Arquitectura   y   Humanidades

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Recomendaciones para la presentación de artículos y/o ensayos.


El templo de lo eterno

Por: Adrián Baltierra Magaña

 

"Hay cosas que la inteligencia es capaz de buscar, pero que por sí misma nunca hallara, esas cosas solo el instinto puede hallarlas, pero nunca las buscara"

Henri Bergson (filosofo francés)







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Hablar del siglo XVI en México es situarnos en el tiempo de la conquista y el de la evangelización española; es referirnos a una sociedad nueva que se cohesiona a partir de la religión como régimen de dominio, es aquí donde la arquitectura nos sirve como un marco cultural para entender a esa sociedad, pero además para visualizar sus necesidades. Es aquí donde un genero edificatorio sobre sale como reflejo de las ideas del régimen y se yergue como una arquitectura característica de este tiempo, hablamos del convento.

                            La caída de la serpiente

"El II Ahan Katum llegaron los extranjeros de barbas rubias, los hijos del sol, los hombres de color claro. ¡Hay, entristezcámonos porque llegaron!... el palo blanco, bajará, vendrá del cielo, por todas partes vendrá... triste estará la palabra de Hunab-Ku, única deidad para nosotros cuando se extienda por toda la tierra la palabra del Dios de los cielos... será el comenzar de los ahorcamientos, el estallar del rayo en los extremos de los blancos... cuando caiga sobre los hermanos el rigor de la pelea, cuando les caiga el tributo en la gran entrada del cristianismo cuando se funde el principio de los Siete Sacramentos, cuando comience el mucho trabajar en los pueblos y la miseria se establezca en la tierra".(1)

En esta atmósfera esta inmerso el pueblo natural tras la conquista española; vio caer a sus dioses; el fin de un ciclo cósmico había concluido, estaba escrito que se daría paso a un nuevo reinado divino. Todo se dio para la conquista del pueblo mexica, el águila mítica caería. El imperio Azteca encabezado por Moctezuma II había enviado emisarios a la llegada de los españoles, con un cargamento de ricos presentes y una petición; la retirada del territorio bajo su dominio. El ambiente que podría imaginarse era de incertidumbre, en la memoria del pueblo indígena estaba presente la profecía sobre el retorno de Quetzalcoatl, y se temía que la llegada de los extranjeros fuera su confirmación y que estos fueran sus representantes.

Los regalos y las suplicas sólo sirvieron para que el conquistador interpretase la disposición en que se encontraba el emperador de Tenochtitlan y la de su pueblo y en vez de resistir de sus propósitos fue motivo para estimular sus ambiciones .

El rey azteca preocupado por los comentarios y los dibujos que sus emisarios habían recabado de los españoles, decidió en un gesto de atención volver a enviar nuevos regalos a Cortés, con la consigna de hacerle desistir de sus propósitos de venir a Tecnochtitlan, hecho que no ocurriría. Cortes, hábil como estratega, empezó a ganarse la confianza de los pueblos del mundo prehispánico, lo que le permitió hacer alianzas, alianzas que se irían fortaleciendo por la rebeldía interna o manifiesta que existía con los pueblos bajo el dominio mexica.

La llegada de Cortés a Tenochtitlan se dio después de peregrinar e ir uniendo a sus propósitos a los pueblos rebeldes y sometiéndolos bajo el yugo de las armas. Para este momento la sangre indígena estaba derramada en la tierra natal.

La reunión de Moctezuma con Cortés en Tenochtitlan marca el precedente de una caída anunciada. Este acontecimiento significa, por lo que representa, no el gesto de la cortesía, es una extraña fascinación por quienes han llegado de la tierra del mar, es el vértigo de quien siente que la profecía se esta cumpliendo, es el desamparo por reconocer que los dioses han traicionado la fe del nativo para instaurar un nuevo reino, una nueva época con otros dioses."Ningún otro pueblo se ha sentido tan totalmente desamparado como se sintió la nación azteca ante los avisos, las profecías y los signos que anunciaran su caída."(2)

Así el tiempo apocalíptico se acercaba, los designios de los Dioses marcaban a los aztecas con el signo del cambio milenario. Estaba anunciado en el firmamento el desenlace de este encuentro, el designio de quien esta predestinado. El tiempo cíclico regresaba para el pueblo indígena, el tiempo concreto, cuya sustancia en pleno mediodía de su civilización estaba en apariencia gastándose, se consumía, por lo tanto era preciso que se hiciera, que naciera, que creciera, que renaciera el proceso infinito del tiempo.

