El espacio abierto
urbano es para las poblaciones citadinas el último reducto
del locus amoenus clásico. El concepto que da origen
a este lugar, se encuentra totalmente perdido en nuestras urbes, sin
embargo comprender sus características y buscar la manera de
hacerlos presentes en proyectos contemporáneos, sin duda nos
llevará a propuestas que garanticen un enriquecimiento de la
vida urbana.
Pero, ¿Cómo aparece la idea del locus amoenus
y qué características tiene? Encontramos este concepto
en diferentes obras literarias. En la tradición clásica
la glorificación del mundo empieza con Homero: la naturaleza
participa de lo divino. En el paisaje placentero tienen su morada
las ninfas o Atena o Ártemis. En el jardín de Alcínoo,
descrito en La Odisea, encontramos las características esenciales
de todo locus amoenus: un prado muy fértil con árboles
frutales productivos todo el año, una fuente o riachuelo, flores
con el agregado de canto de aves y la eterna primavera y el soplo
de la brisa de occidente --que es la misma que sopla en las cumbres
del Olimpo.
En los poetas posteriores, estos motivos del paisaje homérico
se convierten en canónicos y forman un patrimonio estable que
se va a codificar en la retórica. En esta codificación
pierde su carácter vital convirtiéndose en un motivo
meramente ornamental. Antes de que ocurriera esta transformación
es importante resaltar, que en la poesía antigua el paisaje
habitado por los dioses no difería en absoluto del ocupado
por los humanos. Lo que mas valoraban los poetas griegos del paisaje
placentero era ante todo la sombra, el sonido de una fuente y una
alfombra florida donde se sientan los enamorados a quienes canta el
poeta. Estos temas de la poesía bucólica se repitieron
durante dos milenios siendo desde luego Virgilio el que llevó
la poesía pastoril y el tema del locus amoenus a su
forma más acabada.
Amoenus -ameno, agradable, placentero- es el adjetivo que
Virgilio aplica permanentemente a la naturaleza hermosa. Algunos autores
hacen derivar la palabra de amor, los "lugares amenos" sirven
para el amor y específicamente en la poesía bucólica
están excluidos de todo fin utilitario.
Es a partir de Ovidio y sus epígonos que las descripciones
del locus amoenus se convierten en ejercicios de virtuosismo
en el que los poetas compiten por superarse en la proliferación
de elementos, hasta constituirse en una descripción técnica
despojada de toda vitalidad. En Ovidio aparece la pérdida de
la unidad entre lo divino y lo humano para convertirse en una mera
riqueza de la representación. Esta unidad vital es rescatada
solo hasta el renacimiento particularmente en el Polifilo al que me
referiré mas adelante.
La imagen del locus amoenus por excelencia nos remite, por
supuesto, al paraíso terrenal. Conocemos, sin embargo, diferentes
variantes de este símbolo. Existe en la tradición protestante
(1) la idea que sostiene que el paraíso terrenal, es decir
el jardín de las delicias, era la tierra entera que proveía
sin que los humanos tuvieran que cansarse y por ello eran poseedores
de la felicidad perpetua. Entonces, la expulsión no fue tanto
de un lugar como de un estado, la forma de concebir el lugar cambió
y en esa medida se modificó el espacio. Si esto es así,
el humano puede reconstituir ese estado por medio de la rememoración
y así construir el locus amoenus. Este sería
entonces una forma de vida, una actitud ante la vida que puede ser
propiciada por un espacio abierto que evoque y transporte a quien
lo viva a ese estado de ánimo que no es otro que el antiguo
ideal griego de naturaleza, cuya desaparición ya ha denunciado
Assunto (2).
Durante toda la edad media cristiana se incorpora el locus amoenus
como requisito poético sobre todo en las descripciones
del paraíso terrenal que es un lugar ideal del que el hombre
esta expulsado y donde la unidad entre dioses y humanos no existe.
En general, en este periodo este lugar es una rosa y como tal perecedera,
por ello estos autores nos remiten a la rosa del cielo, un lugar fuera
de este mundo.
En la épica medieval se utiliza el paisaje como escenario de
la acción, por ejemplo en la Canción de Roldán
aparecen árboles y colinas en las escenas de lucha. También
tiene lugar un concejo militar "bajo un laurel" acompañado
de la fuente, el arroyo y el prado que lo revelan como un locus
amoenus. Va a ser la novela cortesana la que restaura el lugar
central del locus amoenus, desde Parsifal, criado en un bosque y en
el Cantar de mío Cid, donde el suceso central de la afrenta
de sus hijas ocurre en un "vergel con una limpia fuente".
Es sobre todo en el Roman de la Rose de Guillaume de Lorris donde
el locus amoenus ocupa el lugar central; es en el jardín
cerrado- hortus conclusus- donde ocurre tanto el acceso del
personaje a la orden de caballería como su enamoramiento y
la conquista de la dama.
