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Introducción
Hace poco más de quinientos años que aquí, en América
Latina, el rumbo y la fuerza de toda la concepción de la cultura
Mesoamérica cambiaron por otra de mayor intensidad y magnitud al
combinarse con la Española, a tal grado que detonó fenómenos
sumamente relevantes. Una vez alcanzada la coronación de la conquista:
se fusionaron las etnias, las cuales formaron una nueva raza mestiza;
y por otra parte se formaron nuevas estructuras sociales y urbanas.
Lo trascendente de estos fenómenos logró la realidad
del México pluricultural y polifacético de hoy.
Podemos afirmar indudablemente que tales fenómenos se debieron
también a la fuerza y acción de personajes, hombres catalizadores
que gestaron, accionaron y continuaron los ideales nuevos, matizados,
o personales de la cultura conquistadora del viejo continente.
Vasco de Quiroga representa a uno de sus máximos exponentes,
quien dejó huella profunda en los pueblos de occidente donde
tuvo lugar su labor de evangelización, específicamente
en los pueblos Purépechas. Él, con una enorme visión
revolucionaria humanística cayó en la cuenta de la importancia
de formar nuevas estructuras urbanas que permitieran condiciones favorables
para el desenvolvimiento de la vida espiritual de los indígenas,
así como de su participación en la vida urbana como componentes
esenciales de la ciudad.
La Arquitectura de ese siglo respondió también como
única y excepcional a dicho momento socio-histórico y
la cual supo aprovechar Quiroga para activar su noble labor.
Una de las principales obras arquitectónicas para la concretización
de sus pensamientos religiosos y humanísticos dentro de la ciudad
que el mismo fundara, Pátzcuaro, es la Catedral de cinco naves
(según descripción realizada por Mina Romero en su libro
La Catedral de Vasco de Quiroga), una vez establecida la diócesis
de su obispado, motivo nuestro de estudio.
I. Panorama General de la Formación de la Catedral
La Utopía de Vasco de Quiroga.
El renacimiento europeo fue una etapa de la humanidad que alcanzó
niveles superiores en todos los sentidos de la vida. El pensamiento
religioso no pudo ser excepción de asombrosos acontecimientos,
tanto así que la mente renacentista anheló un mundo libre
de la malicia e impurezas desatadas cientos y cientos de años
atrás.
Hubo sobresalientes pensamientos filosóficos y literarios, ecos
de la misma postura, entre las que destaca la Utopía de Thomas
Moro, la cual "censura la sociedad Europea del siglo XVI y propone
la adhesión de fórmulas de vida racionalmente perfectas,
ante la degradación espiritual rebasada hasta el momento."
Paralelamente, el descubrimiento de América proporcionó
a la tendencia naturalista y devoradora del renacimiento una ocasión
propicia para ejercer y lograr la anhelada perfección, ante tierras
desnudas, ingenuas y sencillas suponiéndolas más fáciles
de corregir que la Europa misma.
La cultura Española por su parte, acogió fervorosamente
esta postura para la evangelización de los nativos en la América,
posterior a las nuevas conquistas territoriales de Hernán Cortés,
y fue un magistrado español quien concibió el proyecto
de ajustar la vida de los indios al esquema ideal de la Utopía
de Moro: El Lic. Vasco de Quiroga.
Es importante conocer los antecedentes escolares de Vasco de Quiroga
para comprender la formación de su persona y la influencia que
tuvo en las creaciones urbano-arquitectónicas de la Nueva España.
Tras cursar estudios jurídicos, dedicó toda su vida al
estudio de la Teología y la cultura tradicional; Vasco de Quiroga
confiesa que la influencia predominante en sus proyectos encuentra básicamente
en los Saturniales de Luciano y La Utopía de Moro, que le proporcionan
la imagen de la edad Dorada, con la cual, compara insistentemente la
vida de los indios.
En Moro, él encuentra el modelo para organizar las comunidades
de acuerdo con la inocencia que descubre en los aborígenes.
También descubre a través de San Cirilo la idea, expresada
en la República de Platón, de que las ciudades son causa
de la impotencia del hombre aislado para atender las necesidades de
la vida.