Los que llegaban del mar, venían bajo el augurio de otros dioses que venían a sustituir a los dioses natales. Se consumaba en términos de significación el fin de una era cósmica y el principio de otra. Si los dioses han hablado y han marcado el designio de sus siervos entonces hecho esta, que se haga su deseo y su voluntad. El alma azteca estaba desconsolada, la nación joven acaecía en su plenitud, la señal de la traición estaba marcada en el destino de este pueblo; traición no del ser terrenal, sino de los seres que son sustancia del correr de los tiempos.

El instinto de saberse perdido ante los creadores, es sinónimo de la pérdida de conciencia de su destino. La lucha por más que sea peleada será derrota, no hay opción si el manto cósmico ya no alberga a su hijo. La muerte del imperio azteca, será una muerte por orfandad divina. Este pensar marcará su deseo, la desilusión de este abandono aniquilará su fe, ese sentirse desprotegido por los seres omnipresentes y omnipotentes que lo rigen y que sobre el tiempo que corre les dan la espalda, lo sitúan en el desamparo. Este ser cobijado por la soledad eterna en ese instante del tiempo, se ubica sin pasado inmediato ni futuro porvenir, su tiempo se detiene, el sol acaecerá y renace teñiéndose de rojo... la conquista se ha consumado.

 

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                        La sangre de un nuevo orden

La superposición, característica de los pueblos prehispánicos, abarca no sólo desde los aspectos edificatorios, se desplaza hasta el ambiente cultural, con ello la superposición del régimen español, por medio del catolicismo, trae consigo una expresión de unidad. "Frente a la variedad de razas, lenguas, tendencias y estados del mundo prehispánico, los españoles postulan un solo idioma, una sola fe, un solo señor."(3)

La nación mexicana comenzará a gestarse en el siglo XVI a partir del mestizaje, el choque de las dos culturas empezará a entremezclarse y la epopeya marcará esta nueva génesis. La sociedad colonial se solidificara en todos sus aspectos, en lo jurídico, en lo económico y en lo religioso. La sociedad girará alrededor del catolicismo ya que es fuente de vida que nutrirá las actividades, las pasiones, las virtudes y los pecados de ella. La iglesia representará para los abandonados la oportunidad de encomendarse a un destino, junto con la idea de organización más justa."Por la fe católica los indios, en situación de orfandad, rotos los lazos con sus antiguas culturas, muertos sus dioses tanto como sus ciudades, encuentran un lugar en el mundo... pertenecer a la fe católica significaba encontrar un sitio en el cosmos. La huida de los dioses y la muerte de los jefes habían dejado al indígena en una soledad tan completa como difícil de imaginar para un hombre moderno. El catolicismo le hace reanudar sus lazos con el mundo y el trasmundo. Devuelve sentido a su presencia en la tierra, alimenta sus esperanzas y justifica su vida y su muerte." (4)

La dominación española no pudo sino concretarse debido a la existencia de un hilo conductor que estableciera el orden roto, la religión se establece como el orden universal que organiza y pone a los conquistados dentro del cosmos. La iglesia sirve como la institución reconciliadora del indígena con su sitio en el universo, a partir de aquí su soledad encuentra cauce, apuesta quizás no tanto por convicción sino por protección a la experiencia de vida marcada por la dominación que le ofrece la religión española.

