"Habitar
es la expresión de la precisa relación del ser
humano con el mundo ".(1)
Merleau Ponty.
Cuando se
habla del vivir inseparablemente se hace referencia al habitar
e indisolublemente se piensa en una espacialidad habitable para
ello. Estos dos últimos conceptos, habitar y espacialidad
habitable (dada por un objeto), son temas recurrentes en la
discusión del entorno habitable construido desde diferentes
disciplinas, pero siempre en competencia a la arquitectura,
cuyo origen deviene del deseo de la materialización de
objetos habitables para el hombre; sin embargo, estas aportaciones
desde diferentes campos de conocimiento suelen ser fragmentarias
y poco vinculadas entre sí, lo que no ha permitido acercarse
a la respuesta del cómo se relacionan ambos conceptos,
cómo el habitar puede determinar y ser expresado en el
objeto habitable (urbano y arquitectónico), y cuál
es la importancia de ello. Esta la preocupación central
del presente ensayo, que pretende aproximarse, desde el campo
de la humanidades y de la teoría de la arquitectura,
a una posible identificación de la importancia de la
relación de ambos conceptos, habitar y objeto habitable,
para (adelantándome) el bien vivir, en una concepción
integral del hombre.
I
El habitar, cuyo nombre deriva de la palabra hábito (costumbre
o manera de obrar), se expresa a través de todo tipo
de actos: prosaicos, poéticos, superficiales, profundos,
liberales o serviles, etc. Así, estas maneras de obrar
no son tan solo una secuencia más o menos ordenada del
actuar, sino más bien son la sustancia del habitar.
El hábito
de habitar implica a todos los sentidos, de ahí que se
pueda decir que se habita amando, trabajando, estudiando, conversando,
durmiendo, etc.; luego entonces, el espacio habitado puede ser
identificado, utilizado e imaginado como el escenario de la
conducta y acción social e individual del hombre. Así,
el habitar crea hábitos, que se expresan en actos y la
suma de éstos constituye un principio de la habitación:
habitar es habituarse, y habituarse implica permanencia y cierta
repetición. A partir de ello se plantea que es entonces
el hábito, y no la habitación, la primera secuencia
del propósito de habitar.
Hasta aquí
surge una pregunta: ¿qué es lo que da sustancia
a los hábitos?. Ernest Cassirer (2), platea que la respuesta
se encuentra en el pensamiento mítico del hombre.
"Lo
que un pueblo hace con respecto a sus dioses debe ser siempre
la clave, tal vez la más segura, para saber lo que piensa".
A la pregunta
obligada de qué es el mito, Cassirer expone algunas de
las contradicciones significativas producto de un debate moderno
con grandes controversias: que el mito es producto de la primitiva
estupidez humana, producto de la imaginación, pura fantasmagoría
(Tylor); que es grotesco, irracional, incongruente, absurdo,
contradictorio, que es ilusión, alucinación y
sueños construidos por una mente "prelógica"
(Lévy-Bruhl); que es una patología o "peligrosa
infección" que se origina en el campo del lenguaje
y luego se difunde hacia la civilización humana (Müller);
que son principios de asociación esenciales para el funcionamiento
de la mente humana ilegítimamente aplicados que conducen
a la magia, hermana bastarda de la ciencia (Frazer); que es
tomado como realidad y que se piensa y actúa de acuerdo
con ellos (Spencer); que son una masa de "ideas",
de representaciones, de creencias teóricas y juicios,
etc. Parece ser que el hombre se aferra poderosa y obstinadamente
al mito en lugar de enfrentarse directamente con la realidad,
porque vive una vida de emociones y no de pensamientos racionales.
"Para
comprender el mito, se debe empezar por el estudio de los ritos".