El giro fundamental que da "El sueño de Polifilo"
(Hypnerotomachia Poliphilli, Venecia, 1499), atribuido a Francesco
Colonna, es la identidad en la transformación y evolución
del personaje y la transformación y evolución del
locus amoenus que ocurren en paralelo. El libro en su conjunto
es el trayecto iniciático de Polifilo cuya finalidad es conseguir
la sabiduría, simbolizada por el amor de Polia. (De hecho Polifilo
quiere decir "enamorado de Polia")
Conforme va avanzando el texto los loci amoeni van siendo
cada vez mas elaborados, la mano del hombre es más notoria
y al mismo tiempo va aumentando la elevación del personaje,
representada como una aumento de la devoción tanto a su amada
Polia como hacia la tierra. Las transiciones de un momento de esa
ascensión son notorias al irse produciendo un lugar cada vez
más bello, acorde con el aumento de la belleza del alma del
personaje, con ejemplos de mejor arquitectura y mayor calidad en la
naturaleza construida en los jardines. Las descripciones de estos
elementos produjeron la influencia decisiva de este texto en la tratadística
arquitectónica posterior y de manera esencial en la escuela
italiana de jardinería.
Quisiera destacar dos aspectos centrales del Polifilo. El primero
se refiere al jeroglífico sobre un puente que aparece en el
capítulo siete. Tiene un anillo (semper), un delfín
(festina) y un ancla (tarde): Semper festina tarde:
"Apresurate siempre lentamente". Se suma a este motivo la
aparición de cinco ninfas que representan los sentidos. El
despertar de los sentidos es la forma de alcanzar el Palacio de Eleuterílida
la reina que representa el libre albedrío. El apresurarse lentamente,
la apertura de los sentidos y la posesión de la libertad son
los elementos que hacen posible que Polifilo acceda a la sabiduría
o lo que es lo mismo al amor de Polia, finalidad de toda la historia.
Las ninfas, -sus sentidos- le recomiendan entonces: "Pon en fuga
cualquier aflictiva tristeza y rehaz tu ánimo alegrándote
con nosotras y, desechado todo temor, entrégate al placer"
(3).
El segundo aspecto es que habiendo conseguido la sabiduría,
el camino ya esta abierto. Esto se prueba con su buena decisión
de continuar el camino por la puerta "Madre del Amor" desechando
las otras dos, "Gloria de Dios" y "Gloria Mundana".
De esta forma es conducido a la Isla de Citerea , un jardín
muy elaborado con la codiciada "Fuente de la Vida" en el
centro. El encuentro consigo mismo propiciado por el locus amoenus
es la única posibilidad de llegar a la fuente de la verdadera
vida que significa eclosión de la misma y la inserción
del personaje en ella.
El jardín de las delicias es la obra del humano que reproduce
la naturaleza para demostrar que ha dominado sus secretos.
En el fondo pues, el locus amoenus es la expresión visible
del humano que posee un infinito de riquezas interiores. Es una solución
de continuidad con respecto a la vida cotidiana.
Dejando al Polifilo
y acercándonos en un enorme salto que por su sola temporalidad
explica los profundos cambios, el espacio abierto urbano que hoy es
el más cercano a la mayoría de las personas, dista profundamente
de los conceptos que hemos mencionado. Su interés se centra
en su oferta de actividades, en su uso objetual y en hacer extensivo
el movimiento incesante de la ciudad. Vemos en nuestras ciudades parques
y jardines públicos repletos de "máquinas para
divertirse", rentados para negocios. Su situación contextual
los presiona, los aniquila, sin embargo surgen hoy opciones alternativas
como el ecoturismo urbano, que rescata los valores naturales de los
emplazamientos que alrededor de la mancha urbana. La propuesta es
entonces incluir en estos nuevos proyectos los valores del locus
amoenus y por supuesto, no me refiero literalmente a los elementos
que lo conforman, sino a las posibilidades de enriquecer la apertura
de los sentidos, de invitar una fresca brisa, de apresurarse lentamente
y de proveer las condiciones para colaborar a que en ellos el hombre
pueda encontrar en sí mismo el paraíso terrenal.
Quiero finalizar con estas palabras de Assunto profundo estudioso
del jardín: "En el goce estético del jardín
el hombre hace infinita en sí mismo como ser pensante su propia
finitud de mero viviente".
M.
en Arq. Amaya Larrucea Garritz
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* Ponencia presentada
en el 2° Coloquio Nacional de Teoría de la Arquitectura,
Facultad de Arquitectura, UNAM, 2006
NOTAS:
1.- Vadian y Goropius:
Goropius. "Origines antwerpianae. Amberes, 1569
2.- Asunto, Rosario. Ontología y teleología del jardín.
Tecnos, Madrid, 1991.
3.- Colonna, Francesco, El sueño de Polifilo. Traducción
de Pilar Pedraza. Comisión de Cultura del Colegio de Aparejadores
y Arquitectos Técnicos. Murcia, 1981. p.p. 70