A pesar de todas las circunstancias, difíciles y a la vez desafiantes,
Quiroga procuró elevar la vida india a niveles de virtud y humanidad
superiores a los Europeos; así cuando lee la Utopía, juzga
que las leyes ideadas por Moro son las más adecuadas para los
pueblos fundidos en el nuevo mundo.
Durante sus últimos años de vida, sin haber abandonado
sus firmes creencias y la fe en los indígenas, redactó
las magníficas ordenanzas para el gobierno en los hospitales-pueblo
de Santa Fe de México y de Michoacán - creaciones arquitectónicas
destinadas para el desarrollo indígena - resumidas en los siguiente
principios esenciales:
a) La organización comunal; familias; campo y ciudad; distribución
de los frutos.
b) Oficios útiles; moderación de la costumbre; jornada
de seis horas.
c) La magistratura familiar y efectiva.
Pátzcuaro.
La palabra de Pátzcuaro proviene de la cultura indígena
"tarasca Petahzacua o Petahzacuaro, que significa lugar de cimientos
o asiento para cues (templos, lo cual es acertado porque es un lugar
en donde hubo y continúan habiendo cues." .
Se localiza al sur del lago de igual nombre en un emplazamiento peculiar
que no fue seleccionado tras la conquista, sino que desde la época
prehispánica fue lugar predilecto para la localización
de centros ceremoniales, dedicados al culto, establecidos físicamente
sobre una plataforma elevada, a media altura de una ladera, de tal modo
que el asentamiento humano se desarrollaba a un nivel más bajo
frente a él. Detrás del emplazamiento continúa
ascendiendo la ladera que es como una especie de protección dorsal
natural. El conjunto pues no se haya al centro del emplazamiento, como
era costumbre, sino que lo domina visualmente, desde un punto exterior
a la zona habitada.
Conservando las peculiares características de dominio visual
del asentamiento, Pátzcuaro pasa de ser un centro ceremonial
indígena a un centro religioso cristiano con la implantación
de la cultura conquistadora, respetando toda la red de caminos de acceso,
de origen prehispánico, quedando de trazo radial en relación
al centro ceremonial.
Otra peculiaridad del trazo de la ciudad son las calles, que presentan
un templo como remate de la perspectiva.
En Pátzcuaro, una vez como capital de la Provincia, Quiroga inició
la construcción de las instituciones necesarias para el funcionamiento
normal de su diócesis.
Funda el Colegio de San Nicolás Obispo, primero que estableció
de esa índole en la provincia, y el hospital de Santa Martha,
el cual fue destinado a la caridad pública. Se funda el antiguo
colegio de San Nicolás de Hidalgo. También se establecieron
edificios conventuales de Agustinos y Jesuitas, compañías
de vanguardia dentro de la Iglesia.
La catedral.
Una de las necesidades principales que debió satisfacer Quiroga
a su llegada a la ciudad de Pátzcuaro fue la construcción
de servicios religiosos que requerían las nuevas comunidades
cristianas y no propiamente de evangelización, labor hecha por
misioneros y facilitada por las poblaciones ya agrupadas.
La catedral de Don vasco fue de los más importantes proyectos
arquitectónicos que pasaron primeramente por su mente que posteriormente
llevara a cabo, una vez establecida la cabeza del obispado en Pátzcuaro.
En el capítulo anterior se señalaron aspectos del tejido
urbano de la ciudad como el predominio visual, radial y los vestigios
mesoamericanos conservados , mismos que fueron captados y adoptados
para conceptualizar el conjunto catedrálico, que ubicó,
finalmente, en el mismo recinto ceremonial.
Así mismo respeto la posición y la altura de la ladera
para su proyecto porque deseaba respetar la concepción indígena
o porque quería mostrar la sustitución efectuada por la
conversión del cristianismo; cualesquiera que hayan sido los
motivos, "debió sujetarse a las limitaciones y condicionantes
que esa ubicación le imponía para adaptarse a la visión
radial, clausurando la parte dorsal del cuerpo del edificio y reduciéndola
a una fachada ciega ".
La traza de del edificio es de forma muy peculiar y clara, aunque se
saliera de todas las normas conocidas entonces para la construcción
religiosa europea.
La solución que le dio al proyecto fue la siguiente:
"cinco naves exentas convergentes a una capilla central de testero
plano, dispuestas radialmente de las cuales solo tres tenían
acceso al interior: la central y las adyacentes. A los pies de la primera
se encontraba la torre." .
