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El templo de lo
eterno es la consagración de la mística en la experiencia del espacio,
a través de una de las arquitecturas de mas alto contenido simbólico,
tanto por sus aspiraciones en lo particular como en su aspecto material.
Es un ejemplo sobre la representación tangible de lo que no se puede conocer
por los medios comunes por lo tanto es inexplicable ante la mente del
ser humano. Su energía se debe al confinamiento y a la austeridad de los
elementos esenciales para morar en presencia de lo divino. Hablamos del
convento, donde se visualiza la grandeza del espíritu del hombre por alcanzar
la esencia de lo inimaginable.
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La Catedral Gótica es un perfecto poema
sinfónico en el que nada sobra y nada falta, que eleva hacia el cielo
sonidos, brillos y colores y anhelos en la armónica simbología de sus
torres. Su lenguaje plástico formal es la metáfora de un ser humano arrodillado
con las manos hacia el cielo, implorando a Dios. Y dentro de ella, en
su inmensa intimidad, como dentro de nosotros mismos, está la Belleza
y la respuesta al Bien y al Mal. Las altísimas torres góticas y las "celestes"
bóvedas nervadas imponentes actúan como gigantescos "super yo" en la moral
del hombre común. ¿Quién en esos tiempos no se impactaría al entrar en
una Catedral Gótica y experienciar ese enciclopédico espacio? Sus pecados,
sus culpas y sus instintos actuaban como eficaces perseguidores que conmovían
o aterrorizaban al hombre. Este pequeñísimo ser humano buscaría entonces
al cordero de Dios para borrar los pecados de este mundo:Agnus Dei
qui tollis pecata mundi. Los enormes vitrales eran para el hombre
ventanas a la eternidad, esperanza de que no todo se había perdido por
culpa del pecado original; la bellísima luz del rosetón gótico ilumina
el alma conmovida y allá, en las alturas, un Dios indulgente mira compasiva
y dulcemente al hombre arrodillado con las manos en alto -como las torres
de la catedral- pidiendo clemencia.
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