Arquitectura   y   Humanidades

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Recomendaciones para la presentación de artículos y/o ensayos.


  Idea y sentido de la arquitectura
Reseña de libro "Arquitectónica", de José Ricardo Morales;
Biblioteca Nueva, Colección Metrópolis, Madrid, 1999, 222 p.

Dr. Roberto Goycoolea Prado   correo electrónico

Los vencedores de la Guerra Civil española difícilmente pudieron imaginar el alcance cultural que llegaría a tener su intolerante actitud ante la disidencia ideológica, especialmente en Latinoamérica. En conjunto y con independencia de las tragedias personales, la llegada de los exiliados republicanos fue un hecho tan significativo para los países que los recibieron, que resulta imposible comprender el proceso científico y artístico latinoamericano del siglo XX sin considerar sus aportaciones. Pero, a la vez, tampoco parece posible tener una imagen completa de la España de la época olvidando lo que sus científicos, intelectuales y artistas realizaron fuera de la península. Por ello es preocupante que el exilio americano sea tan poco conocido (y reconocido) en España fuera de círculos académicos concretos. En nuestra disciplina, por ejemplo, se ha difundido y estudiado de manera sistemática la obra de algunas figuras señeras (Sert, Bonet, Candela...), pero se ha prestado poca atención al resto los arquitectos exiliados, pese a tener obras no menos significativas (1). Pero si la preocupación por la obra construida es exigua, el desconocimiento de las aportaciones de estos exiliados a la enseñanza y teoría de la arquitectura es mayor aún.

En este panorama, cabe congratular a la editorial Biblioteca Nueva por la primera edición española de Arquitectónica (2). Además de la propia significación del ensayo, con la recuperación de este texto se contribuye a una mayor comprensión de la empresa arquitectónica realizada por los españoles en Latinoamérica y se distingue la interesante aportación a la teoría y enseñanza de la arquitectura del filósofo y dramaturgo malagueño José Ricardo Morales, del que hasta ahora en España sólo se habían editado algunos ensayos y parte de su extensa obra dramática.

La aventura arquitectónica de José Ricardo Morales

Nacido en Málaga y licenciado en Filosofía y Letra por la Universidad de Valencia, donde llegó a ser Director de Cultura de la Federación Universitaria de Estudiantes y encargado del Teatro El Búho, dirigido por Max Aub, J. R. Morales fue deportado a Chile, donde aún reside y continúa su labor intelectual. Su primera contribución a la vida cultural del país de acogida fue la fundación del Teatro Experimental de la Universidad de Chile, hoy Teatro Nacional, en el que dirigió, entre otras, su primera obra estrenada. Esta feliz iniciativa señala el inicio de una amplia producción dramática -más de treinta obras estrenadas y publicadas en América y Europa- y filosófica -en la que destacan Al pie de la letra (1978), La Imagen (García Verdugo, 1983), Españoladas (Fundamentos, 1986), Mimesis dramática (1992), Estilo, pintura y palabra (Cátedra, 1994)-. Reconocimientos no han faltado por estos trabajos: la editorial Anthropos le dedicó los números 35 y 133 de su revista homónima, Premio del PEN Club de Chile (1970), Premio García Lorca (1990), Miembro de Número de la Academia Chilena de la Lengua, Premio a la Creatividad (U. de Valencia).

Su incursión en la arquitectura se produce desde la historiografía del arte y por aproximaciones sucesivas. En 1946 se ocupa del curso Historia del Arte de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Chile y más tarde de los de Teoría e Historia de la Arquitectura de esa Facultad y de la Universidad Católica. Su compenetración con la profesión continuará imparable y fructífera: Director del Instituto de Teoría e Historia de la Arquitectura de la Universidad de Chile, Representante de Chile en los Congresos de Arquitectos y Técnicos de los Monumentos Históricos de la UNESCO (París 1957) y Unión Internacional de Arquitectos (Londres 1961), Miembro Honorario el Colegio de Arquitectos (1963). Desde estas cátedras y foros, el profesor Morales ha realizado una amplia y cautivante reflexión sobre la arquitectura, que gracias a su formación se cristaliza en una mirada esclarecedora de la historia y el hacer arquitectónico.