Tal disposición espacial de las naves permitiría separar
a las distintas comunidades, va por sexo o por edad; además todos
tendrían la posibilidad de ver las celebraciones sin los detalles
molestos de grandes columnas y en el control perfecto de asistentes
por parte del celebrante. La idea de Quiroga nos hace pensar que también
en este caso, como en la creación de sus hospitales, se inspiró
en la Utopía de Moro.
La caracterización "funcional" fue resuelta al colocar
a los hombres en la parte derecha y a mujeres en la izquierda, y se
sitúan en forma que los hijos varones de cada familia se sientan
delante del padre, mientras que la madre preside el grupo de las mujeres
de su hogar. Establecía un lugar específico para los niños,
quienes perdían el tiempo en entretenimientos pueriles
Otro concepto hipotético para disponer las naves radiales fue
la división de barrios que existía en la ciudad; los indios
ocupaban el barrio fuerte (situados en la nave existente),
San Agustín y agregados de San Bernardino y San José;
quizá cuatro de las cinco naves eran cada uno de los barrios
de indios y una más para los españoles
Es posible comprender y corroborar es el espíritu práctico
de Vasco, que consideraba en todo momento al indígena en la participación
de los espacios construidos por su energía, y en las necesidades
del lugar : la evangelización.
La Catedral de Vasco de Quiroga, inconclusa en su proyecto, ha guardado
un interesante condición que le ha permitido funcionar a lo largo
de tantas décadas diferentes. Tales condiciones interesantes
son las que me permitiré referir en la siguiente sección,
la cual tienen como propósito entender las bases humanistas que
formaron a tan interesante obra arquitectónica.
II. Bases Humanistas
El mito.
Siempre se ha vivido bajo un mismo centro, bajo una incertidumbre ante
un constante terror: el fenómeno de la muerte, tanto los seres
primitivos como los seres humanos actuales, no han podido enfrentarlo
racionalmente.
El hombre nunca ha podido resignarse a la desintegración de su
existencia física aun con la conciencia que tienen de su inevitabilidad.
Lo que sí pudo admitir y apreciar fue la consistencia de su corporeidad:
lo material y lo espiritual; lo finito y lo infinito. Y pudo establecer
que sólo puede alcanzar el conocimiento pleno, la perfección
de sí mismo, siguiendo ambos caminos y satisfaciéndolos
a la vez.
El mito, por su parte no pudo dar una respuesta racional al problema
de la muerte, pero lo que sí fue capaz de plantear y resolver
fue el problema mismo de la muerte en un lenguaje comprensible para
la mente primitiva.
El mito es elemento que se encuentra arraigado a la naturaleza humana,
es decir, históricamente no se halla ninguna gran cultura que
no este dominada por elementos míticos y penetrada hondamente
por ellos.
El mito es un impulso, "una carga magnética que pudo, ella
sola, inducir a los hombres a realizar obras" , que permitió
la idealización y construcción de sociedades esencialmente
míticas concretizadas en la arquitectura, literatura, filosofía,
artes.
Un espacio sagrado para un fiel es un lugar mítico, donde existe
"una revelación de lo divino; el único, entre todos,
donde el fiel participa de algún modo con la presencia, con el
contacto, con la vista, con la unicidad de aquella revelación";
el tiempo para él se detiene, en un instante contempla, siente
la “unicidad” del lugar, símbolo encarnado de su
fe, núcleo central de toda su vida interior.
Es posible entonces reconocer que un espacio dedicado a la actividad
ritual de la humanidad, que permite una comprensión de la perdurabilidad
del espíritu en el más allá representa un espacio
mítico.
La imaginación.
El mito es el resultado de profundas emociones humanas; emociones
espirituales fuertes "convertidas en imágenes. Estas imágenes
son toscas, grotescas y fantásticas. Pero esto es justamente
lo que las hace comprensibles para el hombre no civilizado, pues ellas
pueden darle una interpretación de la vida de la naturaleza y
de su propia vida interior."
La imaginación al ser una estructura interna del ser humano,
nos revela sentimientos y nos ayuda a comprender la importancia que
ella misma juega en la conducción de la humanidad y en la estructuración
de culturas enteras al actuar alrededor del pensamiento mítico.