Cassirer
manifiesta que el mito no puede sustraerse del rito que desprende,
así, la antropología ha explicado a los ritos
como manifestaciones motrices de la vida psíquica del
hombre. Lo que se manifiesta en ellos son tendencias, apetitos,
afanes y deseos que se traducen en movimientos (rítmicos,
solemnes o desenfrenados, regulares y ordenados o violentos
estallidos orgiásticos). Así, "el mito es
el elemento épico de la primitiva vida religiosa del
hombre, y el rito es su elemento dramático ". ¿Qué
significa esto de que los ritos son manifestaciones motrices
de la vida síquica del hombre?. Ciertamente lo motriz
implica movimiento
y lo de la vida psíquica se puede
entender a través de las preocupaciones, afanes y deseos
del hombre; luego entonces, los ritos pueden ser aquello de
lo más profundo emotivamente que pone en movimiento al
hombre. Ello es lo que constituye la sustancia de los hábitos
(actos rituales), cuya suma integran el habitar. Heidegger dice:
" La manera según la cual los mortales son en la
Tierra, es el habitar."
Ello demanda
la conformación del terreno donde se desarrolle la vida
cotidiana del hombre, es decir, donde tengan "lugar"
las prácticas habituales que integran su expresión
social concreta dando origen al entorno habitable construido
(a saber: lo urbano y lo arquitectónico en diferentes
escalas). Este hecho "
determina el surgimiento de
dos unidades conceptuales principales: el territorio y el lugar."
(3)
Reconocerse
dentro de un territorio, como habitante del mismo, donde a su
vez habitamos con los nuestros, es un factor de identificación
y de pertenencia, es decir de identidad. Así, el habitar
(expresado a través de actos costumbre) territoriza al
espacio, el vivir en lo califica, y ambos lo dotan de significado
para que sea algo más que un conjunto coherente de sitios;
ello hace que cuando se constituye una comunidad territorial,
sus habitantes integren una sociedad y la sostengan con sus
formas de organización y producción de deseos,
necesidades y satisfactores. En los modos de vida se encuentran
las bases que definen el entorno construido (urbano y arquitectónico),
donde el habitante genera soportes que le permiten identificarse
en medio de múltiples acontecimientos y símbolos.
En tanto
que se ha planteado que "
el lugar es la manifestación
concreta del habitar humano, donde la identidad del hombre depende
de su pertenencia a un lugar." (Norberg-Schulz ) (4); son
los lugares, los sitios donde se asocian rasgos con usos y con
usuarios, fines y experiencias pasadas que les permiten adquirir
identidad y reconocimiento como parte de un territorio. Ambos,
territorio y lugar, más que percibidos son construidos
por el individuo y por prácticas y creencias que son
de naturaleza social, ello da origen al entorno habitable construido,
conformado por lo urbano y lo arquitectónico, que a su
vez expresan el habitar.
II
"Al
habitar llegamos, así parece, solamente por medio del
construir". Recordamos esta frase de Martín Heidegger,
con la que inicia su ensayo sobre el "Construir, habitar
y pensar" (5); donde plantea que el construir tiene al
habitar como meta (yo diría que el construir tiene su
origen en el habitar). Si consideramos, como lo plantea Heidegger,
que el habitar y el construir están en una relación
de fin a medio, entonces ello sugiere que sea el habitar lo
que sustente al construir (con la intención de cuidar,
de mirar por el crecimiento), con lo que volveríamos
al planteamiento de las manifestaciones de los modos de habitar
de cada entidad social, sus expectativas y su expresión
física concreta: lo construido. Sin embargo, él
hace una aportación general respecto a lo que todo ser
humano trata de expresar y conseguir en el habitar a través
del construir: estar satisfecho, llevado a la paz, permanecer
en ella, es decir, preservado de daño y amenaza; todo
ello lleva en última instancia a la Cuaternidad (unidad
donde convergen la tierra, el cielo, los divinos y los mortales),
donde los mortales habitan en la medida en que cuidan de dicha
Cuaternidad y la llevan a la esencia de las cosas. Construir
es al mismo tiempo el habitar. Ésta, finalmente, es otra
manera de abordar la complejidad que el habitar representa,
distinguiéndola del edificar y considerando siempre al
construir como el habitar mismo). Sin embargo, vayamos ahora
a otra interpretación, de lo que el hecho de construir
el entorno habitable implica cuando se considera habitar y construir
por separado.