El catolicismo se convertirá en el centro de la sociedad colonial, con esto España inicia en el Nuevo Mundo la dispersión de las imágenes de su cultura, desgarrando violentamente la filosofía y cosmogonía indígena. La lucha de intereses y las rivalidades sociales y étnicas se establecían como el equilibrio de una sociedad que orientaba sus esfuerzos, a la extracción de la plata, a la explotación descomunal de brazos y de recurso de indios y al absoluto control ideológico, político y legal sobre la población.

Se establecieron como formas dominantes, los sistemas de esclavitud y encomienda, los miles de brazos indígenas encomendados y esclavizados constituyeron la fuerza de trabajo gratuita que levantó ciudades, caminos, puentes, iglesias y todo tipo de edificios. Si por un lado la conquista representa la adhesión de tierras y riquezas descubiertas a la corona española, por otro, también representa la incorporación de sus habitantes a la religión católica, así a la par de la explotación económica se inició su transformación y dominación ideológica.

Para este tiempo, el espíritu indígena se encontraba destrozado, no encontraba en las imágenes españolas unificación. Con la llegada de los misioneros, la evangelización empezó a gestar un nuevo panorama, se dedicaron a construir, a educar y administrar sus recursos; jugando un papel determinante entre la sociedad india y española.

El indígena antes explotado y sin amparo espiritual encontró en los misioneros el apoyo que no tenía. Los misioneros, se convirtieron en predicadores con el ejemplo, en ocasiones combatieron contra los españoles amantes del oro y las joyas, su ropaje era sencillo, andaban entre los pobres conversaban con ellos, y su papel en la historia los sitúa como un instrumento definitivo para la dominación.

Las órdenes mendicantes: franciscanos, dominicos y agustinos, trazaron los pueblos, construyeron iglesias, dominaron a comunidades y educaron a los indios. El misionero se acercó más a los indígenas que los demás europeos, su austeridad fue elemento de identificación con ellos. Los frailes misioneros tenían como misión difundir el catecismo cristiano, y construir edificios que satisfacieran sus tres grandes necesidades religiosas:

  • Albergar locales en donde se desarrolle la vida contemplativa que alimentara su espíritu.
  • Contar con espacios desde donde se difunda la evangelización.
  • Su imposición en el territorio bárbaro a través de la impartición de los sacramentos.

Así el predicador se convierte también en el arquitecto que dirige y diseña la construcción de los conventos. Los conjuntos conventuales se instalaron en los centros de las poblaciones indígenas, convirtiéndose en los corazones de la entidad. El convento se instalará en territorio americano, como historia nueva nunca antes edificada, su respuesta se concibe dentro de este marco social como producto ideológico del espíritu religioso español y la mano de obra indígena de carácter partícipe del nuevo orden implantado. Su conjunción logra emanar el nacimiento de una nación que funda su cimiento en la nueva religión.

De aquí en adelante el sol azteca detiene su ritmo milenario, el español deja atrás en el mar los recuerdos de su patria natal, su mezcla da comienzo a una nueva nación con identidad aborigen, propia, pero sin conciencia. El convento, reflejo espontáneo por parte del indígena y de los recuerdos de la religión española, se instala en América como la primera piedra de una nación que escribe su génesis y se proyecta sin rumbo , tratando de encontrarse como dueño de su presente, conocedor de su pasado y convencido en su futuro, deseoso que dentro del contexto universal sea considerado ante todo como mexicano.

 

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                       El templo de la luz y de la oscuridad

Bajo este contexto, el convento integra un nuevo código de formas sagradas, las inmensas moles de piedra surgen de la raíz prehispánica, erigiendo sobre sus escombros, su monumentalidad, se instala como expresión tangible de la labor de la conquista espiritual. Un halo de misterio cubre la atmósfera del convento, sus gruesos muros pueden ser extendidos, tanto longitudinal como verticalmente. El espacio se ve limitado por una cubierta, hecho nunca antes imaginado; el cielo se encajona a través de las ventanas, sus contrafuertes se alzan como guardianes de la casa de Dios, surgen las columnas enlazadas por arcos que se extienden a través del espacio para formar bóvedas de medio cañón. Cada piedra parece haber guardado por siglos enteros los murmullos de oraciones, demandas y lamentos que a media voz fueron dichos en sus recintos. El hombre ya no se constituye como espectador de un volumen que levanta sus límites perpendicularmente del suelo, sino además tras penetrarlo se hace partícipe y protagonista de un contenido espacial, que solamente justifica su existencia cuando se vive para convocar la presencia divina.

