Arquitectura   y   Humanidades

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Introducción a "Eupalinos o el arquitecto", de Paul Valery

    Luis Ortiz Macedo

    Doctor en Arquitectura
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    La arquitectura es, con relación a la construcción,
    lo que es la poesía con relación a las bellas letras: es
    el entusiasmo dramático del oficio.

    Claudio Nicolás Ledoux

    I

    Cada vez que los estudios históricos definen la fisonomía de un artista se derrumba el mito de su aislamiento individual. La leyenda romántica del creador apartado de las vicisitudes que ocurren a sus semejantes, amurallado en una torre de marfil, cede ante el conocimiento del hombre compenetrado con los problemas de su tiempo. Sin embargo, la idea de la espontaneidad y el ímpetu creadores, de la originalidad ideal de cada obra, no queda por esto excluida, sino que toma sustancia de la propia condición histórica, se enriquece de la realidad.

    No existe ningún gran arquitecto que no conozca íntimamente la historia de la arquitectura y no extraiga de ella el alimento de su propia inspiración. Tal vez sus preferencias individuales puedan ser parciales o tendenciosas, pero el vínculo con la tradición es indisoluble en cada espíritu creador. Para comprender a estos artistas y, por lo tanto, para fijar el punto histórico en el que cada uno ha actuado (y en el que nosotros mismos nos asentamos), es necesario tomar conciencia de su milenario recorrido y de la vasta sucesión de experiencias aún vigentes. En este camino, que desde las edades más remotas hasta el presente cada arquitecto recorre en la búsqueda y la construcción de su propia historicidad, no existen censuras ni interrupciones; tampoco soluciones de continuidad. Por estas razones, los arquitectos contemporáneos, para tomar conciencia del mundo en el que inciden, deben formarse un conocimiento histórico amplio e inteligente, que no demerite el aporte original de su obra sino que, por el contrario, lo fortalezca culturalmente e impida que se consuma rápidamente.

    Inefables y ocultas (y por eso auténticas y decisivas) presencias culturales vibran aún en los monumentos más vanguardistas, y después de un siglo ininterrumpido de silencioso coloquio entre arquitectura e historiografía, exhortan a los nuevos artistas hacia la Historia, hacia la felicidad, que fue primero esfuerzo y fatiga, de saberla leer.

    II

    Historia y creación, arte y reflexión se conjugan en Eupalinos o el arquitecto, el texto de Paul Valéry inspirado en el diálogo socrático Fedro o de la belleza, el más antiguo compuesto por el filósofo griego.

    En su prólogo a la primera edición de esta obre de Valéry publicada por la Facultad de Arquitectura, Francisco Treviño escribió:

"La conversación de Sócrates y Fedro tiene lugar un día de verano en que los dos amigos, sentados sobre la espesa hierba, refrescándose los pies en el arroyo Ilysus, bajo el cielo de Atica, escuchan el canto de las cigarras y de las ninfas; en este cuadro que irradia placidez y armonía y en el que el autor ha reunido todos los encantos de la naturaleza, deja oír su voz aquel que poseía a un mismo tiempo, el amor de la ciencia y la ciencia del amor. En el diálogo de Paul Valéry, Sócrates y Fedro están muertos, departen a la orilla del Ilysus y el joven Fedro reclama a su maestro no haber sido arquitecto, sustentándose sus argumentos en referencia a lo que decía Sócrates: ¿No has observado, al pasearte por esta ciudad, que entre los edificios que la componen, algunos son mudos, los otros hablan y otros en fin, los más raros, cantan? No es su destino, ni siquiera su forma general lo que los anima o lo que los reduce al silencio. Eso depende del talento de su constructor, o bien del favor de las Musas."

    A propósito del aspecto abstracto de las formas arquitectónicas. Paul Valéry, en otro diálogo socrático llamado El Alma y la Danza, señala el parentesco entre la música y la arquitectura:

"Ambas (...) parecen dedicarse a recordarnos directamente, una la formación del universo, la otra, su orden y su estabilidad; evocan las construcciones del espíritu, y su libertad que persigue este orden y lo reconstituye de mil maneras (...) Imponer a la piedra, comunicar al aire, formas inteligibles; pedir poco prestado a los objetos naturales, imitar lo menos posible, he aquí lo común a las dos artes (...) La noción de integridad y de forma específica nos recuerda que toda naturaleza y, en el orden humano, toda obra de arte, debe ser tratada como un pequeño mundo, un microcosmos a la imagen del cosmos concebido como un todo por el Gran Arquitecto."

    No sólo contemplamos la arquitectura, sino que penetramos en ella y la experimentamos a través de nuestros sentidos. Así lo explicó Valéry en Eupalinos:

"¡ Estamos, nos movemos, vivimos... en la obra del hombre! De alguna manera respiramos ahí la voluntad y las preferencias de alguien. Estamos posesionados y dominados por las proporciones escogidas por él. No podemos escapar de él."

    La influencia del arquitecto en la vida de sus semejantes es inmensa y, además, de largo plazo, ya que la arquitectura no se conforma (no aún) de estructuras intercambiables en plazos breves. Nuestras ideas -una vez realizadas- perduran y se ostentan a plena luz, sin que podamos modificarlas a voluntad. La responsabilidad específica del arquitecto -tanto material como espiritual- se agrava, particularmente, por la dificultad que tiene para experimentar sin restricción en sus obras.

    III

    Deslumbrado por la lectura de Eupalinos, obra que Paul Valéry escribió por encomienda de la revista francesa Architecture d'aujourd'hui, que tanto contribuyó a la cultura arquitectónica de occidente, Mario Pani ("el adelantado de la arquitectura moderna en México", como lo he definido) la tradujo, hace ya más de 50 años.

    Fue esa traducción, en una sabia adaptación preparada por el dramaturgo Héctor Azar, la que sirvió para formar las academias estatales bajo la égida de la Academia Nacional de Arquitectura. Mario Pani en la voz de Eupalinos, el arquitecto Francisco Treviño en la de Sócrates, y yo mismo como Fedro, iniciamos un recorrido por diferentes ciudades de la república que culminó en el Fuerte de San Diego, en Acapulco, con un auditorio conformado esencialmente por estudiantes de gran parte de los estados del sur del país.

    Fue una ocasión memorable: frente al mar, delante de la arquitectura primordial del puerto del que el mismo Pani fue moderno planificador y urbanista, y frente a su compañera de toda la vida, tres grandes pasiones que estimularon a Mario durante su vida de creador, las frases que el poeta puso en boca de Eupalinos se encadenaban perfectamente con las de Fedro y Sócrates.

    Hoy, es esa misma traducción -autorizada por el propio Valéry- la que llega a las manos de las nuevas generaciones de lectores más de medio siglo después de su primera edición. Sin más preámbulo, es tiempo de que dejemos a esos nuevos lectores adentrarse en este maravilloso diálogo.

 

    Dr. Luis Ortiz Macedo   

    *Nota: Con autorización del autor nos permitimos publicar esta introducción al libro Eupalinos o el arquitecto de Paul Valery,
    editado por la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México, 2000.
    Coordinador de la edición: Silvia Bourdón