El concepto de imaginación es muy general y que a la vez reviste
significados polivalentes actuando en diversos contextos como en el
sueño, el ensueño, las creencias colectivas (mito), o
los proyectos utópicos.
La imaginación es la capacidad de crear imágenes y el
plano donde actúa es el psiquismo humano; es decir no existe
otra parte del cuerpo humano donde se pueda gestar a la imaginación.
Este aparato interno es "una estructura eminentemente procesal"
y tales procesos psíquicos son polifacéticos; un mismo
proceso puede asumir configuraciones y aparecer ya sea predominantemente
como concepto, como imagen o como recuerdo, puede tener enfoques diferentes,
produciendo diversidad en el mismo.
Estableciendo tal diversidad necesariamente es decir sin embargo que,
el psiquismo bajo cualquiera de sus formas implica siempre tendencia
a algo, algo que no es necesario ser un objeto externo, sino que puede
ser él mismo bajo sus propios procesos.
Implica tendencia a algo porque el ser humano está expuesto
a la exterioridad, de tal forma que en todo momento es susceptible de
captar a través de los sentidos información, procesando
fenómenos fisiológicos por medio de la imaginación
en lenguaje psíquico.
Podríamos decir que es ver, en un sentido lato; es una actitud
que consiste esencialmente en la aprehensión de un objeto, figurativamente.
Aprehender lo real, entendiéndolo como lo que nos afecta, lo
que aparece al sujeto, en este contexto, aún lo exterior. "Es
real todo aquello que se da, que se presenta, se manifiesta, ya sea
natural o histórico-social, que aparece y es aprehendido por
el sujeto.
La imaginación implica trasgredir, ir más allá
de un modelo registrado fielmente; "significa no conformarse con
reflejar lo dado, es una actitud que niega, rechaza, toma distancia
ante lo que se le ofrece para proponer una construcción propia
sobre aquello que se trate".
Estas definiciones conjuntas nos acercan a lo que representa la imaginación
en el ser humano. Es también posible determinar que la imaginación
es anticipación.
Imaginación y anticipación.
La condición para que opere la anticipación en la imaginación
es tener un objeto ausente, el cual haya dejado cierto saber, pero no
un conocimiento directo, observacional. Se puede hablar aquí
de imágenes prospectivas.
En este camino de producción de imágenes se escrutan
otras dimensiones del tiempo, "la dirección hacia el porvenir.
La imaginación expectante genera múltiples imágenes
alternativas, que colman la ausencia en parte desconocida".
Se intensifica la actividad del psiquismo en estas ausencias y la creación
es fundamental; se convierte en un trabajo deliberado de construcción
teórica de anticipaciones, "función que desempeña
en parte la Utopía, centrando todo esfuerzo en el futuro; nos
orienta hacia lo que todavía no es, en una palabra, esta actividad
se convierte en las relaciones entre la imaginación y lo posible".
La faceta más intensa, la anticipación en la imaginación,
puede conducirnos a la producción inventiva, a la creación
del arte o al descubrimiento.
En general el poder de la actividad psíquica de crear o reproducir
figurativamente objetos, reales o ficticios, para después sintetizarlos
o alterarlos, según el fin pretendido, nos introduce a dimensiones
interiores en nosotros mismos; nos permite viajar en tiempo real y en
espacio subjetivo. En resumidas cuentas la imaginación es una
actividad intencional que pone un objeto, irreal, pero espontáneamente;
es una función de libertad, decisiva para el encuentro de nosotros
mismos.
Cuando es empleada en función del mito, como vehículo
para poder alcanzar la eternidad de la personalidad espiritual, se logra
una riqueza interior tan basta, que nos ayuda a gozar de la composición
esencial del ser humano: la materialidad y espiritualidad; y a vivir
entorno a un ámbito capaz de mover y transformar fenómenos,
hasta crear mundos enteros, y concepciones nunca antes realizadas.
Lo íntimo
El término tiene su origen y justificación en los dos
capítulos anteriores que son el mito, y la imaginación;
el mito enfrenta al hecho de la muerte para poder calmar tan dolorosa
inevitabilidad ayudado por el factor activo que es el rito, y este a
su vez produce un efecto calmante en el interior del ser humano. La
actividad del mito es objetiva, y hasta palpable.
