Cuando
se representa arquitectura se establecen dos procesos de comunicación
sucesivos: La percepción visual inicial es traducida a un lenguaje
gráfico que, a su vez, produce una evocación de la arquitectura
representada en el observador del dibujo. Para que todo este proceso
de emisión y recepción de imágenes llegue a buen
fin, es absolutamente necesario realizar un ejercicio de interpretación.
El profesor Seguí (1) define la interpretación como la
situación en la cual un entendimiento recibe un mensaje de otro,
a través de la forma representativa que es la configuración
expresiva. La interpretación, es pues, la función que
permite la comunicación, es decir, no puede existir comunicación
si no existe una interpretación. Según Heidegger (2),
en su carácter de proyección, el comprender constituye
el ver. Al desarrollo de comprender lo llamamos interpretación.
La interpretación se funda en el comprender y no al revés
lo que demuestra la intrínseca relación entre conceptos
como comunicación, transmisión, interpretación
y comprensión. Comprender es analizar; lo que implica descomponer;
al descomponer se adjudican significados intencionales a las partes
y esto no es ni más ni menos que interpretar el proceso desencadenante
desde el origen o la génesis hasta la obra finalizada.
Tal y como propone Jencks (3), para analizar la arquitectura es conveniente
acudir a las características esenciales que contiene y que ya
preconizaba Vitruvio, es decir, la forma, la función y la técnica
de forma que sea posible realizar por separado el análisis de
cada una de ellas. E puede entender como "forma" el color,
la textura, el espacio, el ritmo, etc.; como "función"
el propósito, el uso, las connotaciones del pasado, el estilo,
etc. ; y como "técnica" la estructura, los materiales,
los servicios mecánicos, etc.
Gillo Dorfles (4) admite que es normalmente posible entrever un nexo
bastante claro entre las configuraciones arquitectónicas y su
"significado". En consecuencia, la significación arquitectónica
será más de un orden simbólico y esto queda demostrado
cuando un elemento sin valor estático o funcional resulta visualmente
necesario para conseguir su eficacia simbólica. Por este motivo
Gillo Dolfles propone un análisis del significado arquitectónico
funcional de los elementos o partes que componen un edificio y por otro
lado un análisis de los significados simbólicos de estas
partes en el caso de que los tuvieran.
Sin embargo, estos autores dejan de tener en cuenta un tercer factor
en el análisis de una arquitectura: su poética. Arquitectura
poética, según Franco Fonatti (5) es aquella que crea
una nueva composición al relacionar formas y contenidos de una
manera nueva e inusual al contraponer y mezclar formas, al establecer
y transgredir normas y al hecho de dar a todo ello un significado o
hacer que surja por sí mismo. Esta poesía es la que hace
posible comunicar las imágenes de una manera nueva, hasta el
punto de que la imagen aparece como mensaje aunque el significado no
resulte claro de inmediato. Lo poético es una comunicación
en clave que, debido a su complejidad, va más allá del
objeto puramente material e instrumental. El análisis de la obra
arquitectónica al que se referían Jenks y Gillo Dolfles,
está orientado a un fin consecuente y preciso, mientras que lo
poético expresa la búsqueda de la totalidad. Podríamos
decir que no hay verdadera arquitectura sin poesía. Franco Fonatti
asegura que la poesía es el erotismo de la arquitectura. La poesía
tal vez sea ese algo aparentemente superfluo que, de una manera simbólica
y en clave, establece una relación entre el mundo interior del
creador y el mundo exterior del receptor.
Esto también sucede en el caso de la interpretación de
un dibujo. El profesor Manuel Baquero Briz (6), en su conferencia "Reflexiones
sobre el dibujo: desde la idea a la construcción", expuso
que a partir de los dibujos de arquitectura, a menudo se puede identificar
claramente la génesis de un proyecto. La idea básica deja
su rastro sobre el papel y rara es la vez en que las subsiguientes fases
de elaboración no queden visibles a modo de capas superpuestas.
Se trata de correlacionar la forma, el contenido y la percepción
como señala Jencks e integrarlos dentro de una interpretación
total a través de un lenguaje gráfico. Esta afirmación
llevada a la práctica plantea ciertos problemas dada la ambigüedad
de la relación entre los medios de expresión y los contenidos
arquitectónicos a pesar de la inevitable asociación del
discurso de los dibujos y el discurso de las ideas.