Como todo currículo, esta breve reseña biográfica no recoge la valía cualitativa de lo enumerado, pero permite entender el enfoque humanista y la dimensión filosófica de las reflexiones propuestas en Arquitectónica.

Arquitectónica o el arte de pensar la arquitectura

No es una coincidencia que desde los grandes sistemas filosóficos griegos a las estructuradas deconstrucciones contemporáneas, filosofía y arquitectura hayan estado mucho más ligadas que de lo que las actuales divisiones académicas reflejan.

Frente a la escasa presencia de la especulación filosófica en las Escuelas de Arquitectura y de la arquitectura en las Facultades de Filosofía, la historia del pensamiento occidental muestra una preocupación constante de los filósofos por lo arquitectónico. Centrándonos en casos conocidos, Platón y Aristóteles describieron sendas ciudades ideales; Isidoro de Sevilla dedicó parte de sus Etimologías a definiciones de arquitectura; Campanella, Descartes, Leibniz, Berkeley, entre otros pensadores modernos, reflexionaron sobre el sentido y cualidades de la disciplina; Hegel escribió un tratado de estética que inicia la visión espacialista de la arquitectura; Adorno, Benjamín, Bollnow... y, en los últimos años postmodernos como Derrida, Deleuze, Virilo... han tenido y tienen en la ciudad y su arquitectura un asiduo objeto de atención.

Es en esta fructífera tradición de filósofos que meditan sobre el ser y el hacer de la arquitectura donde se encuadran las reflexiones recogidas en el libro reseñado. Para J. R. Morales, la base de la relación entre estas dos disciplinas con objetos de estudios opuestos (la filosofía tiene su razón de ser en el estudio de la sophia, de las entidades mentales inmateriales y abstractas; en cambio la arquitectura detenta en la tectónica, en la construcción material de objetos concretos, el fundamento de su quehacer) se encuentra en la Arquitectónica. Término de origen griego utilizado por Aristóteles para referirse al arte de construir, a la capacidad de subordinar los medios al fin y el fin menos importante al más importante. En este sentido, aunque con "materiales" distintos, filósofos y arquitectos tendrían en común el "hacer" arquitectónico, un pensamiento constructivo y operativo. Esta preocupación estructural explicaría el constante interés de los filósofos por la arquitectura y de los arquitectos por encontrar en la filosofía un fundamento a su quehacer.

Ahora bien, comenta nuestro autor, si lo arquitectónico -tanto en arquitectura como en filosofía- supone principalmente un hacer, "su auténtica comprensión requiere establecer previamente cuáles fueron las condiciones de semejantes acciones especializadas". No se refiere con ello el autor a las determinaciones geográficas, técnicas o económicas de las obras, sino a sus condiciones en cuanto hacer humano. El ser humano, "no la suma de obras hechas", es el fundamento del ser y el hacer arquitectónico, porque "el hombre, que debe crear un orden arquitectónico para establecer y entender el mundo, se ordena, a su vez, en ello". La definición del proceso creador de orden constituiría la preocupación ontológica común al filósofo y al arquitecto. Preocupación que en Arquitectónica se resume en una pregunta, que de explícita parece obvia, pero que incluso la aproximación a ella -y no digamos su respuesta- entraña inadvertidas dificultades intelectuales: "¿Qué hace el hombre al hacer arquitectura y qué hace del hombre la arquitectura?"

Para responder a esta pregunta, Arquitectónica se divide en tres secciones diferenciadas:

La primera recoge las comunicaciones transmitidas en el curso Filosofía de la Historia del Arte de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Chile entre 1946 y 1960 y consiste en un análisis crítico de las principales Tendencias de la historia del arte y la arquitectura en Occidente desde el siglo XVIII hasta la formulación de las ontologías regionales a fines del siglo XIX. Mediante una exposición concisa de las aportaciones y limitaciones de estas tendencias, el profesor Morales muestra que la visión positivista de la naturaleza y el arte, sumado al intento de universalizar sus conclusiones, llevó a la "cosificación" de las obras artísticas, "aceptándolas tan sólo en la medida en que sirven a la intemporal noción de estilo expuesta por categorías" y a olvidar que el hacer de la arquitectura está ligado substancialmente a las epistemologías que sustentan las maneras particulares de entenderlo en los diferentes períodos históricos.