El convento representa un ideal de vida, testimonio del pensamiento y expresión artística de la sociedad y sus costumbres, interpretación de símbolos, signos y estructura religiosa que dieron forma al ambiente del siglo XVI. "La arquitectura Monástica guarda en sus espacios y funciones la clave de explicación de muchos fenómenos sociales, entre ellos, el de la evangelización de Nueva España, con todos sus errores y aciertos, con todos sus fracasos y éxitos, con todo su clamor infatigable por la justicia y toda ciega destrucción de las culturas indígenas". (5)

El convento se convierte como ideal de toda orden religiosa, su traza espontánea va más allá de alguna regla preestablecida; expresa la vida de los sacerdotes mendincantes, dotando al espacio de significación, sencillez, humildad y claridad. La comprensión del espacio conventual en su concepción esencial nos remite al sentir y vivir de las ordenes religiosas, el orden, el silencio la humanidad, la austeridad y el ascetismo se respiran en el espacio conventual, pero sobre todo la paz de Dios nos cobija y nos llena de alegría cognoscitiva. El edificio comunica serenidad a través de los muros, el espacio invita a inmiscuirnos en esa paz serena y llena de significación; el ser humano se entrega personal e incondicionalmente, recorre con el alma rincón tras rincón... a lo lejos solo se puede escuchar el murmullo que entonan sus cantos celestiales.

La concepción conventual constituye uno de los programas más grandes de la vida de la humanidad, se concibe como el lugar donde la contemplación interior nos marcara un deseo de abandonar el mundo, con el objetivo de estar en meditación de esa verdad máxima que es Dios, donde la reflexión permitirá alejarnos de nosotros y al mismo tiempo encontrarnos. La regla del convento es la del espíritu de los frailes que llevan consigo a la divinidad, sus jornadas se dividían en oración, lectura, trabajo, comida, meditación y descanso, estableciendo como constante la serenidad en todas ellas. No hay actividad y por consiguiente espacio que no contenga una significación simbólica de sentido superior que los lleve a la salvación del alma pero aun así su contenido espiritual era expresado exteriormente a través de la monumentalidad e interiormente por medio del mobiliario, así la consigna era encontrar lo sagrado en la cotidianidad de la vida y de las cosas. Este ambiente acético dentro de su monumentalidad interior, el espacio conventual canta en su silencio la gloria de Dios.

Los conquistadores establecieron como premisas programales : resolver los problemas militares de dominio y pacificación y los espirituales producto de la evangelización. Con estas dos exigencias establecen el programa arquitectónico, que se abocaron a resolver. El primero lo solucionaron imprimiendo a los edificios el carácter de fortaleza, se bardearon los atrios con bardas almenadas, se elevaron las iglesias hasta alcanzar el cielo, rodeadas con garitones de vigilancia y almenas. Los segundos son resueltos mediante varias obras materiales. Después de calmarse la situación que predominaba en la Nueva España, la construcción es integrada al conjunto, utilizándose como portal de peregrinos.

El programa del monasterio contempla: portería como oficinas notariales, biblioteca, sala de profundis, escuela de cantores, refectorio, cocina, preparación de jamones, despensa, patio, jardín y huerta; todo esto es una planta. En la planta superior particularmente las celdas de los frailes a cada lado de un largo pasillo oscuro en lo general, que es el verdadero claustro. El baño común y los retretes se instaban en un ángulo batido por los vientos dominantes. La escalera generalmente monumental se abría normalmente en la crujía perpendicular a la fachada, precedida a veces de un vestíbulo con bancas y nichos.