La arquitectura
tiene un carácter eminentemente propositivo, capaz de
responder a las formas de vida (a los hábitos que se
desarrollarán) que le dan origen y superar las expectativas
previstas, dotándole de nuevas formas habitables que
no se contraponen a las formas en como se ha venido dando el
habitar, por el contrario las pueden revitalizar, en un proceso
histórico de la generación de la forma. Al respecto,
se ha destacado que los entornos habitables construidos son
mucho más que un mero reflejo pasivo de la cultura o
un receptáculo para el comportamiento humano, sino que
tienen un papel activo en relación con ambos: el hombre
y el entorno construido (Rapoport, 1990)(6); también
se plantea que la condición humana y el entorno habitable
son el resultado de un mismo proceso dialéctico donde
se da un mutuo condicionamiento y formación (Hierro,
2001)(7); Al respecto, C. Alexander (1971 ) (8) ha expresado:
"(
) partiendo de la consideración de que todo
medio ambiente, grande o pequeño, es la corporización
tridimensional de la cultura, entonces sus categorías
culturalmente definidas son las que organizan el espacio, ya
que cada una de ellas define una actividad, en un lugar, y con
sus respectivos comportamientos humanos establecidos."
Por su parte Doberti (9)establece una relación directa
entre los comportamientos sociales y las conformaciones del
hábitat y plantea que los comportamientos de cualquier
orden - alimenticios, sexuales, laborales, pedagógicos,
etc. - están indicados, posibilitados y delimitados por
las estructuras de formas (espacios y objetos) que realizan
las nociones de comedor, alcoba, oficina, aula, etc.
De lo anterior
se puede inferir que los objetos no son habitables por sí
mismos, aunque su cualidad de habitables es lo que les ha dado
origen, es sólo cuando el hombre los dota de significados
(los designa) cuando se puede identificar su caracterización
de habitable, como cualidad de lo habitable (que puede habitarse,
es decir, habituarse lo que lleva implícita cierta permanencia).
Así, habitar y habitabilidad, pueden ser entendidas como
"
una relación comprometida conciente y activa
con el medio físico. Habitamos, al ser parte de los objetos
y somos habitados por ellos, al ser parte de nosotros mismos."
(10)
Así,
el habitar, y ahora más explícitamente los hábitos
(actos - acciones), se manifiestan en las diferentes escalas
del entorno construido, por y para tales fines, desde los primeros
niveles de organización como la casa, hasta los más
complejos como la ciudad. De aquí que se pueda decir
que las prácticas sociales están en relación
directa con los entornos construidos donde se inscriben, pues
son las interacciones complejas (acciones y símbolos)
de los individuos y de los grupos, en continuo diálogo
con el entorno, las que conducen a los diferentes modos (maneras
particulares de hacer una cosa) de diseñar, organizar
y producir sus espacios habitables.
Este es
el punto donde se enlazan los procesos de producción
proyectual arquitectónica y las formas de vida y la habitabilidad
(como cualidad de lo habitable), pues esta producción,
como hecho social, estable una específica dinámica
del modo de producir objetos habitables, de donde surge la pregunta:
¿Cómo se constituyen los objetos (e intrínsecamente
las espacialidades) habitables?