El segundo apartado, Teoría y Teorías de la arquitectura, transcribe un ciclo de conferencias impartido en el Colegio de Arquitectos de Chile en 1960. Comienza analizando el concepto de teoría y su papel fundamental en la comprensión de la arquitectura: "El todo de la arquitectura no debe entenderse por la suma de las posiciones interpretativas existentes, sino que tiene que fundamentarse a partir de ciertas unidades de sentido, cosa radicalmente distinta de aquello que representa un conjunto de tendencias heterogéneas o inconciliables". Partiendo de estas definiciones se examinan las principales teorías de la arquitectura (forma, función, espacio), poniendo de manifiesto tanto su razón de ser y oportunidad histórica, así como sus insuficiencias explicativas.

El título de la conferencia que constituye el núcleo de los temas tratados en la última sección del libro, El hombre y la idea de arquitectura (Universidad de Concepción, 1962), resume con precisión su orientación y contenido. Primero se expone una lúcida disquisición sobre el espinoso tema del papel de la teoría y la crítica en la práctica de la profesión; luego se repasa la relación existente entre arquitectura, técnica y arte; y finalmente, partiendo de la definición y etimología de una serie de conceptos que de usados parecen obvios pero que no lo son en absoluto (habitar, hábitat, técnica, arte...), el autor postula su propia teoría de la arquitectura, resumida en la consideración del hombre como un ser arquitectónico: "El hombre, que debe crear un orden arquitectónico para establecerse y entender el mundo, se ordena, a su vez, en ello. De ahí que la consideración aclaradora y situante nunca pueda omitirse en las labores arquitectónicas, especialmente en las que atañen a la acción de poblar. Por ello no debe perderse de vista que en la humanización del hombre, o ser con los demás, ha de hacerse presente la hominización o plenitud del ser consigo".

Oportunidad y actualidad de Arquitectónica.

Vivimos momentos en que la crítica y difusión de la arquitectura acentúa hasta cotas insospechadas dos fenómenos propios de la modernidad: la equiparación del objeto con su imagen y la especialización del conocimiento. Escasos son los autores que intentan hoy una síntesis que vaya más allá de la clasificación taxonómica de hechos arquitectónicos hilvanados con mayor o menor habilidad. Así, centrada en una explicación fragmentada, incompleta y, generalmente, partidista de la realidad, la teoría ha derivado en historia y la crítica en descripción de objetos aislados o en reseñas biográficas. "Nadie interpreta ya la totalidad. Nadie entiende la arquitectura como un todo", se dolía hace poco el maestro madrileño F. J. Sáenz de Oiza.

Arquitectónica se manifiesta aquí como una llamada de atención a la actual fragmentación y especialización en la reflexión disciplinar. Toda "teoría" que intenta explicar la realidad desde un aspecto específico de la arquitectura (forma, función, espacio…) conduciría, necesariamente según José Ricardo Morales, a una interpretación y un hacer "insuficiente". Por ello, intentar un entendimiento ontológico de la arquitectura no es un capricho filosófico sino un camino coherente (quizás, el único) para comprender en su totalidad la idea y el sentido de la arquitectura.

Notas:

(1) A modo de ejemplo. En uno de los libros más voluminosos publicados sobre la Arquitectura española del siglo XX (M. A. Baldellou y A. Capitel Summa Artis XL, Espasa Calpe, Madrid, 1995, 657 p.), el tema de la arquitectura del exilio se desarrolla en menos de una página, y la única obra que se menciona y acompaña con una fotografía es el Pabellón de España en la Exposición de París de 1937 de L. Lacasa y J. L. Sert.
(2) El libro reseñado ha tenido dos ediciones anteriores en Chile: Universidad Católica (1966) y Universidad del Bíobío (1984).

 

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