Hasta aquí terminamos por mencionar las características físicas que integran al convento del siglo XVI en México, su valor arquitectónico en lo general radica en ser reflejo del nuevo orden cultural, como un elemento edificatorio capaz de explicar las transformaciones de su tiempo y espacio específico; en lo particular nos muestra como es posible materializar lo incognoscible, aquello que solo es capaz de sentirse bajo el cobijo de la atmósfera del espacio, de lo que se ha llamado mística. Esta no se ubica en reino de la razón, es sólo perceptible en las criptas de la memoria en donde se corre el riesgo de morar en ella para oír los latidos del corazón.

 

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                               El contenido de la nada

Sobre el contenido de la mística se funda el convento, es por aquí donde trataremos de encontrar cuales son los conceptos esenciales sobre los que fue posible generar un programa arquitectónico tan vasto en la percepción de sensaciones que nos invitan a la reflexión de lo que no se pude conocer, de lo no se puede entender y por consiguiente no se puede apresar, de la presencia de aquello que es infinito y eterno de esto seguramente esta lleno el espacio conventual. El término mística proviene del latín, mystica , que es parte de la ciencia que trata sobre las atribuciones y perfecciones de Dios, de la teología. Esta rama teológica es fundamentalmente una vivencia y es un saber; saber siempre por debajo de la vivencia espiritual, contemplativa y del conocimiento, dada la inexpresabilidad del estado místico en su ápice, es decir en el éxtasis, cuando se da en el encuentro con la divinidad misma, en el interior del alma, encuentro infundido gratuitamente por aquella. La criatura, que no es otra que el hombre a los ojos de la divinidad tratará de aproximarse a ella mediante el conjunto de reglas de vida y prácticas morales que establece la ascesis, con ella renunciará a las satisfacciones materiales a favor de lograr virtud, conocimiento y fortaleza en la fe.

El contacto del alma con Dios, después de un proceso de ascesis, requería de la persona "Haber dominado sus conflictos y estar en contemplación de un bien más alto...estar satisfecho con los mandatos divinos, ser un principiante entre los principiantes y no hacer nada para uno mismo.... ser tan dueño de si que no se tenga la capacidad de cólera."(6)

Eso es lo que exigía el conocimiento de uno mismo, pero además la búsqueda de Dios exigía considerarlo como absoluto e infinito, por lo que no era posible llegar a conocerlo, más que por momentos en el 'éxtasis místico', donde se va más allá de la razón.

La senda de esta búsqueda por el contacto divino puede hacerse de dos formas:

La vía positiva, en la cual se le atribuye a Dios lo que consideramos positivo, de tal manera Él es supra-esencia, supra-bondad, la supra-perfección.

La vía negativa es considerar a Dios como absolutamente infinito, por lo tanto nunca será posible conocerlo en su totalidad sólo por instantes.

Definir, en todo caso, a la divinidad sería limitarla por lo que para aproximarse a ella habrá que suprimir todo concepto que de ella se tiene, es decir todo lo es de este mundo; Dios no es nada de lo que conocemos sea lo conocido sensible, intelectual o incluso intuitivo. Así la mística , se encarga de configurar imágenes que hay que entender más allá de la imagen misma, paradojas que nos muestran la totalidad de Dios y en especial su divinidad, la cual encontramos en la interioridad de nuestra alma. Imágenes y paradojas que sirven para sugerir, pero nunca para decir o definir.

El pensamiento místico, esta enfocado a la mirada, a esa mirada interior que reside en el alma, lo que interesa es la presencia divina en el alma humana, por medio de adentrarnos en nosotros mismos, llevando a cabo un 'itinerario del alma'.

Si somos hijos a imagen y semejanza de Dios, él esta en nosotros, en nuestra personalidad. Será por tanto "lo que mi alma me explica mediante la reflexión sobre la altísima unidad... brillando en su propia esencia totalmente indiscriminada" (7) y a la divinidad como el verdadero fundamento, lo que nos expresa Dios.

