sabiduría, el momento dilata su dimensión hasta perderse y el espacio adquiere valor de absoluto; el aire se despierta para hablar en su lenguaje no secreto.
El tiempo se siente por instantes que transcurren en un significado distinto al cotidiano, "todo lo que es simple, todo lo que en nosotros es fuerte, todo lo que es incluso durable, es el don de un instante".
El instante no es una cualidad del espacio, sino es una oportunidad que tiene el ser humano para guardar en la memoria los instantes vividos y a través del recuerdo regresar a recordar el haber sido.
Nuestra sola atención es capaz de poner en marcha la intensidad del mundo y vivir el instante; mediante ella fijamos nuestra mirada ante el rincón mas mínimo, imprevisto por su aparición; la intimidad se descubre pura, desnuda nuestra alma.
Aquí el ser "...aguarda el ataque del mundo en una duración que no es sino la nada del pensamiento, por consiguiente una nada efectiva. El mundo le da un conocimiento, y una vez mas, en un instante fecundo, la conciencia se enriquecerá con un conocimiento objetivo."La atención implica nuestro hábito para establecer una comunicación con lo que nos rodea; mantenerse en una actitud contemplativa, la cual solo espera lo que le sea comunicado, es cerrarse al instante; la atención se plantea como una necesidad, un impulso por tratar de comprender, además es "... una serie de comienzos, está hecha de los renacimientos del espíritu que vuelve a la conciencia cuando el tiempo marca instantes".
El espacio debe existir para fijar nuestra atención; más aún es necesario que tiempo-espacio-conciencia logren coincidir para que el instante se haga presente y nuestro espíritu quede apresado por su novedad. "Se necesita algo nuevo para que intervenga el pensamiento, algo nuevo para que la conciencia se afirme y para que la vida progrese."
Se puede medir el espacio, pero su "dimensión real" escapa del entendimiento; sin embargo su carácter efectivo depende de "la proporción o la desproporción de las horas de vida utilizadas como horas de pensamiento o como hora de simpatía",pareciera entonces, que llegamos al punto de donde hemos partido: el espacio se habita, se mora; ahí radica nuestro arraigo o nuestro desarraigo al lugar del cual formamos parte, del cual nacemos, en el que transcurrimos la mayor parte de nuestros días ó simplemente en el cual estamos.
Cuando en el tiempo presente "la materia se olvida de ser, la vida se olvida de vivir y el corazón se olvida de amar".El recuerdo ve los instantes que fueron, convertirse en remordimiento, la comparación aniquila aquellas horas vividas a plenitud por el hecho de solo estar en el recuerdo, mientras que las horas muertas siguen siendo sin decir nada ; por eso "el tiempo objetivo, es el tiempo máximo el que contiene todos los instantes".El tiempo objetivo es el instante del presente, el que actuamos, el cual creamos continuamente.
La trascendencia de lo que hacemos se encuentra, seguramente, en los sentimientos y valores que perduran, de manera que llegan a contener una significación metafísica; habría que perderse para encontrarse a sí mismo, para buscar que es lo que se quiere realmente.
Para lograr integrar a la arquitectura su valor humanístico "es preciso desear, es preciso querer, es preciso alargar la mano y andar para crear el porvenir. El porvenir no es lo que viene hacia nosotros, sino aquello hacia lo cual vamos."
¿Qué buscamos como arquitectos? ¿qué persigue la arquitectura que edificamos? ¿sobre qué valores se sustenta? ¿a quién esta dirigida?
Es el instante el que sintetiza nuestros pensamientos y nuestra capacidad de actuar "el tiempo real sólo existe verdaderamente por el instante aislado, está por entero en lo actual, en el acto, en el presente."
Se necesita mucho para que la arquitectura germine sobre la tierra de las humanidades, para cumplir con su voluntad metafísica: cobijar al ser. Más "lo posible es una tentación que la realidad siempre acaba por aceptar" la arquitectura cuenta para sus fines con lo concreto, lo abstracto y un principio; la aptitud, como profesionistas del espacio se debe tender siempre ha superarse, los medios pueden ser muy variados pero todos coincidirán en una partícula que es parte de la esencia de las cosas," nada menos tradicional que la fe en la vida."
Solo ésta, es capaz de germinar los ideales que sobre ella se encuentran; de restablecer la fuerza original de la motivación, es capaz de armonizar la novedad.
El amor resultado de esa fe, coordina todas las posibilidades del ser, establece la armonía temporal "para fortalecer el corazón, es preciso aunar la moral a la pasión, es necesario hallar las razones generales para amar."
No se trata de encaminar la profesión de la arquitectura dentro de las otras profesiones cuyos fines son tan particulares como los nuestros, sin embargo la permeabilidad que pueda existir entre la arquitectura y en este caso las humanidades, nos brinda otra perspectiva cuyo punto de vista es el hombre. Con este rumbo descubrimos que "un destino tan largo demuestra que, volviendo eternamente a los orígenes del ser, hemos hallado el valor del vuelo renovado."