III
Hartamman
(11) plantea que, en principio, la arquitectura es la menos
libre de todas las artes, ya que está doblemente atada,
primero por la determinación de sus fines prácticos
a los que sirve (que le dan origen y que no es elegido libremente
sino que deviene de un habitador o un constructor que lo demanda),
y segundo, puesto que ha de ser construida, la atan el peso
y fragilidad de los materiales con que se materializa. Sin embargo,
como se ha mencionado, siendo en esencia una actividad proyectual
y propositiva de formas, se puede liberar y ser dotada de cierta
independencia estética. Esto genera un problema entre
libertad y falta de libertad, cuya solución se encuentra
en una síntesis, en donde construcción (fin práctico)
y composición (fin estético) sean una sola propuesta,
para llegar a construir algo más que cosas útiles.
Aquí puede residir la genialidad en el arte de la arquitectura.
Para ello,
Hartmann propone la identificación y hábil manejo
de "estratos externos" en la arquitectura. Respecto
a éstos , se pueden identificar: 1) la composición
según un propósito: que debe dejar de ser entendida
como una limitante, por el contrario la obra arquitectónica
"
sólo puede ser una solución que parta
por completo del aspecto práctico y elija después
las posibilidades que éste le permita desde el punto
de vista de la forma estética ", reconociendo con
ello que la arquitectura nace de un fin práctico pero
que en su solución debe mostrarse el arte; 2) la composición
espacial: que está referida a las posibilidades estéticas
de la organización y dimensionamiento de los diferentes
espacios y masas, es decir, al arte del proyectar; y 3) la composición
dinámica: entendido como el manejo de los materiales
y procesos de construcción ligados a la materia que ha
sido elegida según el fin práctico y la composición
espacial, así, los tipos de construcción están
esencialmente condicionados por el poder técnico pero
siempre al servicio de una composición espacial determinada.
Hasta aquí,
pareciera que no hay gran aportación de Hartamman al
tema, sin embargo es en la proposición de identificar
otros estratos de carácter interno, definidos como aquellos
que dicen algo de la vida o del ser anímico de los hombres
que la construyeron, que se encuentra lo relevante para descubrir
a través de ello, las manifestaciones del habitar que
le dan origen, y a partir de los cuales se puede tener una visión
mucho más rica y profunda sobre el hecho arquitectónico.
Pero, aclara, no toda obra arquitectónica posee estos
estratos. De ahí que se crea que lo peculiar de las formas
arquitectónicas es que expresan lo humano, y que no surgen
como ocurrencias del individuo, sino que se configuran paulatinamente
en una larga tradición, con lo que se confirma el carácter
social de la arquitectura. Entonces, distingue tres estratos
internos (que aparecen más o menos secuenciados): 1)
el sentido o espíritu de la tarea práctica; 2)
la impresión de conjunto, de las partes y del todo, que
tienen relación directa con los estratos externos de
la composición espacial y la dinámica; y 3) la
expresión de la voluntad vital y del modo de vida, casi
siempre inconsciente y siempre en una cierta oposición
con el propósito práctico.
De éstos,
el estrato interno que se reconoce como el más profundo
es el tercero, pues manifiesta la relación de la voluntad
de una vida humana que transcurre en formas habitables determinadas,
y se afirma que sólo cuando se da esta relación
pueden aparecer la vida y la forma de ser del hombre en sus
construcciones. Este es el estrato más interno de la
arquitectura, el de la voluntad vital, pero (como se ha mencionado
a lo largo de este ensayo) no se refiere a una voluntad individual
sino a la voluntad histórica de una comunidad que vive
de un "modo" determinado, con unos ideales y unas
nostalgia comunes, nacidas de una tradición genuina,
es decir, el espíritu del que brota una obra arquitectónica
es, desde un principio, un espíritu comunitario (objetivo),
que proviene de la distancia histórica, de principios
pequeños, y se transforma muy lentamente.