El proceso de ascesis nos conduce por las regiones más profundas del alma, en este camino "la luz es la primer cosa que aparece; seduce a la mente hacia lo desconocido sin ella desconocido; eterna, en sí acogida, zambullida en las tinieblas...allí esta cosa misteriosa que es el alma, se entrega a la unidad que es además su vida."(8)

La luz nos conduce, sirve de faro, pero es necesario perdernos en el abismo, despojarnos de la oscuridad de la luz, para que nuestra alma verdaderamente se trascienda, debe morir y muere en el asombro, en comunión con ella. "Allí el alma reparada no cuenta con nada; allí pierde los medios de la divinidad. Luz y sombra queda desembarazada de la materia y la forma. La chispa, así al desnudo, hace nada de su propia nada y queda engullida en la nada de su algo". (9)

El sentir de la nada nos proporciona los medios para situarnos en un estado de tranquilidad, de reflexión ante el tiempo sin nombre, donde el alma encuentra su verdadero sentir. Es la nada el símbolo de la pobreza en las personas, pero es la nada la que seduce al alma y la vuelve a la unidad "...al unirse el uno con lo uno el vacío brilla en el vacío... allí esta el ser supremo".(10)

Dios esta en el interior de las personas y se comunica con el ser humano a través de la nada, de su voz que es el silencio. Escondido esta en su profundidad sin movimiento, en la región donde la mente humana escapa, donde el misterio reposa "...en profundidades de calma que ninguna criatura sombrea".(11)

Por naturaleza, se nos plantea como incognoscible, y quizá por eso mismo nos dirigimos a sujetarnos de la felicidad más alta, de la que se establece cuando existe una comunicación con Dios, que lo es todo y a la vez nada, principio y fin de las cosas, razón de la totalidad que se encuentra en el infinito cuantificable del cosmos. Nos acercamos a El por la calma, que es signo de la serenidad del silencio. Es en el alma donde escucharemos la palabra eterna, es la voz de su verdadero ser entregado por medio de la práctica y la fuerza de voluntad. Pero conocer a Dios es conocerlo como incognoscible, es por tanto desconocido a los sentidos humanos, y su substancia que es el espíritu es tan rápido que pasa desapercibido. "Dios debe encontrarse en los opuestos: al desconocer el conocimiento conocemos a Dios; en el olvido de nosotros mismos, de todas las cosas".(12)

Baste entonces dejar la percepción de los sentidos que dependen del yo para comulgar con la divinidad mediante la esencia que es el ser. El llevar a la práctica el pensamiento espiritual conduce al desprendimiento del yo y de todas las cosas. Es alcanzar la unidad siendo la propia unidad y para ello la mente debe ser desconocida para concebir y conocer algo de Dios. "...Quien se encuentre en su casa en cualquier parte es digno de Dios, en aquel en quien las criaturas están calladas... cuando dejamos, todo lo concebible, todo lo expresable, todo lo visible; solo entonces abandonamos todas las cosas. Cuando con ese sentido abandonamos todo flotamos en la luz y, transparentes pasamos a Dios".(13)

Desprendernos de todo lo que se nos da como conocimiento, como intuición o como percepción, para conocerlo verdaderamente en su totalidad. Esto es lo que nos reclama una experiencia mística. Estar abierto al instante donde la epifanía será revelada, para ello habrá que creer con fe ciega en el fin que se persigue, aunque sabiéndolo incognoscible es ello lo que nos obligara a acercarnos desinteresadamente esperando que la divinidad se revele por entero, como un regalo dado del padre al hijo.