Conocidos los signos del mensaje gráfico (los trazos, las líneas,
las manchas sombreadas o de color...) y las claves convencionales que
rigen universalmente su utilización (sistemas de representación
codificados y normativa) es posible comprender e interpretar el dibujo
de arquitectura. Sin embargo, a estos convencionalismos cabría
añadir la semejanza como relación entre el dibujo y lo
que representa. En este caso el dibujo no muestra solamente el objeto
representado: expone asimismo su propio modelo de representación
tal y como afirman Boudon y Pousin (11).
Por otro lado se hace necesario tomar en consideración las intencionalidades
del autor. Entramos aquí en un mundo mucho más ambiguo,
donde las claves no son únicas ni se descifran siempre del mismo
modo. ¿Cómo se manifiestan las intencionalidades en un
dibujo?: mediante los sistemas de presentación empleados, a través
de los cuales es posible transmitir sentimientos, estados de ánimo,
ideas abstractas, poética, subjetividades en definitiva, que
provienen de la propia personalidad del emisor del mensaje. Esta idea
queda perfectamente resumida en las palabras del profesor Manuel Baquero
(12): Un dibujo arquitectónico nunca puede ser una exhibición
caligráfica ni un objeto expresivo que acabe en sí mismo,
aunque siempre entendemos el dibujo de la arquitectura como un indicativo
de intenciones y contenidos, no solamente como un código directamente
entendido, sino como transmisor de una poética e incluso de unos
métodos que traspasen la pura descripción física.
Esta presentación de los dibujos a la que el profesor Seguí
denomina "modalidad declarativa o presentativa" del dibujo
demuestran la intencionalidad del que los realiza. El "estilo"
al que se refiere Robert Stern (13) es lo que habitualmente se denomina
estilo gráfico o grafismo donde intervienen diferentes factores
formales como son las variables gráficas y los sistemas de representación
empleados. La elección de este último, su aplicación
o el orden de aparición afecta en sí a la naturaleza de
la información que genera, es decir, contiene una carga intencional
que será descifrada e interpretada por el lector del dibujo.
Cuando se estudian los dibujos de un determinado arquitecto, encontramos
que el uso de un sistema de representación determinado nos da
la respuesta (no universal, por supuesto), de sus claves arquitectónicas.
Lo que actualmente entendemos por planos de proyecto de arquitectura
son representaciones diédricas capaces de describir todos y cada
uno de los aspectos de una arquitectura, desde los constructivos y funcionales
hasta su propia composición formal. Se trata de un sistema totalmente
objetivo. Estos planos se caracterizan por su interés descriptivo
y analítico. Sin embargo, incluso dentro del uso del sistema
diédrico se puede manifestar una intencionalidad en la presentación.
No debemos olvidar que en estos sistemas de representación la
relación entre objeto y dibujo es una relación de "semejanza"
y debe ajustarse a las estructuras perceptivas, tal y como indica J.
Berger (14). Cuando se emplean perspectivas rápidas e intuitivas
al principio de la fase del croquis suelen corresponderse con proyectos
volumétricamente más expresionistas donde se valoran los
aspectos visuales o perceptivos del edificio, mientras que el empleo
de las axonometrías buscaría más rotundidad geométrica
exterior y una valoración explícita de esas masas exteriores
(15). Otro de los factores que interviene en la presentación
de un dibujo y por tanto es una herramienta de uso habitual para transmitir
intencionalidades es lo que se ha dado en denominar las variables gráficas
(Jorge Sainz) o soporte visual (Bruno Munari) o elementos del diseño
(Scott VanDyke). Estos elementos gráficos o signos (la línea,
la textura, el color, la luz y la sombra) sensibilizan el dibujo. Sensibilizar
equivale a dar una característica gráfica por la cual
el signo se desmaterializa como signo vulgar, común y asume una
personalidad propia. Las líneas o trazos son los elementos primarios,
que encadenados en una serie, producen una forma. ¿Pero cómo
se sensibiliza una línea?. Utilizando los tres aspectos (control
cualidad y variación) que jerarquizan la intencionalidad de la
representación, hasta alcanzar en muchos casos la categoría
de símbolo. Scott VanDike habla de la "línea expresiva"
afirmando que las variaciones de dirección, peso, ángulo,
etc. de una línea a menudo se utilizan para sugerir diversas
emociones y significados: por ejemplo, las líneas rectas verticales
y marcadas sugieren fuerza, mientras que las líneas ondulantes
horizontales y delgadas insinúan calma y serenidad.