Por su parte, la imaginación es la actividad coprotagonista del
ser para operar y llevar a cabo tales actividades, con un funcionamiento
subjetivo.
Sin embargo las dos pretenden un énfasis en el concepto de lo
íntimo para alcanzar la perfección.
A continuación se analizarán, no el significado de la
palabra, sino algunos fragmentos de Gaston Bachelard que nos ayudarán
a comprender lo que representa para cada persona y, posteriormente acercarnos
a calificar bajo el texto, la obra arquitectónica de nuestro
trabajo.
La inmensidad íntima
La imaginación comprende el ensueño y este comprende
a la vez la inmensidad íntima. Conviene establecer entonces que
estamos ante una actividad de la psique humana.
El ensueño opera en diversos espectáculos, y uno de ellos
es la contemplación de la grandeza. "Esta contemplación
determina una actitud tan especial, un estado de alma tan particular
que el ensueño pone al soñador fuera del mundo próximo,
ante un mundo que lleva el signo de lo infinito".
Aun cuando la realidad inmensa no este presente, es posible renovar
esa grandeza. Es decir, la imaginación agranda sin límites
las imágenes de la inmensidad; el sentimiento de la inmensidad,
no tiene que esperar que los fenómenos de la imaginación
se constituyan y estabilicen en imágenes acabadas para conocer
el flujo de producción de imágenes, reproduciéndolas
y recreándolas simultáneamente para entrar en una dimensión
interior; es esta vía del ensueño, de inmensidad, un camino
para lograr el engrandecimiento de la conciencia; "nos sentimos
promovidos a la divinidad del ser admirante, motivo único cuando
se busca el enriquecimiento espiritual".
Este mecanismo interior del ser, esta meditación nos libera de
la preocupación de estar solos ante el mundo, puesto que nos
abrimos de cierto modo al mundo al rebasar al mundo visto tal como es,
tal como era antes de que soñáramos; en nosotros mismos
producimos la elevación de la grandeza, y solo podemos encontrarla
ahí.
Está adherida a una especie de expansión de ser que
la vida reprime, que la prudencia detiene. En cuanto estamos inmóviles
estamos en otra parte.
Cuando es lograda tal actividad en la mente humana, es posible conocer
el verdadero significado de ciertas expresiones que respecto al mundo
que se ofrecen a nuestra vista "porque la reproducción imaginativa
elimina cualidades de la imágenes reales: detalles se borran,
lo pintoresco se decolora, la hora no suena y el espacio se extiende
sin límites".
No es difícil reconocer, por consecuencia, que existe la grandeza
del mundo exterior, aunque limitada ante la imaginación; aún
así, tal grandeza no es solo una idea general, formada en la
contemplación de los espectáculos grandilocuentes sino
que vienen de la profundidad insondable de los vasto pensamientos del
hombre.
Los personajes que nos conducen a conseguir el camino de las vivencias
son los poetas; ellos "nos ayudarán a descubrir en nosotros
un goce de contemplar tan expansivo, que viviremos, a veces ante un
objeto próximo, el engrandecimiento de nuestro espacio íntimo".
El espacio íntimo
El espacio real es inherente y absoluto al ser humano; cubierto o
techado; natural o transformado por la mano del hombre, reducido o inmenso,
pero al fin absoluto. La condición de encontrar un espacio íntimo
y de engrandecimiento que responda a necesidades de cobijo espiritual
se consigue a través de la voluntad de la ensoñación;
a través del espacio íntimo.
Así los dos espacios, el espacio íntimo, el cual nos pertenece
solo a los seres humanos, y el espacio exterior compartido por todos
los seres vivientes de la tierra, vendrán a estimular nuestro
crecimiento.
Cada experiencia espacial vivida con este proceso psíquico se
vuelve un espacio poético, que expresado adquiere valores de
expansión.
El objeto arquitectónico presente ante la visión del sujeto
capta un espacio delimitado por sus elementos físicos, sin embargo
darle su espacio poético "es darle más espacio que
el que tiene objetivamente, o para decir mejor, es seguir la expansión
de su espacio íntimo. El espacio no está en ninguna parte;
el espacio está en sí".
Daniel Hernández Gallegos. 
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