 

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                             La experiencia de lo sagrado

Lo que contribuya para adentrarnos en el interior del alma, formará parte del fenómeno místico. Es por tanto concebible que por medio de la arquitectura, utilizando sus propios medios se pueda inferir esta experiencia a través de una de las características esenciales de la arquitectura, hablamos de la espacialidad, en articular a la experiencia del espacio que es posible proporcionar. Para ello la calidad del espacio debe llenarse del contenido místico, del pensamiento que nos conduzca por el reino de lo inefable, llevándonos por "la noche oscura del alma".(14)

Es la noche la que nos sumergirá por la atmósfera de lo divino, donde la oscuridad nos marcará el camino. Alguna obra que tienda a ser mística empezará a navegar por el mar de los símbolos que van más allá del entendimiento de la razón común. Por ello la experiencia mística, es indecible, en cuanto que se ausenta del mundo, por ello al regresar al mundo no encuentra explicación, por no tener referente, así el medio nocturno de una fe que es ciega y en cuanto a un fin que es contemplación de Dios; tendrá necesariamente que estar presentes en el espacio místico. La oscuridad es una atmósfera que nos engulle, que nos saca de lo material para situarnos frente a la nada, aquí ella tiene contenido, es posible dotarla de sentido ya que será el medio para nuestro fin.

En el pensamiento místico este nocturno deambular es indescriptible lo que condiciona el uso de la paradoja, entendida como la reunión de términos e imágenes que resultan contradictorias, anulando el contenido de la palabra para sumergirnos en la atmósfera de una 'música callada'.

"Para venir a saberlo todo,
no quieras saber algo en nada.
Para venir a gustarlo todo,
no quieras gustar algo en nada.
Para venir a saberlo todo
no quieras ser algo en nada."
San Juan de la Cruz. (15)

El lenguaje de la experiencia mística será buscar una comunicación que va más allá del entendimiento, haciendo de su lenguaje sólo indicativo a lejana semejanza del que persigue. El espacio contendrá una atmósfera llena de significados sugerentes, casi podría decirse significativos, inexplicables para la mente. Este es el lenguaje que se expresa y se experimenta en los conventos. La posibilidad material de lograr esa ascesis. El lugar se recrea a partir de elementos contradictorios pero complementarios, la luz y la oscuridad. Luz confinada por las dimensiones de una ventana que son capaces de deslumbrar, de atraer. No importara la orientación sólo el hecho de sentirnos atrapados ante los ases que hipnotizan y que reclaman el alma ante lo desconocido. La luz difusa señala el camino por donde el tiempo no existe, las huellas una a una dejan de existir a cada paso dado, la sombra es el espacio mismo, aquella luz embruja el reflejo de la imaginación, el infinito cobra sentido de permanencia, aquí la poesía será tangible, hecha piedra; la luminosidad envolverá el cuerpo del ser y sólo quedara preguntar ¿Acaso he descubierto la presencia de Dios?

Lo místico implica abrirse a lo desconocido dejar al espíritu tan libre y anhelado acerca de todo, para que el alma no se desaquiete frente al pensamiento, porque es necesario que el alma este en calma en un profundo silencio para que "... según el sentido y el espíritu para tan profunda y delicada audición: que habla Dios al corazón en soledad".(16)

El silencio tiene en el convento, un sitio donde encontrar sentido, es capaz de envolvernos en un estado contemplativo, donde el espacio trascenderá su concepción original; la experiencia visual contradictoria en un primer momento y reducida al mínimo de expresión ahora se vera completada por una experiencia de tipo auditivo, la atmósfera tendrá a cobrar un nuevo sentido, la mística aparecerá como un canto sobre el espacio lleno de murmullos que entonan el canto de la poesía. El espacio llega a ser poesía congelada y tal vez se creerá haber estado soñando y ahora en ese preciso momento se pensará que se ha recobrado la memoria, la soledad tiene un sonido y una forma que sólo puede ser revelada a través de la poética del espacio, por los guardianes que se levantan a mis lados y me susurran lo indecible. El abismo de la ventana frente a los ojos podrá sugerir un mundo, el de la divinidad y ese rincón no será otra cosa que magia pura.