Centrar el fin de la arquitectura hacia quien va dirigida, nos brindará "por el propio hecho de que vivimos, por el hecho mismo de que amamos y sufrimos..., los caminos de lo universal y de lo permanente."Busquemos en nosotros mismos los valores para llenar el espacio que seguro si así lo hiciéramos, el morador de nuestros espacios seguro, percibirá nuestra pasión en ellos. Nos vinculamos con el espacio a través del acto creativo, "si tuviéramos la prudencia de escuchar en nosotros mismos la armonía de lo posible, reconoceríamos que los mil ritmos de los instantes aportan en nosotros realidades tan exactamente complementarias que debemos comprender el carácter finalmente racional de los dolores y de las alegrías puestas en el origen del ser."
A cada instante podemos renacer con nuestras esperanzas, continuamente nos formamos el habito en lo que creemos y de esta manera progresamos por medio de la renovación que enriquece al ser.
"Sólo lo que dura tiene razones para durar", hay que buscar lo que permanece en el espacio para reencantarlo, basta saber que muchas veces nos hemos encontrado en armonía con lo que esta en nuestro alrededor, cuando precisamente en ese instante "percibimos, lo inconocible ya no es fuera de nuestros alcances sino la causa que lo explica o cuando menos la forma en que se oculta."
El espacio refleja mucho de nuestros anhelos; en su novedad puede sorprender y maravillar, pero para captar su esencia es preciso vivir su sencillez, el instante capaz de condensar todas las fuerzas del tiempo, en un solo punto; nos da "la alegría y la razón, el modo de ser eternos mediante la verdad y la bondad."
Caminamos, por fin, con nuestro corazón en la mano para seguir nuestras esperanzas propias, a favor de encontrar en el instante; el destino del hombre, lo que hemos recorrido nos evoca sólo el optimismo de esa voluntad que ansia conquistarse, no enseña, por que cada uno se enseña así mismo; restituimos la percepción del espacio como la revelación del universo; ahora ya sólo queda preguntarse: ¿adónde mora el ángel?.
IV
Tomó el regreso más
corto, viajó en metro; la ciudad parecía
dormir, sólo algunas personas al igual que el regresarían
al lugar de su origen, de su paz; a nadie observó
durante el trayecto, quizá por saber que vería.
Se quedó mirando su interior tratando de vislumbrar
el perfil de aquel hombre, el tiempo fue poco.
Tras dejar la estación, tomó el autobús
que lo dejaría en las afueras de su territorio.
Así lo hizo, bajó del transporte y caminó
las cuadras que tenía que caminar para llegar a
su destino; con la luna como compañera, regresó
con su sombra a cuestas, aún antes de entrar sintió
como el polvo estelar de algún cometa le daba la
bienvenida.
Al pasar su portal no pudo dejar atrás los recuerdos
que le afligían, tuvo que cargar con ello y con
sus esperanzas. El patio parecía inundado por el
espíritu celestial y hasta se podría jurar
que el infinito se había derramado desde lo alto,
pero él jamás lo percibió; subió
las escaleras para llegar a su morada. Abrió y
cerro la puerta, todo era oscuridad; por la ventana se
dejaban ver algunos haces de luz lunar, caminó
hacia su escritorio tratando de encontrar algo que le
confortara, se acercó para buscarlo entre sus notas
y dibujos, cansado, se resignó sobre su silla para
postrarse en el escritorio y caer al vacío; escucho
voces que no llegó a descifrar; vislumbró
sus sueños, no los recordaría al despertar.
La habitación se había llenado de sueño;
sólo la brillantez de un haz le ilumino los párpados;
despacio entreabrió los ojos pensando en el día
siguiente, se dio cuenta que la noche seguía reinando;
algo, lo había despertado; entresueños pensó
en el ángel pero al abrir bien los ojos descubrió
que lo que resplandecía era una cruz, que bañada
por el sol de la noche reflejaba su luminosidad. Alcanzó
aquella pieza que dejo olvidada entre tantas otras cosas
que había abandonado en el camino. La colocó
entre sus manos para contemplarla y la colgó a
su cuello.
Un impulso lo llevó hacia la ventana para atisbar
el firmamento. La noche estaba pasando, sentía
que algo había llenado su interior.
Decidió indagar luego el por qué de su tranquilidad,
retirándose del ventanal se preparó para
soñar. Destendió la cama; se dejó
lo necesario y se cubrió, colocó una de
sus manos en su vientre y solamente espero que cayeran
sobre sus pestañas el peso de la atmósfera
para dormir.
Al día siguiente no comprendió el porque
se sentía diferente. A veces pensaba en la cruz
que colgaba en su pecho o en una parte de todo lo que
le había ocurrido el día anterior; quizás,
en algúna alborada, en el ocaso de su vida logre
descifrar ese laberinto. Pero si acaso se pudiera regresar
el tiempo, en ese segundo a perpetuidad; donde la luna
bañaba con su luz a aquel hombre, y se pudiera
postrar la mirada detrás de su sombra encontraríamos
que bajo ella, se encuentran las alas de un ángel
que solo aguardan ser develadas.
Adrián
Baltierra Magaña.
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