Dicha relación
de voluntad de expresión de un particular modo de habitar,
tiene una íntima relación con lo que Worringer
(12) plantea acerca de la voluntad creativa. En su trabajo,
también habla de buscar en las relaciones históricas
más íntimas de la humanidad para comprender las
energías morfogenéticas existentes en la arquitectura
que impulsan la necesidad de su expresión (la voluntad
artística, la voluntad de forma) y con ello, comprender
al fenómeno mismo de la arquitectura. La tesis que nos
propone es: que si se es capaz de considerar a la historia del
arte como una historia de la voluntad artística, ésta
adquiere una significación universal, porque los cambios
de voluntad, se manifiestan en las variaciones de los estilos
social e históricamente cambiantes, reflejados en los
mitos, las religiones, las reflexiones filosóficas, y
en las intuiciones del universo; así, ello se convierte
en la historia del alma humana y de las formas en que se manifiesta.
Ello conlleva a valorar no tanto a los objetos producidos sino
a la voluntad y los conocimientos mismos para materializarlos.;
y expresa: "
La tarea de la investigación
de la voluntad artística consiste propiamente en dilucidar
las categorías morfogenéticas del alma, es decir
sus energías humanas que impulsan a la necesidad de expresarse
formalmente en los estilos y su evolución, manifestándose
en cambios cuya regularidad se hallan en la relación
entre el hombre y el mundo exterior (relación llena de
variantes y rica en múltiples peripecias)."
IV
Otra consideración
es que el carácter interno de un obra arquitectónica
no se agota sólo con el propósito de la misma,
ni en la forma espacial ni en la construcción dinámica
y los recursos, sino que debiera expresar además algo
del carácter y del modo de ser colectivo de los hombres
que la crearon, pero no solo desde el punto de vista del productor
sino también del posible habitador. Si esto fuera así,
muy probablemente la separación que generalmente existe
entre los espacios construidos por terceros y los modos de habitar
de futuros usuarios no sería tan grande, y las construcciones
no sufrirían tantas modificaciones como omisiones del
modo de habitar específico del usuario. Esto no quiere
decir, que la arquitectura se diseñe reproduciendo fielmente
todos los hábitos de su habitador, hecho casi imposible
de identificar por el diseñador y/o constructor, y que
además le compete al habitador mismo en aras de su apropiación
del objeto; de lo que se trataría en todo caso es de
partir de la concepción de que el hecho arquitectónico
es complejo, que tiene un carácter social, e individual,
formal e históricamente contextualizados, mismos que
el diseñador, el productor y el constructor debieran
atender con la misma avidez que las cuestiones de carácter
práctico (económico y técnico), para lograr
con ello entorno habitables que sean mucho más que construcciones
útiles, porque en ellos se desenvuelve la vida del hombre
y éste requiere de lugares con los que pueda relacionarse,
pertenecer y finalmente identificarse, para "hacer pie
existencialmente" (Norberg-Schulz). Es dotar a los objetos
habitables de su cualidad estética que permitan llegar
a poetizar el espacio porque como plantea Heidegger: "Es
solo poéticamente como habita el hombre en la Tierra".
Así, como hecho social, el entorno habitado no puede
ser comprendido como algo acabado, cerrado y definido; por el
contrario, está inmerso en una dinámica de permanencia
y cambio constantes que provocan tensiones, adhesiones y separaciones,
continuidades y rupturas. Por ello, el hablar de entorno habitable
construido es hablar de un tema tan complejo como la dinámica
misma de la construcción socio - cultural. Ante ello,
Iglesia (13) vuelve a proponer al lugar (considerado como la
unidad espacial elemental del territorio), para ser la unidad
conceptual básica del estudio el espacio habitado. Ello
sugiere una rica indagación en el tema específico
del lugar, pero, desde luego, con las nuevas perspectivas aportadas
desde el campo de las humanidades.
Conclusión:
Hasta aquí,
pareciera que el discurso construido desde las humanidades antepone
al ser humano y sus modos de habitar por encima del hacer proyectual
y constructivo, con la capacidad de modificar intuitivamente
lo que no le satisface. Es decir, que las necesidades del modo
habitar están por encima del objeto habitable. Haber
comprendido esto me ha posibilitado, a demás de conocer
con más profundidad la complejidad del tema, tomar una
distancia crítica sobre el hacer proyectual.