El punto es que "la imagen como la paradoja, nos conducen al silencio, por medio de la paradoja podríamos romper el lenguaje cotidiano y quedar abiertos a todos los significados."(17)

Consideremos un último valor de lo que es una experiencia mística y que se ve reflejada en el espacio conventual. Se hace evidente por su aspecto más evidente, la forma. En ella se presenta por medio de la austeridad (abstracción) y por medio del rebuscamiento (lo ilógico), estas dos maneras de entender el misticismo conducen al silencio una por contenido, donde la imagen austera, sencilla pero con alto contenido simbólico y la otra por cantidad, donde la imagen se vuelve confusa produciendo en el ser una serie de interrogantes. Ejemplo del primer caso es nuestro ejemplo del convento y del segundo las fachadas barrocas de algunas iglesias o los retablos del siglo XVII en México.

La experiencia mística es atribuible genéricamente todo aquello que no es conocible, aquello que es capaz de llenar al espíritu y por tanto es sabido sólo por el alma del hombre. La mística descontextualizandola de su lugar en la teología, como búsqueda de la divinidad, nos sitia en un conocimiento que se sitúa en la esencia, en los aspectos que son considerados como reflejo del alma, lo que hace que una cultura sea lo que es aquello no es representativo sino significativo. Otra cara de la mística es aquella que hace referencia a aquello que no tiene una explicación racional, aquello que por más que sea descrito no será posible definirlo.

Este es el contenido sobre el cual el universo envuelve la atmósfera cuya constelación es el espacio que se llena de imágenes que sólo pueden conmover al ser. El hombre soñará; lo vacío estará lleno de la divinidad. La mística es ese algo que no se puede explicar y lo que no encuentra explicación en el mundo racional y en la teología como materia de estudio tiene un nombre y es Dios. El convento es dentro de la experiencia espacial, una experiencia mística sólo descriptible cuando se ha estado bajo el dominio del silencio, con el claroscuro de los muros y envuelto en una atmósfera que nos conduce a lo desconocido, aquello que por desconocido existe ante los ojos del alma y frente a ella sólo lo sagrado perdura.

Arq. Adrián Baltierra Magaña  

 

NOTAS:

(1) Chilam de Chumayel, citado por Octavio Paz en el Laberinto de la soledad.
(2) Octavio Paz. Laberinto de la Soledad pag. 103
(3) Octavio Paz. Laberinto de la Soledad pag. 110
(4) Octavio Paz. Laberinto de la Soledad pag. 112
(5) Carlos Chanfón Olmos. Arquitectura Monástica del siglo XVI
(6) Eckhart, citado por Ramón Xirau, en De Mística.
(7) Eckhart, citado por Ramón Xirau, en De Mística.
(8) Eckhart, citado por Ramón Xirau, en De Mística.
(9) Eckhart, citado por Ramón Xirau, en De Mística.
(10) Eckhart, citado por Ramón Xirau, en De Mística.
(11) Eckhart, citado por Ramón Xirau, en De Mística.
(12) Eckhart, citado por Ramón Xirau, en De Mística.
(13) Eckhart, citado por Ramón Xirau, en De Mística.
(14) Ramón Xirau, De Mística. (15)San Juan de la Cruz, citado por Wylligis Lager, en La oración contemplativa.
(16) San Juan de la Cruz, citado por Wylligis Lager, en La oración contemplativa.
(17) Ramón Xirau, De Mística.

Bibliografía

Xirau, Ramón. De Mística .Edit. Joaquín Mortiz. México, 1992.
Lager, Wylligis. La oración contemplativa. Edit. Obelisco. España, 1989.
Chanfón Olmos, Carlos. Arquitectura Monástica del siglo XVI. Edit. UNAM. México 1988.
Paz, Octavio. Laberinto de la Soledad. Edit. Fondo de cultura económica, segunda edición. México 1994.
Miranda Basurto, Angel. La evolución de México. Edit. Herrero. Primera edición 1962 Mexico. (7ª. Reimpresión 1968)

Imágenes (acuarelas de Adrián Baltierra Magaña)

1 Fachada de la iglesia y del convento de Acolman (acuarela)
2 Azotea del convento de Acolman (acuarela)
3 Corredor que da un patio del convento de Acolman (acuarela)
4 Pasillo que conduce a un patio interior del convento de Acolman (acuarela)
5 Corredor del convento de Acolman (acuarela)