La gradación cromática, la luminosidad y la textura suelen
ser herramientas que se emplean como razón de "semejanza"
para acercarnos a la realidad arquitectónica del referente pero
también ayudan a dar un valor expresivo al dibujo, utilizando
una retórica poética; por ejemplo, un dibujo de líneas
a lápiz, da una información objetiva sin intentar adjetivar
el hecho arquitectónico representado, sin embargo, si aparecen
las texturas y las sombras, estaremos enfatizando los volúmenes
y el movimiento del referente, es decir, estamos marcando las masas;
sin embargo, cuando la línea está sola y además
está realizada a tinta, la arquitectura dibujada pierde compacidad
y rotundidad para convertirse en delimitaciones precisas, limpias y
frágiles que definen volúmenes arquitectónicos
más etéreos.
Todos estos factores de "presentación" que constituyen
el grafismo en un dibujo, son os que ayudan al autor a transmitir sus
intencionalidades. Es por ello que el grafismo no debe estar encorsetado
basándose en argumentaciones tales como la comunicación
universal y la necesidad de la codificación.
El uso de las variables gráficas, de la adecuada elección
del sistema de representación y de la presentación misma
del dibujo provocan la interpretación pretendida del mismo y
por ello estas herramientas colaboran en la correcta transmisión
del mensaje con todos sus aditamentos tanto objetivos como subjetivos,
es decir, las presentaciones propias de los dibujos cargadas de mensajes
subliminales ayudan a la comprensión de la representación
gráfica y del mensaje emitido provocando la interpretación
y evocación de la arquitectura representada.
Dra. Concepción
López González 
___________________
NOTAS:
1- J. SEGUI, "La interpretación de la obra
de arte. Introducción a la interpretación y el análisis
de la forma arquitectónica". Ed. Complutense. Madrid, 1996,
pag. 15
2- HEIDEGGER. "El ser y el tiempo")
3- JENCKS, "El significado en arquitectura". Ed. H. Blume. Madrid,
1975. Pag. 10
4- op. Cit. Pag. 39
5- FONATTI, FRANCO, "Principios elementales de la forma en arquitectura".
Ed. G.G. Barcelona, 1988, pag. 131
6- Conferencia impartida en el Seminario sobre Fundamentos Gráficos
para la Expresión de la Arquitectura, realizado en Valencia (1995)
7- FERRATER MORA, JOSE "Indagaciones sobre el lenguaje" Ed.
Alianza. Madrid, 1970, pag. 20
8- PANOFSKY "El significado en las artes visuales" . Ed. Alianza
Forma. Madrid, 1983
9- MONTES SERRANO, CARLOS "Sobre el concepto de la representación
gráfica". Seminario sobre los Fundamentos Gráficos
para la Expresión arquitectónica, DEGA, Valencia 1995, pag.
3
10- COLQUHOUN, ALAN, "Arquitectura modera y cambio histórico".
Ed. G.G. Barcelona, 1978, pag. 75
11- (BOUDON / POUSIN "El dibujo en la concepción arquitectónica".
Ed. Limusa Noriega. México, 1993. Pag. 16)
12- M. BAQUERO, "Reflexiones sobre el dibujo: desde la idea a la
construcción"
13- ALLEN y OLIVER, "Arte y proceso del dibujo arquitectónico.
Ed. G.G. Barcelona, 1982, pag. 88
14- BERGER, J. "Modos de ver". Ed. G.G., Barcelona, 1974 Los
signos icónicos no tienen las mismas propiedades físicas
del objeto, pero estimulan una estructura perceptiva semejante a la que
estimularía el objeto imitado.
15- De LAPUERTA "El croquis proyecto y arquitectura". Celeste
Ediciones. Madrid, 1997. Pag. 38
|