Empero,
aún ninguna de las explicaciones anteriores termina por
satisfacerme claramente ante el cuestionamiento de ¿cómo
se prefigura el objeto habitable en respuesta al modo de habitar?,
ni ¿cuál es su participación en el proceso
de producción proyectual arquitectónica, para
construir el objeto cuya espacialidad habitable este en correlación
con el modo de habitar?
Ello es
lo que me da pie para la indagación de tesis de maestría,
en el campo de diseño arquitectónico, sobre la
determinación del modo de habitar en el proceso proyectual
del objeto habitable construido (urbano y/o arquitectónico)
por su relación con el modo de habitar (colectivo e individual)
del hombre.
Sin duda
no ha habido mejor base y complemento para el tema que lo aportado
desde el campo de las humanidades.
Arq.
Erika Enciso S. 
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Referencias y bibliografía:
1.- Maurice
Merleau-Ponty (1908-1961), filósofo existencialista francés,
cuyos estudios fenomenológicos sobre el papel del cuerpo
en la percepción y la sociedad abrieron un nuevo campo
a la investigación filosófica. Merleau-Ponty nació
en Rochefort el 14 de marzo de 1908. Enseñó en la
Universidad de Lyon, en la Sorbona y después de 1952, en
el Collège de France. El primer trabajo importante de Merleau-Ponty
fue La estructura del comportamiento (1942), una crítica
al conductismo. Su obra fundamental Fenomenología de la
percepción (1945), es un estudio detallado de la percepción
con influencias de la fenomenología del filósofo
alemán Edmund Husserl y de la psicología de la Gestalt.
En este libro mantiene que la ciencia presupone una relación
de percepciones original y única con el mundo que no se
puede explicar ni describir en términos científicos.
Este libro puede considerarse una crítica al cognitivismo
-la idea de que el trabajo de la mente humana puede ser entendido,
estructurado en términos de reglas o programas-. Es también
una crítica contundente al existencialismo de su contemporáneo
Jean-Paul Sartre, al mostrar que la libertad del hombre nunca
es absoluta, como afirmaba Sartre, sino que está limitada
por nuestro propio cuerpo y el de los demás. Enciclopedia
Microsoft® Encarta® 2002. © 1993-2001 Microsoft Corporation.
2.- Cassirer,
Ernest. El mito del Estado. Ed. Fondo de Cultura Económica.
México, 1985.
3.- E.J. Iglesia. Vivir y habitar. El habitar. II Congreso Internacional
ámbito latinoamericano. Buenos Aires, 1999.
4.- Norberg-Schulz. Existencia, espacio y arquitectura. Ed.
GG. Barcelona, 1975.
5.- Heidegger, Martin. "Construir, habitar y pensar."
Conferencias y artículos. Barcelona, 1944.
6.- E.J. Iglesia. Op. Cit. P.70.
7 .- Hierro, Miguel. "La idea del habitar". Ensayo
elaborado para el Taller de Investigación: La experiencia
del espacio, la habitabilidad y el diseño., inscrito
en el Programa de Maestría y Doctorado, de la Facultad
de Arquitectura, UNAM. México, 2001.
8.- E.J. Iglesia. Op. Cit. p.35.
9.- E.J. Iglesia. Op. Cit. p.37.
10.- Hierro, Miguel. Op. Cit. p. 2.
11.- Hartmann, Nicolai. Estética."Estratos de la
arquitectura y acerca del trasfondo que aparece en la arquitectura."
Pp.147-155, 249-258.
12.- Worringer, W. Naturaleza y abstracción. México.
Ed. FCE., 1906.
13.- E.J. Iglesia. Op. Cit. p.35.